Steve Ballmer acepta el castigo de la NBA por el caso Kawhi Leonard
Steve Ballmer ha pasado de la pelea frontal a la rendición estratégica. El propietario de Los Angeles Clippers ha anunciado que acepta el castigo histórico impuesto por la NBA por la trama contractual de Kawhi Leonard, un caso que ha sacudido a la liga y ha puesto bajo la lupa los límites del tope salarial.
La liga sancionó a Ballmer con un año de suspensión, multó a la franquicia con 30 millones de dólares y le arrebató cinco elecciones de primera ronda del draft, tras concluir que los Clippers violaron las normas de elusión del tope salarial en una decisión fechada el 3 de septiembre. Es un golpe deportivo y económico de enorme calado para una organización que aspiraba a consolidarse entre las potencias de la conferencia Oeste.
No fue el único castigo. Kawhi Leonard, dos veces MVP de las Finales, recibió una sanción económica de 700.000 dólares. Lawrence Frank, presidente de operaciones de baloncesto, fue suspendido seis meses. Gillian Zucker, presidenta de operaciones de negocio, se queda fuera un año. La cúpula de los Clippers queda tocada en todos sus frentes.
Raptors, en vilo… y aliviados
Mientras tanto, en Toronto, la afición de los Raptors sigue mirando el reloj. El traspaso acordado este verano entre Raptors y Clippers por Leonard quedó congelado a la espera de que la NBA completara su investigación. El riesgo era evidente: una posible anulación del contrato o una suspensión deportiva que condicionara el futuro inmediato del jugador.
Nada de eso ocurrió. Leonard no ha sido suspendido ni se ha anulado su contrato, un detalle clave para Toronto. La franquicia canadiense evita heredar un problema que pudiera trasladarse directamente a la pista. El lío es de los Clippers. El ruido, también.
Del desafío a la contrición
El comunicado de Ballmer del domingo por la noche marca un giro drástico respecto a la reacción inicial de la franquicia. Esta vez, el dueño se mostró arrepentido y dispuesto a cerrar el episodio.
Ballmer habló de “sinceros remordimientos” y pidió disculpas a los aficionados de los Clippers, a los empleados y al resto de propietarios de la NBA. Subrayó que la organización ya ha pagado la multa y que su intención es “seguir adelante” y “dejar este capítulo atrás”. Admitió que aún existen desacuerdos con las conclusiones del informe, pero dejó claro que no quiere centrar ahí la atención. “Los propietarios deben apoyar, no distraer”, remarcó.
Ese tono contrasta de forma evidente con el fuego cruzado que salió del club en cuanto se conoció la sanción. En su primer comunicado, los Clippers cargaron contra la liga con dureza, asegurando que “rechazaban vehementemente” las conclusiones de una investigación que calificaban de “altamente sesgada” y orientada a justificar “una narrativa predeterminada” más que a basarse en hechos y pruebas.
La franquicia también denunció que lo que la NBA les había comunicado en privado difería de lo que luego anunció de forma pública, y acusó a la liga de no mantener el estándar de imparcialidad y precisión que el comisionado Adam Silver había prometido al inicio de la investigación.
Entonces, los Clippers prometieron “luchar con la misma fuerza para demostrar nuestra inocencia”, anunciando que pensaban impugnar de manera enérgica las conclusiones y las sanciones “por todas las vías disponibles” y que confiaban en un proceso de arbitraje “ético e imparcial”.
Ahora, ese frente de batalla se ha desinflado desde la propia cúspide del club. Ballmer ha elegido tragar el castigo, pagar el precio y tratar de recomponer una franquicia golpeada en su credibilidad y en su futuro deportivo. La NBA ya ha movido ficha. La siguiente jugada, dentro y fuera de la pista, le toca a los Clippers.




