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Rafael Nadal y su historia en el Paris Masters

Rafael Nadal se retiró en 2024 con un palmarés que roza lo inalcanzable: 22 títulos de Grand Slam, 36 Masters 1000, oros olímpicos en individuales y dobles. Dominó casi todo lo que se puede dominar en el tenis moderno.

Y, sin embargo, hay una espina que nunca logró sacarse. Un vacío extraño en un currículum casi perfecto: el Paris Masters.

En la misma ciudad en la que se convirtió en leyenda con 14 coronas en Roland Garros, Nadal se marchó sin haber levantado jamás el trofeo del otro gran torneo de la capital francesa. Mismo escenario urbano, otra historia.

Un debut que parecía el inicio de un idilio

Su primera aparición en el Paris Masters apuntaba a cuento de hadas. Nadal arrasó camino a la final, cediendo apenas un set. Parecía cuestión de tiempo que también se adueñara del torneo indoor de París.

En el partido decisivo le esperaba David Nalbandian, sin condición de cabeza de serie y sin el cartel de favorito. Lo que ocurrió en la pista sorprendió a todos. También al propio argentino.

Nalbandian desarboló a Nadal con un contundente 6-4, 6-0. Un marcador que todavía hoy suena extraño cuando se pronuncian juntos ambos nombres. El argentino reconoció entonces que ni él mismo entendía la facilidad del triunfo: se sintió mejor, más suelto, golpeando ganadores desde cualquier rincón. Nadal, esa tarde, apenas pudo resistir.

Aquella fue la primera y única final de Nadal en el Paris Masters. El torneo que parecía abrirle los brazos en su debut se convirtió, con los años, en un escenario esquivo.

Lesiones, parones y puertas que se cerraban

Al año siguiente, Nadal volvió decidido a corregir el guion. Alcanzó los cuartos de final, pero el cuerpo volvió a reclamar su peaje. Una lesión en la rodilla derecha le obligó a retirarse tras perder el primer set ante Nikolay Davydenko. Otra oportunidad que se escapaba, esta vez sin siquiera poder pelear hasta el final.

En 2009 dio un paso más: semifinales. Allí le esperaba Novak Djokovic, uno de sus grandes rivales de época. El serbio lo superó con claridad y volvió a frenar el intento de Nadal de conquistar el Masters parisino.

Luego llegó un paréntesis de cuatro años sin disputar el torneo. Cuando regresó, Nadal volvió a colarse entre los cuatro mejores, pero esta vez fue David Ferrer, compatriota y viejo conocido, quien lo dejó fuera de la final.

En 2015, Stan Wawrinka le cerró el paso en cuartos. En sus dos participaciones posteriores, ni siquiera pudo completar el camino: las lesiones volvieron a interponerse, una constante incómoda en su relación con el Paris Masters.

El último asalto… y la derrota más silenciosa

En 2020, ya como veterano ilustre, Nadal volvió a rozar la posibilidad de un título que habría tenido sabor a reparación tardía. Se plantó otra vez en semifinales, esta vez ante Alexander Zverev. El alemán se impuso y el trofeo volvió a escaparse.

Hasta entonces, la regularidad de Nadal en París-Bercy impresionaba: en sus ocho primeras participaciones siempre alcanzó, como mínimo, los cuartos de final. Un suelo competitivo altísimo incluso en un torneo que nunca pareció adaptarse del todo a sus virtudes.

La racha se rompió en su novena y última aparición. En su debut en el cuadro, Tommy Paul lo sorprendió y lo dejó fuera a las primeras de cambio. Sin épica, sin remontada, sin gran batalla para el recuerdo. Solo una derrota temprana en un torneo que nunca quiso rendirse del todo a su ley.

Nadal no volvió a disputar el Paris Masters. Se retiró en 2024 dejando ese torneo como una de las contadas grandes citas que jamás pudo conquistar.

En una carrera construida a base de imposibles, París guardó un rincón que ni siquiera él consiguió derribar. Y quizá, precisamente por eso, su leyenda resulta todavía más humana.