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Stephen Fleming asume el cargo con la obsesión de ganar a Australia

Stephen Fleming aterriza en el cargo con un mensaje claro y sin adornos: comparte la “obsesión” inglesa con los Ashes y llega con una meta sencilla de enunciar y enorme de ejecutar: “ganar a los Aussies”.

El nuevo seleccionador de Test habló por primera vez ante los medios desde su nombramiento en julio, a las puertas de su debut oficial en la gira de diciembre por Sudáfrica. Sereno, preciso, sin levantar la voz, pero dejando muy claro hacia dónde apunta la brújula.

Un neozelandés con cuentas pendientes

Como Brendon McCullum, a quien sucede en el puesto, Fleming procede de Nueva Zelanda. Y él mismo se definió como parte del “primo pequeño” de Australia. Un primo que creció mirando hacia el otro lado del mar de Tasmania con una mezcla de admiración y desafío.

El próximo verano, en el Reino Unido, llegará la próxima serie de Ashes. Inglaterra busca algo que no consigue desde 2015: derrotar a Australia y, de paso, vengar el sonrojante 4-1 encajado el pasado invierno en suelo australiano.

¿Está Inglaterra demasiado obsesionada con los Ashes? La pregunta a Fleming fue directa. La respuesta, todavía más.

“No, porque yo también tengo esa obsesión. Nueva Zelanda la tiene, nos encanta”, dijo a BBC Sport. “Queremos ganar a los Aussies. Estamos muy ligados a los resultados de Inglaterra. Tenemos un deseo profundo de ganar a Australia en todo, como el primo pequeño. Estamos vinculados, y estoy increíblemente ilusionado por ser parte de esto”.

Fleming nunca derrotó a Australia en los 14 Test que disputó como jugador. Cero victorias. Una herida deportiva que no se borra. Quizá ahí se entiende mejor el brillo en los ojos cuando habla de Ashes.

“Uno no piensa que vaya a tener esa oportunidad. Tenerla y formar parte de ello… no puedo esperar”, añadió. “Quiero ser mi mejor versión y tener un equipo que se represente a sí mismo de la mejor manera posible. Tengo una visión, es aspiracional. Será brillante”.

Del caos de McCullum a la estructura de Fleming

Fleming toma el relevo de su excompañero y gran amigo Brendon McCullum, destituido como seleccionador de Test a comienzos del verano tras ganar solo dos de sus últimos 10 partidos, incluida la paliza en Australia. McCullum sigue al frente del equipo de white-ball, lo que obliga a una delicada convivencia de poderes.

Ambos comparten negocios y una relación cercana. Fleming la describió con una frase que define bien sus diferencias: “Yo apuesto por el favorito y él apuesta por las cuotas más largas posibles”. Durante la era McCullum, Inglaterra vivió muchas de esas apuestas de cuota larga. Ahora, con Fleming, el plan apunta más a jugar con las probabilidades a favor.

Parte de las críticas al ciclo anterior, con McCullum y Ben Stokes al mando, se centraban en la rigidez del plan, la incapacidad para adaptarse a las situaciones cambiantes del Test cricket y cierta falta de atención al detalle. El discurso de Fleming va justo en la dirección contraria.

Preguntado por si un equipo de Test debe tener una “marca” o un estilo fijo, fue tajante: “No lo creo. Lo mejor que puede hacer un equipo es saber jugar las condiciones y las situaciones”.

Su aspiración es otra: “Me encantaría que la gente dijera que estamos bien planificados, que hay disciplina y una estructura básica muy sólida en lo que hacemos, pero también un poco de ‘flair’”.

Menos eslóganes, más estructura. Menos dogma, más lectura del juego.

Disciplina, noches largas y el caso Carse

El final de la etapa McCullum y los primeros meses posteriores al cambio de seleccionador han estado marcados por polémicas de salidas nocturnas y alcohol. El tema no desaparece. Ni en los titulares ni en los despachos.

