Tyrell Malacia: del Manchester United al renacer en FC Cincinnati
Tyrell Malacia habla con la serenidad de quien ya ha pasado por el fuego. De quien lo ha perdido casi todo en la élite… y ha decidido no mirar atrás.
El lateral zurdo neerlandés, hoy en FC Cincinnati, no reniega de su etapa en Manchester United. Ni siquiera de los meses en los que fue apartado al llamado “bomb squad” de Ruben Amorim y se vio obligado a entrenar con los juveniles para mantenerse en forma.
“Ni un solo arrepentimiento”, dijo en una entrevista con BBC Sport. “Aunque pudiera repetirlo todo, haría lo mismo, porque si no, no sería el hombre que soy ahora”.
Del pico en Old Trafford al quirófano
Malacia aterrizó en Old Trafford en 2022 procedente de Feyenoord por 13 millones de libras. Con Erik ten Hag vivió su mejor curso como red devil: 39 partidos en todas las competiciones, titularidad recurrente y la sensación de haberse ganado un sitio en uno de los clubes más grandes del mundo.
Ese fue el techo. El resto fue caída.
Terminó la temporada 2022-23 con molestias en la rodilla izquierda. Confió en que el verano le devolviera la normalidad. No ocurrió. Regresó a Países Bajos para operarse, pero la recuperación se torció. Hubo que pasar por el quirófano una segunda vez. Entre una cosa y otra, un año y medio fuera.
Cuando volvió a pisar el césped en partido oficial, lo hizo con el equipo sub-21 en la EFL Trophy, en una derrota ante Huddersfield. Ten Hag ya no estaba. El banquillo pertenecía a Ruben Amorim. Malacia pensó que aquel encuentro sería el inicio de su camino de vuelta al primer equipo.
No lo fue.
“Tuve una buena primera temporada y luego llegó la lesión”, explicó. “No quiero hablar demasiado de ello, pero pasaron ciertas cosas en mi rehabilitación”.
Amorim le dio algunos partidos. Ocho apariciones en total antes de salir cedido a PSV Eindhoven para la segunda mitad de la campaña 2024-25. “Ni siquiera entonces estaba al 100%, pero me vino bien para tener minutos y volver a adaptarme al juego”, recordó.
Regresó en verano con la convicción de que, esta vez sí, llegaría su oportunidad real.
No llegó.
La lista negra y el exilio en Carrington
Justo antes de la vuelta a la pretemporada, el club emitió un comunicado demoledor: Tyrell Malacia, Marcus Rashford, Jadon Sancho, Alejandro Garnacho y Antony entrenarían al margen de la plantilla de Amorim y podrían salir si aparecía una oferta adecuada.
Los otros cuatro acabaron marchándose. Malacia no.
Lo más llamativo: no había constancia de ningún acto de indisciplina por su parte. No era un mal compañero. No generaba problemas en el vestuario. Simplemente, quedó fuera.
“Yo no sé de dónde vino eso, no sé si fue cosa de Ruben o de más arriba”, admitió. “Nunca dije nada, solo seguí trabajando y haciendo lo mío, aunque a veces fuera duro entrenar en un grupo de cinco”.
La soledad se acentuó cuando Rashford, Garnacho y Antony encontraron salida. Malacia se quedó prácticamente solo, pidiendo entrenar con el sub-21, incluso con los sub-18 y sub-17, para no perder ritmo.
“Es duro. Duro mentalmente”, reconoció. “Podría haber dicho: ‘No vuelvo a entrenar’. Pero pensé: eso no me va a ayudar. Sería darles una razón para decir: ‘Por eso estás ahí’. Así que agaché la cabeza y trabajé”.
Mientras tanto, desde fuera, la duda era otra: si estaba bien físicamente, ¿por qué no jugaba? Malacia insiste en que estaba en plena forma desde noviembre de 2024. Solo le faltaba lo que más desea un futbolista: minutos.
Su regreso “oficial” al grupo llegó a finales de septiembre de 2025. Amorim lo incluyó en la convocatoria para el partido del 25 de octubre ante Brighton y, desde el 24 de noviembre, apareció en todas las listas de partido. Los minutos, eso sí, fueron simbólicos: dos frente a Newcastle en Boxing Day, cinco más en la vuelta en St James’ Park el 5 de marzo y una última aparición en Brighton el 24 de mayo. Ese fue su adiós con la camiseta del United.
La charla con Carrick y una puerta cerrada
En medio de ese laberinto, apareció Michael Carrick. El técnico, ya en el cargo cuando se abrió el mercado, escuchó la voluntad del neerlandés: quería irse. Quería jugar.
Pero el fútbol tiene su propia lógica cruel. Llegaron las lesiones en la plantilla y el club decidió que Malacia no podía marcharse. Necesitaban fondo de armario. Aunque apenas contaran con él.
“Fue difícil de aceptar”, confesó. “Pensaba: ‘No voy a jugar, pero no me dejan ir, ¿para qué me quedo entonces?’. Luego él me lo explicó”.
Y ahí Malacia muestra una comprensión poco habitual en un jugador que se siente atrapado.
“Al final, todos están ahí por sí mismos. Yo estoy por mí, y luego por el equipo, claro. Pero el entrenador también está por sí mismo, tiene que salvar su trabajo o hacerlo bien”.
Pese a todo, no guarda rencor. “No me arrepiento de nada. Disfruté mucho mi primera temporada y la gente que trabajaba allí y los jugadores que conocí fueron increíbles. De verdad, disfruté mi tiempo”.
Nuevo escenario, misma ambición
Hoy, con 27 años, el lateral izquierdo ha encontrado aire en la MLS. FC Cincinnati le ha abierto la puerta y él la ha cruzado con hambre. Su titularidad en la victoria 2-1 ante DC United el 21 de octubre tuvo un significado especial: era la primera vez que encadenaba cuatro partidos como titular desde septiembre de 2022, en los inicios de su aventura en Old Trafford.
Cincinnati marcha octavo en la Conferencia Este, con cuatro jornadas por disputarse. Los nueve primeros acceden a los play-offs. Malacia quiere estar en ese sprint final. Ya ha firmado para la “sprint season” de 2027, con opción a seguir en 2027-28, la primera campaña que se alineará con el calendario europeo.
“Como futbolista, quieres jugar. Ahora puedo hacerlo y de forma consistente, así que estoy feliz”, aseguró. “Esta oportunidad apareció en mi camino y la gente con la que hablé fue muy positiva. Eso me dio buenas sensaciones”.
Su currículum no es menor: Feyenoord, Manchester United, PSV. Trae experiencia, trae cicatrices y una energía que ahora quiere volcar en un vestuario que sueña con competir en eliminatorias.
“Quiero traer mi energía, mi calidad”, subrayó. “Si entras en play-offs, al final, todo son finales. El que mejor se presente ese día es el que va a seguir hasta el final”.
Después de año y medio de parón, de operaciones, de pasillos vacíos en Carrington y sesiones con juveniles, Malacia solo pide una cosa: partidos. “Cuantos más, mejor. He estado fuera tanto tiempo que solo quiero jugar todos los que pueda”.
Su historia ya no se escribe en Old Trafford. Ahora se teje en Cincinnati, entre viajes por Estados Unidos, césped sintético en algunos campos y noches de presión por entrar en play-offs. La pregunta ya no es qué fue de aquel lateral que ilusionó en su primer año en el United.
La pregunta es cuán lejos puede llegar ahora que, por fin, vuelve a sentirse futbolista.




