Tyson Fury y Anthony Joshua: duelo en el Madison Square Garden
Tyson Fury encendió la mecha con una simple publicación en Instagram. Una imagen promocional, dos siluetas inconfundibles —la suya y la de Anthony Joshua— recortadas sobre el skyline de Nueva York y un mensaje directo: el gran combate de los pesos pesados se prepara para aterrizar en el Madison Square Garden.
Sin fecha oficial, pero con un escenario que ya pesa como un gancho al hígado.
“Qué lugar, NYC, y qué recinto, MSG, y qué pelea Fury vs AJ, la tierra de la oportunidad”, escribió el excampeón mundial de los pesos pesados. “Qué fin de semana para los chavales de juerga en NYC. ¡Icónico! No falta mucho, chicos”.
Joshua, dos veces campeón mundial, no fue etiquetado en la publicación. Ni él ni su promotora, Matchroom Boxing, habían confirmado oficialmente el recinto en el momento de la información. Pero el mensaje de Fury sonó a algo más que un simple globo sonda.
Nueva York, por delante de Wembley
El plan que se maneja en los despachos sitúa el combate en noviembre, con el día 20 como fecha objetivo. No está cerrado, pero el mes está marcado en rojo. Lo que sí está firmado son los contratos de ambos púgiles con Turki Alalshikh, presidente de la Autoridad General de Entretenimiento de Arabia Saudí, pieza clave en la operación.
El giro de guion es evidente. Joshua defendió durante meses que la pelea debía celebrarse en el Reino Unido, con Wembley Stadium como símbolo perfecto de un choque entre dos gigantes británicos. Sin embargo, las fuerzas que empujan hacia el otro lado del Atlántico han resultado demasiado poderosas.
En la mesa se sientan Alalshikh y una plataforma de streaming de alcance global como Netflix, decididos a convertir el evento en un escaparate mundial desde Estados Unidos. Eso ha obligado al equipo de Joshua a abrir una negociación que, por momentos, parecía enquistada.
Eddie Hearn, presidente de Matchroom, lo reconoció sin rodeos: la prioridad del entorno de Joshua era pelear en casa, pero el negocio manda.
“No queremos hacer la pelea en Estados Unidos, pero también entendemos que tiene que funcionar para todos”, explicó. El gran escollo, según detalló, no era deportivo, sino fiscal: los impuestos en territorio estadounidense podían reducir de forma notable la bolsa neta de Joshua.
“Hemos dejado clara nuestra posición, principalmente en lo referente a la situación fiscal que mermaría su bolsa neta yendo a Estados Unidos, algo que se puede rectificar y creo que ellos están dispuestos a hacerlo”, añadió Hearn. Y lanzó un aviso de urgencia días atrás: “Tendremos que tomar una decisión esta semana. Han respondido, tienen nuestros términos. Depende de ellos”.
El anuncio de Fury, aunque sin sello definitivo, suena precisamente a esa respuesta.
Un duelo que llega tarde, pero aún pesa oro
La posible elección del Madison Square Garden ha desatado un intenso debate entre los aficionados. Muchos se preguntan por qué uno de los combates más grandes entre pesos pesados británicos de los últimos años se marcharía a Estados Unidos en lugar de llenar Wembley o cualquier otro gran estadio del país.
La cuestión es incómoda, pero lógica: identidad frente a negocio. El Garden ofrece historia, glamour y un mercado gigantesco. Wembley, en cambio, habría sido la consagración de una era del boxeo británico ante su propia gente.
Lo que nadie discute es que la pelea llega tras años de espera. Fury y Joshua han tenido títulos mundiales, han reinado en la élite y han visto cómo el cruce se escapaba una y otra vez entre negociaciones rotas, derrotas inesperadas y cambios de cinturones.
Ahora, con contratos firmados con Alalshikh y la maquinaria global del entretenimiento detrás, el escenario parece por fin alineado. Falta el último paso: que el entorno de Joshua y los promotores estampen su firma definitiva sobre sede y fecha.
Mientras tanto, el Garden se prepara en silencio. Nueva York escucha el ruido que llega desde el Reino Unido y Arabia Saudí. Y la pregunta ya no es si Fury y Joshua pelearán, sino si el gran combate de los pesos pesados de esta generación se convertirá en una noche americana o en una oportunidad perdida para el boxeo británico de cerrar su propia saga en casa.




