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Pochettino y su sueño de volver a la Premier League

Mauricio Pochettino reaparece con la misma calidez de siempre. Abrazos, bromas, anécdotas de verano. Solo que su verano no se pareció en nada al del resto. El argentino acaba de atravesar unas semanas que lo han marcado como entrenador y como figura pública, al frente de la selección de Estados Unidos en “su” Mundial.

Llevó al equipo hasta los octavos de final, donde el sueño se estrelló contra Bélgica. El dato frío es ese. La historia, en realidad, va mucho más allá.

Un Mundial que lo cambió como entrenador

Pochettino lo resume con una frase que repite con convicción: “Somos mucho mejores entrenadores ahora”. Se refiere a él y a su cuerpo técnico, con su inseparable Jesús Pérez a la cabeza. El Mundial le confirmó algo que ya intuía: en este nivel, los detalles mínimos deciden carreras.

Habla de decisiones que se toman en segundos, de la dificultad de trasladar una idea de juego a un grupo que se reúne mucho menos que un club, de la necesidad de que “todo sea perfecto”. En un torneo corto, cada error se amplifica. Cada matiz cuenta.

Y luego está el ruido. El de un Mundial en casa. El de un país cuyo presidente disfruta tanto del foco como cualquier estrella del equipo. Donald Trump apareció en el camino de Pochettino casi como un personaje inevitable: discursos en el vestuario, presencia constante, el peso político de cada gesto.

El técnico mide cada palabra cuando se le pregunta por él, pero subraya algo: se sintió respaldado. Prefiere hablar de apoyo que de interferencias.

Balogun, FIFA y la política que lo invadió todo

El caso de Folarin Balogun fue el punto más tenso. La suspensión de su sanción, la intervención de FIFA, la presión mediática, la sensación de que la política se había metido hasta el centro del área.

Pochettino admitió en su momento que la “política y la manipulación” terminaron por ensombrecer el partido contra Bélgica. Entendió la indignación que rodeó el caso, pero se negó a dejarse arrastrar por el ruido: “Si prestas atención al ruido, te vuelves loco”, repite.

Cuando la carta de FIFA llegó la víspera del encuentro, confirmando que Balogun podía jugar, la decisión fue inmediata. No había debate. Balogun estaba disponible, Balogun jugaría.

El delantero ha vuelto a las portadas en las últimas semanas por un motivo muy distinto: su traspaso de Monaco a Everton se cayó en el último suspiro del Deadline Day. Pochettino aún no ha hablado con él. Ha preferido darle aire, sabiendo lo duro que resulta ver cómo se esfuma una oportunidad así. Confiesa que le habría gustado verlo en la Premier League. Por ahora seguirá en Monaco, y el seleccionador solo desea que recupere estabilidad y confianza.

El impacto inesperado: de la banda al escaparate

En medio de todo, un detalle casi anecdótico se convirtió en fenómeno: su imagen en la banda. El conjunto azul marino que lució durante el torneo se volvió tendencia. Se escribieron artículos sobre su estilo. Wayne Rooney, sin ir más lejos, se lo compró.

“Lo vi. Le quedaba bien, como a un gran entrenador”, bromea Pochettino. Fue ese tipo de verano. Fútbol, política, presión, moda. Todo mezclado.

Y cuando el Mundial se apagó y el mercado de banquillos se agitó, su nombre apareció ligado a varios clubes. No duró demasiado. La noticia llegó rápido: renovaba con Estados Unidos por cuatro años más.

Seis años lejos de clubes… pero la Premier no está cerrada

Su nuevo contrato lo ata, en principio, hasta 2030. Seis años alejado del día a día de un club parecen una eternidad en el fútbol moderno. ¿Es el final de su historia en la Premier League?

Pochettino lo niega sin dudar. No solo quiere volver. Quiere volver para ganar.

“Tengo la ambición”, afirma. Su plan inmediato es claro: cumplir su ciclo de cuatro años con Estados Unidos. Después, abre la puerta de par en par: “¿Por qué no? Somos todavía jóvenes y creo que volver siempre es mi objetivo; ganar la Premier League, estar en la Premier League y construir un proyecto con posibilidades reales de ganar”.

