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Pierre Sage y el desafío en Crystal Palace: un relevo complicado

Pierre Sage llegó a Crystal Palace sabiendo perfectamente dónde se metía. No aterrizó ingenuo en Selhurst Park ni se dejó deslumbrar por el eco reciente de la era más exitosa del club bajo Oliver Glasner. Dos derrotas iniciales ante Everton y Manchester City, dudas en torno a varias figuras de la plantilla campeona de la Conference League y un mercado de fichajes propio del sur de Londres: tarde, agitado y con giros inesperados.

Un relevo complejo en Selhurst Park

El técnico francés asumió el banquillo después de que Glasner se marchara a Nottingham Forest, llevándose con él a Daniel Muñoz. No es un contexto amable para empezar. Encima, el futuro de piezas clave se tambaleaba. Ismaïla Sarr y Jean-Philippe Mateta estuvieron cerca de salir, con Liverpool y Aston Villa al acecho, pero terminaron quedándose. Dos victorias fuera del terreno de juego, aunque con matices.

Palace también se movió: cuatro incorporaciones veraniegas tras perder, en uno de los culebrones del último día de mercado, a Malick Fofana, que eligió Sunderland. Un golpe duro para Sage, que aun así no dramatiza. Respira aliviado porque, al menos, puede dejar atrás el ruido del mercado y centrarse en el césped antes del duelo del sábado ante Fulham.

“Sabía cómo funciona el club y tenía que adaptarme”, explicó el francés cuando le preguntaron por esa costumbre de cerrar operaciones a última hora, una dinámica que ha llevado a Palace a fichar diez jugadores en el último día de los tres últimos veranos. Lo asume con naturalidad: lo importante, insiste, es terminar con el perfil adecuado, no con la fecha perfecta.

El vacío de Lacroix y un plan que se complica

Glasner nunca ocultó su enfado por tener que esperar hasta el límite para ver llegar refuerzos en 2024. Sage no va por ahí. No levanta la voz en público, aunque internamente sí ha dejado claro su malestar por cómo se gestionó la búsqueda de un sustituto de nivel para Maxence Lacroix, traspasado a Chelsea en julio.

Su prioridad estaba clara: Ismaëlo Ganiou, central de 21 años de Lens, pieza clave en el equipo con el que Sage conquistó la Coupe de France y terminó segundo en Ligue 1 la pasada temporada. El perfil perfecto, el jugador que conocía, el líder que necesitaba atrás. Lens se cerró en banda. Ganiou renovó a principios de agosto y el plan se vino abajo.

Palace tuvo que abrir otras carpetas. El acuerdo con Joel Ordóñez, de Club Brugge, se desmoronó al confirmarse que el ecuatoriano sigue recuperándose de una fractura en el pie. Las tentativas por Chrislain Matsima (Augsburg) y Raphaël Le Guen (Brest) también se quedaron en nada. Al final, llegaron Axel Disasi y el joven Honest Ahanor, cedido, para tapar el hueco. Tapar, sí. Pero la gran pregunta persiste: ¿quién manda ahora en esa defensa como lo hacía Lacroix?

Fofana se escapa, llega Osorio

El mismo patrón se repitió en el centro del campo. Mamadou Sangaré, también de Lens, eligió Brentford. Otro objetivo que se esfumó. Sage, lejos de bajar los brazos, se volcó entonces en un viejo conocido: Malick Fofana, al que ya había dirigido en Lyon. El entrenador no se limitó a observar; fue protagonista. Llamadas directas al delantero belga en pleno último día de mercado, presión hasta el final. No bastó.

“Estoy muy orgulloso y contento con lo que hizo el club”, defendió Sage. “Luchamos mucho y a veces no puedes hacer más. El jugador elige”. Y Fofana eligió otro camino.

La respuesta del club fue Dario Osorio, atacante chileno procedente de Midtjylland, cedido con obligación de compra el próximo verano por 26 millones de libras. Un desembolso importante, pero con un matiz táctico: Osorio se mueve sobre todo por la banda derecha. No es exactamente el mismo tipo de pieza que se buscaba cuando se peleaba por Fofana.

Un ataque cargado, una economía contenida

En la zona ofensiva, al menos, Sage no puede quejarse de falta de opciones. Llegaron Dwight McNeil y Evann Guessand —este último fuera de la lista para la Europa League— y Sarr se quedó. Hay pólvora. Otra cosa es cómo la administre.

En el centro del campo, el regreso de Ben Chilwell y la llegada tardía de Quinten Timber suman profundidad. Son movimientos que, internamente, han calmado parte de las inquietudes del técnico. También ayudó la firmeza del club al rechazar ofertas por Adam Wharton. No trascendieron nombres de los clubes que llamaron a la puerta, pero Manchester City y Chelsea figuraban entre los interesados. “El club fue fuerte en esta situación, y el jugador está totalmente alineado con eso”, subrayó Sage.

Todo esto con un dato que explica bien la política de la directiva: tras batir dos veces su récord de traspasos en enero con Jørgen Strand Larsen y Brennan Johnson —este último involucrado en el intercambio con McNeil procedente de Everton—, el balance del verano deja casi 40 millones de libras de beneficio. Solo Aston Villa tuvo un superávit mayor en la división. En los últimos cinco años, Hull y Coventry, desde la Championship, han invertido más que los 90 millones que ha puesto Palace en ese periodo.

“No somos un banco”: la filosofía Sage

Sage no compra el relato del entrenador frustrado y lo explica con una imagen muy personal. Vuelve mentalmente a Belley, en la región de Ain, al restaurante de sus padres.

“No estoy frustrado, no somos un banco”, dijo. “Hacemos con lo que tenemos. Mis padres tenían un restaurante y yo prefería que todos los días hubiera muchos clientes, pero no siempre era así y había que lidiar con eso. En el fútbol es lo mismo.”

Es un mensaje claro: aceptas el contexto, trabajas con lo que hay, no con lo que imaginas. Su discurso encaja con la realidad económica del club, aunque el desafío deportivo se multiplique.

Fulham en el horizonte y un vestuario tocado

El problema inmediato está en la delantera. Sarr y Mateta no estarán ante Fulham. El delantero francés vio cómo se derrumbaba su posibilidad de salir en pleno mercado por culpa de una lesión en el isquiotibial que lo dejará fuera otras tres semanas. Un golpe para el jugador, otro para el plan de Sage.

Con Sarr, la situación es más delicada en lo emocional. El técnico espera recuperarlo para el choque contra Ipswich del próximo sábado, pero avisa: necesita tiempo. El interés de Liverpool le afectó de lleno, hasta el punto de que su agente llegó a publicar un comunicado criticando el trato recibido por el jugador. No es el mejor caldo de cultivo para un inicio de temporada estable.

Entre un mercado que se cierra siempre al límite, un líder defensivo que ya viste de azul en Stamford Bridge y un ataque potente pero incompleto, Sage encara su primer gran examen en Craven Cottage. Ha hecho los deberes, conoce la casa y ha aceptado las reglas del juego.

Ahora le toca demostrar si, con esta plantilla hecha a trompicones, puede escribir un nuevo capítulo en Selhurst Park que no viva solo de la nostalgia de Glasner, sino de su propia huella.

Pierre Sage y el desafío en Crystal Palace: un relevo complicado