Pakistán se aferra al bronce en críquet femenino: victoria ante Bangladesh
La selección femenina de críquet de Pakistán volvió a subirse al podio en los Juegos Asiáticos, esta vez en Nisshin, Japón, con un bronce que sabe a reivindicación. Victoria por 31 carreras frente a Bangladesh, control del partido en los momentos críticos y una capitana que jugó como tal cuando el marcador amenazaba con desmoronarse.
Resultado final: Pakistán 145/8 - Bangladesh 114/7
Fatima Sana, capitana y ancla en la tormenta
Pakistán no tuvo un inicio cómodo con el bate. Cinco wickets abajo con solo 67 carreras en el marcador dibujaban un escenario peligroso, casi conocido para un equipo que en Hangzhou 2022 se había quedado sin metal precisamente ante Bangladesh en el duelo por el bronce.
Ahí apareció Fatima Sana.
La capitana firmó 45 carreras en apenas 30 bolas, con tres fours y tres sixes que cambiaron el tono del partido. No fue solo la cantidad, fue el momento. Con la entrada tambaleándose, tomó el control del ritmo, eligió bien los golpes y obligó a Bangladesh a retroceder en el campo.
A su lado, Aliya Riaz hizo justo lo que pedía el guion: sostener, rotar el strike, sumar sin estridencias. Sus 25 carreras en 22 bolas no fueron espectaculares, pero sí esenciales. Entre ambas levantaron una sociedad de 67 carreras en 43 entregas que rescató a Pakistán de una situación delicada y llevó el total hasta esas 145 que, sobre el papel, parecían defendibles. En el contexto del partido, fueron oro.
Bola en mano: un inicio demoledor
Con un total decente pero no definitivo, Pakistán necesitaba un arranque feroz en el campo. Lo consiguió.
Umm-e-Hani y Tasmia Rubab salieron con una claridad de ideas impecable: atacar los stumps, no regalar nada corto, forzar errores tempranos. El marcador de Bangladesh se desplomó hasta 20/3 en los primeros cinco overs. El plan había funcionado.
Umm-e-Hani completó su mejor actuación en internacionales T20: tres wickets por solo 10 carreras en cuatro overs, incluyendo un over en blanco con wicket. Cifras frías, impacto enorme. Cada wicket suyo recortó margen de maniobra a Bangladesh y reforzó la sensación de que el bronce estaba, por fin, al alcance.
La presión inicial marcó el tono. Bangladesh se vio obligada a reconstruir, a jugar contra el reloj y contra un marcador que ya exigía riesgo.
Resistencia de Bangladesh… pero sin remontada
Pese al golpe temprano, Bangladesh no se rindió. Sharmin Akhter aguantó el inning de principio a fin, terminando invicta con 46 carreras en 45 bolas. A su lado, la capitana Nigar Sultana aportó 25. Entre ambas construyeron una asociación de 47 carreras para el cuarto wicket que devolvió algo de tensión al duelo.
Era el tipo de sociedad que podía cambiar el partido si se alargaba unos overs más. No lo hizo.
Pakistán administró bien los recursos, evitó el descontrol en el campo y mantuvo el total de Bangladesh siempre por detrás del ritmo necesario. Cuando Fatima Sana derribó a Ritu Moni, sumó otro wicket a su cuenta en T20 internacionales, elevando su cifra a 31 en 2026 y cerrando cualquier esperanza real de remontada.
Bangladesh terminó en 114/7. Demasiado corta para inquietar de verdad a un equipo paquistaní que ya olía el metal.
Un bronce con historia detrás
Este bronce no llega aislado. Es la tercera medalla del críquet femenino de Pakistán en los Juegos Asiáticos, tras los oros conquistados en 2010 y 2014. Una trayectoria que habla de continuidad en la élite continental, pero también de orgullo herido tras lo ocurrido en 2022, cuando Bangladesh les arrebató el bronce en Hangzhou.
Esta vez el desenlace fue distinto. Camino del podio, Pakistán superó a Tailandia en cuartos de final por tres wickets, cayó con claridad ante Sri Lanka en semifinales —derrota por ocho wickets— y se vio obligada a pelear por el tercer puesto. Lo hizo con oficio, con carácter y con una lectura de partido mucho más madura que en la edición anterior.
En lo más alto del torneo se situó India, campeona con una exhibición aplastante en la final: 216/3 y victoria por 147 carreras ante Sri Lanka, que se quedó en 69. Un listón altísimo en la región.
Pakistán, mientras tanto, se marcha de Nisshin con una medalla, una capitana consolidada y una joven generación que ya sabe lo que es responder bajo presión. La pregunta, inevitable, es cuánto tardará este grupo en volver a pelear, no solo por bronces, sino por recuperar el oro que un día dominó el críquet asiático.