Habla de Inglaterra con un cariño especial: “Amo el fútbol aquí. Tener otra oportunidad es uno de mis deseos y espero que pase”.

Tottenham, el eterno “¿y si…?”

La conversación inevitablemente lo lleva a Tottenham. Hace año y medio confesó que le gustaría regresar algún día. Desde entonces, el club ha atravesado una montaña rusa: problemas bajo el mando de Ange Postecoglou, su salida, las etapas fugaces de Thomas Frank e Igor Tudor y un coqueteo peligroso con el descenso.

¿Sonó el teléfono para pedirle que rescatara al club? Pochettino mantiene el discurso de siempre: “Siempre digo, un día, ¿por qué no?”. Pero cuando se le pregunta si esta vez estuvo realmente cerca, baja el pulgar: “La gente habla y quizá recibimos algún acercamiento, pero nunca estuvo cerca”. No en esta ocasión.

También se le vinculó con otros banquillos, incluido el de AC Milan. Pochettino aclara que durante el Mundial no se abrió a negociar con nadie. “No estábamos abiertos a hablar con clubes que estaban interesados”, explica.

¿Hubo interés real? “Sí, siempre”, responde, como si fuera parte natural del paisaje. Siempre hay opciones, siempre hay llamadas. La clave, dice, es que ellos mismos “cerraron la puerta antes de que estuviera cerca” de concretarse algo.

Una mirada a sus viejas casas: Spurs y Chelsea

Cuando se le pregunta por el Tottenham actual, sonríe. “Nunca es aburrido en Spurs”, le dicen. Él asiente. Ve un club que ha decidido pisar el acelerador en el mercado, como tantos otros, tras un par de temporadas complicadas.

Tottenham ha cambiado de enfoque: ahora paga caro por jugadores que ya conocen la Premier League. Pochettino recuerda, sin decirlo del todo, cuánto rozó la gloria doméstica y europea con un presupuesto muy inferior. ¿Qué habría hecho con 300 millones para gastar? Responde con una sonrisa pícara y una broma: finge no saber ni lo que significa esa cifra.

¿Cree que esta nueva estrategia funcionará? “Nunca se sabe”, responde. El fútbol no ofrece garantías. “Necesitamos tiempo para ver si funciona o no. Como en los partidos: tomas una decisión como entrenador y puede salir bien o no”. Lo que sí deja claro es su afecto: “Siempre deseo lo mejor para Tottenham porque está en mi corazón”.

Chelsea, el otro gran club inglés de su trayectoria reciente, también ha cambiado el guion. El cargo que él ocupó hace dos años ya no es el de head coach, sino el de manager. El enfoque en fichajes también ha girado: menos apuestas a largo plazo, más jugadores hechos para rendir de inmediato en la Premier, ahora bajo el mando de Xabi Alonso.

Pochettino evita comparaciones directas, pero detecta un punto común: ambición. Y asume que, cuando se ficha a este tipo de futbolistas, la exigencia es máxima: “Comprando jugadores así puedes esperar pelear, ser candidato a la Premier League”.

La derrota ante Arsenal ya ha servido como baño de realidad. Pochettino, sin embargo, pide calma con Alonso: “Por supuesto están decepcionados tras la derrota contra Arsenal, pero creo que necesitamos darle tiempo en su primera temporada, después de tres partidos en la Premier League”. Extiende el mismo mensaje a Tottenham: paciencia, proceso, tiempo.

Arteta, el técnico a batir

En su mapa actual de la Premier, Pochettino coloca a Arsenal en la pole. No duda al señalar a Mikel Arteta: “Es el mejor entrenador de la Premier League hoy”. Lo dice con respeto y con la certeza de que el técnico del Arsenal sabe exactamente qué necesita hacer. Y lanza un aviso: va a ser muy difícil destronarlos.

Pochettino mira al futuro con dos certezas. La primera, que estos cuatro años con Estados Unidos serán una prueba definitiva de su evolución como seleccionador. La segunda, que su historia con la Premier League no ha escrito todavía su último capítulo.

La pregunta ya no es si quiere volver. La verdadera incógnita es dónde y con qué proyecto intentará, por fin, cumplir su obsesión declarada: levantar el trofeo que se le escapó por centímetros.