El viernes, la policía de Derbyshire cerró la investigación sobre el pacer Brydon Carse tras una denuncia de agresión el mes pasado. No habrá cargos penales, pero el jugador se enfrenta ahora a una investigación del Cricket Regulator. Sigue siendo elegible para Inglaterra, aunque no ha entrado en ninguna convocatoria desde el incidente en Derby.

Fleming no rehuyó el asunto: “Hay estándares”, subrayó. “Elegimos principalmente por carreras y wickets, pero sería una tontería no decir también que hay estándares que se deben cumplir”.

Y desarrolló la idea: “Hay que comportarse de acuerdo con tu posición. Estamos en una situación muy privilegiada, y se trata de entender ese privilegio y lo que conlleva. No puede ser algo conveniente. No puedes hacer lo correcto solo cuando te conviene, y cuando no te conviene, dejar de hacerlo”.

“Hay que vivirlo cada día. Si podemos crear algo que te haga querer vivirlo cada día y mejorarlo, eso es realmente poderoso”.

Mensaje claro al vestuario. Y, de paso, una advertencia para Carse y cualquiera que piense que el talento basta.

Stokes, una puerta cerrada… por respeto

Fleming ya ha comenzado su inmersión en el ecosistema inglés. Estuvo en Old Trafford en la victoria de Inglaterra sobre Sri Lanka en el tercer T20 del sábado. Antes, visitó varios counties y se reunió con Ben Stokes durante el empate de Durham ante Worcestershire.

Stokes se retiró abruptamente del cricket internacional en julio. Ambos se conocen bien de su etapa conjunta en Chennai Super Kings en la Indian Premier League. Sería fácil imaginar al nuevo seleccionador presionando para un regreso. No lo hará.

Dijo que siente demasiado “respeto” por la decisión de Stokes como para intentar convencerle de que dé marcha atrás.

“Estaba en un gran momento, muy feliz, disfrutando su tiempo con Durham”, explicó Fleming. “Tiene un buen invierno planificado con la familia y está muy en paz con su decisión. Cuando un jugador toma esa decisión de retirarse, respeto esa decisión al 100%”.

“Tratar de darle la vuelta y cuestionarla está mal. Sé todo lo que implica tomar una decisión de ese tipo, y la respeto”.

No hay guiños, no hay puertas entreabiertas en público. Si Stokes vuelve algún día, no será porque Fleming le haya empujado.

Un líder sobrio para tiempos agitados

Casi dos meses después de su nombramiento, esta primera aparición pública de Fleming dibuja un perfil nítido. Calma, autoridad, sentido del humor. Justo lo que Inglaterra no ha tenido en abundancia en un periodo caótico dentro y fuera del campo.

Hubo bromas, sí. Habló de una “fractura por estrés en la oreja izquierda” por la cantidad de llamadas que ha recibido de todo el entorno del equipo. Recordó cómo a veces se presentaba disfrazado en el vestuario de Chennai Super Kings para relajar el ambiente.

Y se permitió reírse del intento de etiquetar su estilo como “Flemball”, al que despachó como “una condición médica”. No quiere eslóganes. Quiere victorias.

Lo más revelador, sin embargo, fue la sensación de “hermano mayor” en la relación con McCullum. El freewheeling del ciclo anterior deja paso a una figura que proyecta madurez y control. El mensaje implícito: se acabó el experimento permanente, empieza la etapa de los porcentajes y la planificación.

Fleming también dejó claro que dará al World Test Championship un nivel de respeto que, en su opinión, Inglaterra no siempre ha mostrado. Admitió que se perdió la serie contra Pakistán por compromisos familiares y comerciales, otro detalle que humaniza a un técnico al que se percibe como metódico, pero no distante.

Sobre el papel, su Inglaterra será más sobria, más estructurada, más adulta que la de McCullum. Quizá menos explosiva. Quizá menos divertida. Pero ese no es el criterio que va a medir su éxito.

El verdadero examen empieza en diciembre, en Sudáfrica. Allí se sabrá si esta nueva Inglaterra de Fleming no solo habla de estándares y estructura, sino que también aprende a hacer lo que él nunca consiguió como jugador: ganar a los Aussies y cambiar, por fin, la historia reciente de los Ashes.