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Real Madrid brilla con Courtois mientras Mourinho critica la defensa

Real Madrid encadenó otra noche convincente en Europa. Tras el sólido partido ante Sevilla en liga, el equipo blanco firmó un 4-1 autoritario frente a RB Leipzig en la Champions League, un marcador que refleja bien la superioridad general… pero que esconde una herida abierta en la pizarra de Jose Mourinho: la incapacidad para cerrar los partidos sin encajar.

En medio del festival ofensivo, un nombre volvió a imponerse por encima del resto: Thibaut Courtois. El belga completó otra actuación de clase mundial, con cinco paradas decisivas, sosteniendo al equipo cuando Leipzig amagó con entrar en el partido. Durante muchos minutos, el encuentro fue Courtois… y diez más.

Un gigante bajo palos, un castigo injusto

El portero belga rozó la noche perfecta. Seguridad por alto, reflejos felinos, una lectura impecable de los tiempos. Leipzig probó, insistió, encontró espacios, pero se topó una y otra vez con un muro. Hubo intervenciones que cambiaron el tono del partido: manos firmes en disparos francos, achiques en uno contra uno, estiradas que mantuvieron el marcador cómodo cuando el duelo podía haberse envenenado.

El resultado final, 4-1, podría engañar. Sin Courtois, el propio Mourinho dejó caer la idea más cruda: aquello podría haber terminado 4-4. Y no sonó a exageración. El guardameta sostuvo al equipo en los momentos de mayor desconexión defensiva y merecía, por juego y jerarquía, salir con la portería a cero.

Pero el premio no llegó. En el minuto 85, otro despiste, otro desajuste atrás, otra concesión innecesaria. Gol de RB Leipzig. Y el trabajo de toda una noche impecable, manchado por un error que no le pertenecía.

Mourinho señala sin rodeos: “Arruinaron la noche de Courtois”

Mourinho no se mordió la lengua tras el pitido final. El técnico, que ya había advertido de la fragilidad defensiva en otros encuentros, cargó con dureza contra la zaga por no saber proteger a su portero en el tramo final.

Lo dejó claro ante los medios: Thibaut Courtois no merecía encajar ese gol. Sus compañeros, dijo, le arruinaron la noche. No le gustó nada la forma en que el equipo defendió esa acción, sobre todo después de que el belga “les salvara muchas veces” durante el encuentro. La idea fue directa, sin matices: el grupo no estuvo a la altura del nivel que marcó su guardameta.

No era una pataleta aislada. Era el estallido de una frustración acumulada.

Un patrón que se repite: goles tontos, concentración ausente

Lo de Leipzig no es un accidente aislado en la temporada de Real Madrid. Es un patrón. Y eso es lo que enciende a Mourinho.

Ya sucedió ante Inter Milan. Se repitió frente a Rayo Vallecano. Volvió a aparecer contra Sevilla el fin de semana. En todos esos partidos, Courtois sostuvo al equipo con actuaciones brillantes, evitando males mayores, sólo para ver cómo, en los minutos finales, un despiste atrás abría la puerta a un gol que jamás debería haberse concedido.

Acciones mal defendidas, segundos de desconexión, marcas perdidas. Goles evitables, casi regalados. Cada uno de ellos, una mancha innecesaria sobre actuaciones sobresalientes del portero. Cada uno de ellos, un recordatorio de que el equipo aún no ha aprendido a cerrar partidos con la contundencia que exige la élite.

Hasta ahora, el daño ha sido limitado. En todos esos encuentros, incluido el 4-1 ante RB Leipzig, Real Madrid terminó ganando. Los errores llegaron con el marcador a favor, sin castigo en forma de puntos perdidos. Pero la pregunta ya flota en el ambiente: ¿qué ocurrirá cuando el rival no perdone y ese “gol tonto” llegue en un 1-0 ajustado o en una eliminatoria al límite?

La vieja herida que Mourinho debía curar

Una de las razones por las que Mourinho regresó al banquillo blanco fue precisamente ésa: reconstruir un bloque defensivo fiable, poner fin a años de concesiones atrás y devolver al equipo la solidez que marcó sus mejores épocas. El libreto era claro: contundencia, rigor, concentración hasta el último segundo.

Por ahora, la teoría no se ha traducido del todo en práctica. El equipo gana, Courtois brilla, el ataque responde, pero la línea de atrás sigue ofreciendo grietas preocupantes. El portero belga aparece casi en cada partido como salvavidas de última instancia. Y eso, a este nivel, es una invitación al desastre a medio plazo.

Courtois puede seguir firmando noches descomunales. Puede seguir sosteniendo al equipo con manos imposibles. Pero no puede tapar él solo una estructura defensiva que se permite desconectar en los minutos finales. Ahí es donde Mourinho aprieta, señala y exige. Porque sabe que, si esa tendencia no se corta de raíz, el gol del minuto 85 en un 4-0 cómodo se convertirá algún día en el 1-1 que deja escapar una liga… o en el tanto que te elimina de la Champions.

El mensaje está lanzado al vestuario. Courtois ya cumple. Ahora le toca a la defensa demostrar que está a la altura de su portero y de las expectativas de su entrenador.

Real Madrid brilla con Courtois mientras Mourinho critica la defensa