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Nicolas Batum y su segundo acto en los Clippers

Nicolas Batum apagó el interruptor después de 18 temporadas en la NBA. Lo hizo el 21 de septiembre, lejos de los focos de Los Ángeles, sentado en un gimnasio de Pont-l’Évêque, el lugar donde empezó todo. Tenía 37 años, un cuerpo marcado por casi dos décadas al máximo nivel y una certeza: ya era hora.

Su adiós no fue una simple despedida protocolaria. Sonó a cierre de círculo. Y, en el centro de ese círculo, aparecieron dos nombres: Lawrence Frank y Steve Ballmer.

“Gracias por darme una oportunidad hace cuatro años cuando todo estaba muy, muy mal. Me ayudasteis a alargar mi carrera”, dijo Batum. Para los Clippers, esa frase pesa tanto como cualquiera de sus triples desde la esquina.

De Charlotte al reset en Los Ángeles

Cuando Batum aterrizó en Los Ángeles en 2020, llegaba con la etiqueta de jugador en declive. Su etapa con Charlotte Hornets había terminado entre dudas y la sensación de que su mejor versión pertenecía al pasado.

En los Clippers encontró algo más que un contrato. Encontró un reset.

En su primera temporada con el equipo de Tyronn Lue, promedió 8,1 puntos, 4,7 rebotes y 2,2 asistencias, con un 40% en tiros de campo. Números sólidos, pero la historia real estaba en los detalles: su lectura del juego, su defensa capaz de cambiar en varios emparejamientos, su capacidad para pasar y su comodidad sin necesidad de monopolizar el balón.

Se convirtió en una pieza de confianza. Un comodín silencioso.

Ese curso, los Clippers alcanzaron las finales de la Conferencia Oeste de 2021, la primera aparición en la historia de la franquicia a esas alturas de los playoffs. Phoenix cerró la serie en seis partidos, pero para Batum significó algo distinto: demostrarse que todavía podía impactar al más alto nivel.

Y se quedó.

Salvo una breve escala en Philadelphia 76ers durante la temporada 2023-24, Los Ángeles pasó de ser una simple parada a convertirse en su casa en la NBA. Por eso su mensaje de retirada sonó distinto cuando habló de la franquicia angelina: no solo le dieron trabajo al final de su carrera, le ofrecieron una segunda vida deportiva.

Un veterano que seguía siendo útil

Su último curso, 2025-26, no tuvo nada de gira ceremonial.

Batum disputó 74 partidos con los Clippers, con 17,5 minutos de media. Su anotación cayó hasta los 4,0 puntos por noche, pero mantuvo una herramienta de enorme valor en la liga moderna: un 40,4% en triples, con 3,1 intentos por encuentro.

Para un veterano de rol, eso no es relleno. Es producción real.

Los Clippers, sin embargo, decidieron declinar su opción de equipo para la temporada 2026-27. El francés quedó libre. Podía buscar un último contrato, otro vestuario, otro rol reducido. Optó por algo más radical: decir basta tras 18 temporadas.

La decisión, explicó, nació allí donde empezó a botar un balón, en Pont-l’Évêque, sentado junto a su hijo. Quería tiempo. Quería familia. Y, como él mismo dijo, quería “dejar sitio a otros”.

No se marcha del baloncesto, al menos no del todo. Aún no sabe qué papel asumirá, pero dejó claro que su vínculo con el juego seguirá vivo. Simplemente ya no será con una camiseta de la NBA puesta.

Los Clippers, el refugio y el impulso

En su discurso de despedida, Batum recorrió todas sus etapas en la liga. Pero cuando llegó a Los Ángeles, el tono cambió. Se notó.

Nombró a Lawrence Frank. Nombró a Steve Ballmer. Les dio crédito por creer en él cuando su carrera parecía caminar hacia la salida.

“Gracias por creer en mí estos últimos cuatro años”, dijo.

En realidad, sumando sus dos etapas, fueron más de cuatro años. Pero la precisión cronológica era lo de menos. Lo importante era el mensaje.

Batum llegó a los Clippers con la etiqueta de jugador agotado. Salió convertido en uno de los veteranos más fiables de Tyronn Lue, alargando su carrera hasta bien entrada la treintena y cerrando su último partido con el mismo uniforme.

No todos los jugadores tienen un segundo acto. Batum lo encontró en Los Ángeles. Y lo exprimió hasta el final.