Patrick Vieira: regreso a casa como seleccionador de Senegal
Patrick Vieira se sentó en Dakar, miró a la sala y no habló como un técnico más en una rueda de prensa de presentación. Habló como alguien que vuelve a casa.
“Ser seleccionador de Senegal es un sueño absoluto”, dijo. No sonó a frase preparada. Sonó a desahogo.
Nacido en Senegal, campeón del mundo y de Europa con Francia, leyenda del Arsenal, figura global… y ahora, por fin, al frente de los Teranga Lions. A sus 50 años, Vieira asume su primer reto en un banquillo de selección y lo define sin rodeos: “una decisión del corazón” y “un honor”.
Un hijo que vuelve
Vieira recordó sus raíces desde el primer minuto. “Nací aquí, mis padres nacieron aquí, y es realmente un regreso a casa”, explicó. El mensaje fue claro: no llega como extranjero ilustre, llega como uno más de los 20 millones de senegaleses que siente que le miran.
Esa cifra la citó él mismo: “Soy consciente de las expectativas de la gente, de los 20 millones de senegaleses. Y sé que con la experiencia y la determinación que tengo, podré llevar este proyecto hasta el final”.
Su trayectoria como entrenador es ya larga: New York City, Nice, Crystal Palace, Strasbourg, Genoa. Experiencias dispares, sin el brillo que tuvo como futbolista, pero que él interpreta como un aprendizaje constante. “Soy un mejor entrenador hoy que en mi última etapa en Genoa, porque esa experiencia me ayudó a crecer y a darme cuenta de ciertas cosas”, apuntó. No se justificó. Se reivindicó.
Una selección que ya no se conforma
Vieira no llega a un gigante dormido. Llega a una selección que ya se ve entre las grandes. Y él lo subrayó: “Hoy, Senegal está entre las grandes naciones del fútbol mundial. Los objetivos de Senegal ya no son los de hace 10 o 15 años”.
Sobran los ejemplos recientes. Campeona de la Africa Cup of Nations 2025 con un 1-0 en la prórroga ante Marruecos en enero, la selección celebró un título histórico… que terminó en los despachos. Una protesta por un penalti en la final, con jugadores y miembros del cuerpo técnico abandonando el campo, acabó con el trofeo siendo entregado a los anfitriones norteafricanos en marzo. El desenlace real lo decidirá el Tribunal de Arbitraje Deportivo.
En el Mundial 2026, el golpe fue de otro tipo: deportivo y cruel. Senegal ganaba 2-0 a Bélgica en el minuto 85 en los octavos de final. Terminó eliminada 3-2 en la prórroga. Un desplome que aún escuece.
Vieira recoge ese legado: una generación fuerte, un estatus nuevo… y una exigencia que ya no permite pasos atrás. “La exigencia de resultados también ha subido. Tenemos que sentar bases sólidas”, advirtió.
No empezar de cero, sino construir
El francés dejó claro que no llega con la idea de arrasar con todo lo anterior. Lo repitió varias veces, casi como una declaración de principios.
“Lo que me importa no es empezar de cero”, explicó. “Se trata de respetar lo que la federación ha construido en los últimos años y edificar la siguiente etapa, abrir un nuevo capítulo”.
Ese “nuevo capítulo” no implica ruptura, sino continuidad con personalidad propia: “Mi trabajo no es derribarlo todo, no es tirarlo todo por la ventana. Se trata de mantener la fuerza de este equipo: su identidad, su unidad, su capacidad para sufrir juntos”.
En lo futbolístico, Vieira quiere una selección con “una estructura muy precisa”, capaz de jugar con “intensidad y agresividad”. Palabras que encajan con su imagen como mediocentro: físico, carácter, liderazgo. Ahora deberá trasladarlo a la banda.
Y lanzó un mensaje al país: “Para que este proyecto funcione, necesitaré a toda la nación unida. Trabajaré con el corazón y el alma para devolver el orgullo al equipo”.
Debut a contrapié: viaje forzado y bajas sensibles
No habrá periodo de adaptación. Nada de amistosos suaves ni concentraciones largas. Vieira entra directamente en la batalla: las eliminatorias para la Africa Cup of Nations 2027.
Seis partidos en el horizonte inmediato: dos en esta ventana internacional, dos en noviembre y otros dos en marzo de 2027. El estreno debía ser en casa, en Dakar, frente a Mozambique el viernes 25 de septiembre. El escenario ideal para un regreso soñado.
No será así. La capital está inmersa en los preparativos de los Juegos Olímpicos de la Juventud 2026 y el partido se ha invertido: Senegal viajará a Mozambique.
“Claro que habría preferido jugar el primer partido aquí en Dakar”, admitió Vieira. “Pero, con la federación, sentimos que la mejor decisión era aplazar el partido y jugar en Mozambique. Son dificultades que vamos a aceptar y gestionar”.
El calendario no es lo único que se le tuerce. La lista llega marcada por ausencias de peso. El veterano guardameta Edouard Mendy, de 34 años, ha colgado los guantes con la selección. Y Sadio Mané, el gran símbolo ofensivo del país, tampoco estará: “un pequeño problema físico”, explicó el técnico.
Los rumores sobre una posible retirada internacional de Mané, también de 34 años, llevaban tiempo flotando. Vieira los frenó: aseguró que, si está en condiciones, “seguro” formará parte de su próxima convocatoria.
Tampoco estarán Krepin Diatta, fuera por encontrarse sin club, ni Ismaila Sarr, aún inédito esta temporada con Crystal Palace entre rumores de traspaso y una lesión en la ingle.
Un técnico golpeado que se niega a bajar la cabeza
La carrera en los banquillos no ha sido amable con Vieira. Salió de Crystal Palace en marzo de 2023 con 22 victorias en 74 partidos en todas las competiciones. En Strasbourg solo estuvo una temporada. En Genoa vivió un contraste brutal: primero salvó al equipo en la Serie A en la campaña 2024-25; después, seis derrotas en nueve jornadas al inicio del curso siguiente le costaron el puesto. Despedido, sin trabajo desde noviembre del año pasado.
No lo esconde. Lo asume. Y lo utiliza. “Siempre he sido alguien que se mantiene positivo”, explicó. “Eso significa que aprendes, y siempre hay cosas positivas que sacar. Dada la experiencia que tengo como entrenador, no tengo ninguna duda sobre mi capacidad para responder a las expectativas de los aficionados”.
El mensaje suena a desafío personal. Como si Senegal fuera, también, su gran oportunidad de reivindicación.
Una bienvenida que lo dice todo
La noche anterior a su presentación, las imágenes hablaron por él. Llegada a Dakar, bandera de Senegal en alto, una multitud en el aeropuerto, manos que se estiran, móviles grabando, sonrisas, cánticos. Un recibimiento caluroso, casi ceremonial.
“No podría haber tenido una acogida más cálida. Vi el entusiasmo de los aficionados y les doy las gracias”, confesó. Y remató con una frase que resume todo lo que significa este paso en su carrera: “Hacerse cargo de esta selección no es solo una nueva etapa en mi carrera: es volver a casa”.
Vieira ya está en el banquillo que siempre pareció escrito para él. Ahora le toca lo más difícil: estar a la altura de un país que ya no se conforma con soñar, sino que exige ganar.




