David Moyes y la incertidumbre en Everton
David Moyes mira al calendario, mira a su vestuario… y ve más interrogantes que certezas. Entre lesiones que se alargan, un plantel corto y un rival herido como Tottenham en el horizonte, el técnico de Everton camina sobre una fina línea entre el optimismo y la preocupación.
La espera que se hace eterna
Moyes no esconde su frustración con la recuperación de uno de sus fichajes, cuyo regreso se ha dilatado mucho más de lo previsto.
«No creo que esperáramos que su recuperación tardara tanto cuando lo fichamos. Estamos deseando aprovechar su experiencia, pero todavía ni siquiera lo hemos tenido sobre el césped», admite el entrenador. «Es decepcionante, para nosotros y para él, pero esperemos que no tarde demasiado».
El mensaje es claro: Everton contaba con él mucho antes. El plan se ha tenido que reescribir sobre la marcha.
Jack Grealish, necesidad de minutos
En el otro extremo del despacho médico aparece un nombre que siempre genera ruido: Jack Grealish. Para Moyes, el atacante necesita algo muy simple: competir.
Grealish, explica el técnico, «es un chico que necesita partidos de fútbol más que entrenamientos», una frase que suena a declaración de intenciones de cara al fin de semana. Podría llegar su primera titularidad desde enero.
Moyes no disimula la expectación: «Será increíblemente emocionante tenerlo en nuestro once inicial. Si nos da lo que nos dio al comienzo de la temporada pasada, estaremos encantados».
Everton no solo busca sumar puntos. Busca también recuperar a un futbolista capaz de cambiarle el pulso a un partido con una sola acción.
Invicto… pero con matices
El arranque de temporada sin derrotas ofrece una base sólida, pero Moyes no se conforma. Hay satisfacción, sí, pero no del todo.
La racha invicta es «agradable en algunos aspectos», reconoce, aunque el técnico admite que «le habría gustado conseguir alguna victoria más en lugar de algún empate por el camino». Pese a ese matiz, no duda en valorar el esfuerzo del vestuario: sus jugadores han hecho «un trabajo realmente bueno».
El mensaje mezcla exigencia y respaldo. El listón está más alto que la simple comodidad de no perder.
Plantilla corta, vestuario unido
Moyes sabe que su grupo es reducido. Y convierte esa carencia en un argumento de identidad. Habla de química, de unión, de un vestuario donde casi todos se sienten imprescindibles.
«Solo hay que mirar la plantilla que ganó la liga con Leicester City para ver cómo su pequeño grupo de jugadores floreció», recuerda. Para él, la clave está en el calendario: «Es la cantidad de partidos lo que te obliga a tener más jugadores, pero este año no tenemos fútbol europeo, así que quizá podamos encontrar la forma de tirar adelante con lo que tenemos».
La realidad, sin embargo, se impone cuando le preguntan qué preferiría. Moyes no se engaña: habría querido «más efectivos» esta temporada. Su cifra ideal: «21 jugadores de campo», frente a los 18 que tiene ahora.
Ese margen de tres futbolistas es, en su cabeza, la diferencia entre respirar y vivir permanentemente al límite.
Mercado de libres y una búsqueda complicada
Con la ventana de fichajes cerrada, Everton mira al mercado de agentes libres. Es una vía, no una solución mágica.
Moyes confirma que el club está explorando esa opción, con la intención de reforzar el plantel. Pero avisa: no se trata de fichar por fichar. Encontrar a alguien «que pueda marcar la diferencia» en la Premier League no es sencillo. Menos aún cuando se trata de jugadores sin contrato, disponibles pero no siempre al nivel competitivo que exige la liga.
La sensación es de búsqueda paciente, casi quirúrgica.
Tottenham, un espejo reciente
El próximo examen llega con el viaje a enfrentarse a Tottenham, un rival que todavía no ha marcado ni ha ganado en liga. Un dato llamativo, pero que en Finch Farm no genera euforia.
Moyes baja cualquier tentación de confianza desmedida con un recuerdo muy concreto: «No hace demasiado tiempo que nosotros estábamos en esas situaciones como club». El técnico rehúye mirar demasiado al estado del rival: «Sabemos que solo podemos ocuparnos de lo nuestro. No terminamos de cruzar la línea allí hace un par de meses, así que esperemos conseguirlo esta vez».
Hay una cuenta pendiente en ese estadio. Y el entrenador la tiene muy presente.
El parón que inquieta
En el horizonte inmediato, otro factor que preocupa a Moyes: el parón internacional de dos semanas. Para un equipo con pocos efectivos, cada viaje con la selección es un pequeño riesgo añadido.
El técnico lo define como «difícil de gestionar para todos». Su temor es claro: «Habrá muchos jugadores que acabarán disputando muchos más minutos que otros y las lesiones podrían ser un problema también».
La ecuación es delicada. «Tenemos que confiar en que nuestros chicos jueguen un poco, pero quizá no todos los partidos», apunta. Suficiente para mantener ritmo, no tanto como para regresar exhaustos o tocados.
Entre la ilusión por ver a Jack Grealish de nuevo en un once titular, la necesidad de sumar victorias y la amenaza silenciosa del calendario, Everton entra en una fase temprana de la temporada donde cada decisión de Moyes pesa un poco más de lo normal. Y con una plantilla tan corta, cualquier error puede costar caro.




