Denver Nuggets y la llegada de DeMar DeRozan: ¿Sexto hombre?
Los Denver Nuggets empiezan a oler a temporada. Falta exactamente un mes para que arranquen la campaña 2026-27, y el debut no será cualquier cosa: visita a los Oklahoma City Thunder el 22 de octubre, con Nikola Jokic y Shai Gilgeous-Alexander frente a frente en un duelo que pide etiqueta de clásico inmediato.
El campo de entrenamiento está a una semana. El primer amistoso, a dos. La foto real de estos nuevos Nuggets llegará pronto. Mientras tanto, Denver vive entre interrogantes muy concretas.
DeMar DeRozan, sexto hombre o choque de mundos
La gran pregunta se llama DeMar DeRozan. Seis veces All-Star, 37 años, una carrera que apunta al Hall of Fame y una llegada que intenta tapar las salidas de Tim Hardaway Jr. y Peyton Watson. Sobre el papel, un lujo para una segunda unidad que el año pasado pedía auxilio.
Pero hay un matiz enorme: su rol.
DeRozan no sale desde el banquillo en un partido de temporada regular desde su año rookie, 2009-10. Más de una década y media como titular, como referencia ofensiva, como hombre de balón. Ahora, Denver le necesita como sexto hombre, líder absoluto de la segunda unidad, generador y anotador desde la segunda oleada.
No se duda de su nivel. Dieciséis años de consistencia en la NBA no se sostienen por accidente. Se duda de la adaptación al papel. Aceptar menos focos de inicio para encenderlos cuando Jokic descanse. Dominar contra segundas unidades rivales. Dar pausa, lectura y puntos a un banquillo que, sin él, rozaba el drama.
El encaje táctico parece claro: balón en sus manos, aclarados puntuales, juego en media distancia, lectura para castigar defensas cargadas sobre Jokic y Jamal Murray. El encaje emocional es otra historia. Si DeRozan compra el plan, Denver gana un arma que no tenía. Si no, el experimento puede agrietarse rápido.
Lonnie Walker IV, última ficha o puerta abierta
Más abajo en el guion, pero con impacto real, aparece Lonnie Walker IV. Segundo intento de regreso serio a la NBA tras su paso por la EuroLeague, ahora con un contrato no garantizado por un año y una cuenta atrás hasta la noche inaugural para saber si se queda.
Tiene 27 años y talento claro de rotación NBA. Lo demostró de nuevo en su último tramo en la liga con Philadelphia 76ers al final de la 2024-25: 12,4 puntos, 3,2 rebotes y 2,5 asistencias en 20 partidos. Anota, bota, puede crear su propio tiro. No es un experimento sin base.
La cuestión es otra: ¿vale la pena ocupar con él la última plaza del roster?
En Denver hay voces que prefieren mantener ese hueco libre, flexibilidad para movimientos durante la temporada. Pero la realidad deportiva empuja en la dirección contraria: la rotación exterior reserva, con Tyus Jones y Julian Strawther como teóricos suplentes, no asusta a nadie. Walker tiene argumentos para ser más útil que ambos, sobre todo en términos de agresividad ofensiva y capacidad de desatascar partidos espesos.
Si se gana el sitio en estas semanas, los Nuggets ganan profundidad en el perímetro y una póliza de seguro ante lesiones o bajones de rendimiento. Si no, el mensaje será claro: prioridad absoluta a la flexibilidad por encima del talento inmediato.
La lupa sobre David Adelman
Por encima de todo, la presión real en Denver cae sobre una figura: David Adelman.
El técnico entra en su segunda temporada completa al mando tras asumir el cargo a tres partidos de los playoffs de 2025. Desde entonces, dos intentos y dos golpes duros: eliminación en segunda ronda en 2025, salida sonrojante en primera ronda este año. Para una franquicia que se mide por anillos, no por apariciones en postemporada, eso pesa.
El dato que lo resume es brutal: mejor ataque de la liga el curso pasado… y defensa número 21. Con Jokic y Murray brillando, Denver anota casi contra cualquiera, pero concede demasiado. Y en mayo, eso se paga.
Adelman tiene que encontrar un equilibrio que hasta ahora se le ha escapado. Ajustar esquemas, exigir más atrás, proteger mejor a Jokic en defensa sin vaciarlo en ataque. La llegada de Dave Joerger como nuevo asistente principal apunta justo a ese terreno: identidad defensiva, estructura, disciplina.
Porque por mucho que Jokic sea un genio y Murray un ejecutor de élite, el techo real de estos Nuggets pasa por el banquillo. Hasta ahora, Adelman no ha demostrado que pueda llevarlos hasta un título. Esta temporada se siente distinta: con un veterano como DeRozan entrando en escena, con la incógnita de Walker, con un ataque ya en modo élite, el margen de excusas se reduce.
El calendario ya está marcado. El reloj corre. Y la sensación en Denver es nítida: o Adelman da el salto que le falta, o la próxima gran decisión de la franquicia no será sobre un jugador, sino sobre su entrenador.



