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El último hombre que vio boxear a Ali vuelve para despedir a Katie Taylor

Cincuenta y cuatro años después: el último hombre que vio boxear a Ali en Croke Park vuelve para despedir a Katie Taylor

Cuando Katie Taylor cruce las cuerdas mañana por la noche para lo que se anuncia como su gran despedida en Croke Park, entre las 80.000 personas que llenarán el estadio habrá un espectador muy especial. Uno que ya estuvo allí la última vez que el boxeo profesional pisó ese césped sagrado.

Se llama Paddy Doherty. Es de Ballyshannon, en el condado de Donegal. Y en 1972 compartió cartel con Muhammad Ali.

De Ali a Taylor, un círculo que se cierra

Doherty ocupará mañana los asientos de Ard Chomhairle junto a su familia, invitado por el equipo de la múltiple campeona mundial. No es un gesto cualquiera: el último púgil irlandés que peleó en Croke Park verá en directo a la mujer que cambió para siempre el boxeo de su país.

El 19 de julio de 1972, cuando Ali se enfrentó a Al “Blue” Lewis en Dublín, Doherty formaba parte del programa de la velada. Aquella fue la única vez que “el más grande” peleó en Irlanda. Ali ganó por detención arbitral en el undécimo asalto. Doherty hizo lo propio con su rival, Bobby Ruff, al que frenó por la vía rápida en el segundo asalto.

Aquel espectáculo reunió a 18.000 espectadores, una cifra enorme para la época, organizada por Michael “Butty” Sugrue, forzudo de circo, empresario y promotor de boxeo originario de Kerry. Todo en un 1972 convulso, con el Torneo de las Cinco Naciones suspendido porque Escocia y Gales se negaron a viajar a Dublín en uno de los años más oscuros del conflicto en Irlanda del Norte.

Mañana el contraste será brutal: el boxeo profesional vuelve por primera vez desde entonces a Croke Park y lo hará ante más de cuatro veces aquel público. La mayor asistencia a un combate en la historia del boxeo irlandés.

Una visita inesperada en Donegal

Doherty aún se ríe cuando recuerda cómo se enteró de que iba a ser invitado.

“No podía creerlo”, contó, después de que Katie Taylor apareciera hace poco en su casa en Donegal junto a su mánager, Brian Peters. Todo empezó con una llamada.

“Brian Peters llamó diciendo que estaba en Donegal… esa mañana, mi esposa dijo: ‘Katie Taylor acaba de pasar por delante de la casa’. No podía creerlo”.

El veterano exboxeador no se queda corto al valorar lo que significa Taylor para su deporte: lo que ha hecho por el boxeo irlandés “en todo el mundo” le parece “extraordinario”. Y, por encima de los títulos, destaca algo más sencillo: “Es una auténtica dama”.

La invitación fue total. “Invitaron a todos para el sábado por la noche. Fue una bonita sorpresa. Él (Brian Peters) dijo: ‘Te veré en Croke Park’”, relató Doherty.

Confía en que la velada esté a la altura del adiós que merece la campeona. Y no olvida subrayar el papel del propio Peters, cuyo trabajo por el boxeo califica de “fantástico”.

Consejos de un viejo zorro para la última batalla

En la esquina opuesta de Taylor estará la francesa Flora Pili, 29 años, invicta. Un reto serio para la irlandesa en la noche más cargada de simbolismo de su carrera.

Doherty no duda de que la experiencia de Taylor marcará la diferencia. Tiene claro incluso qué le diría si pudiera hablar con ella antes de que suene la campana.

“Si sigo hablando con ella antes de la pelea, le diré: ‘si ella (Pili) sigue yendo hacia ti, enrédala, átala en nudos… deja que el árbitro haga el trabajo de separaros y vuelve a boxear’”.

Es la voz de alguien que se hizo boxeador con 11 años en Ballyshannon, que subió peldaño a peldaño por el circuito amateur hasta conquistar títulos de Ulster e Irlanda desde categoría juvenil hasta sénior.

Ganó un bronce en los Juegos de la Commonwealth en Edimburgo en 1970, representando a Irlanda del Norte gracias al origen de su padre, nacido en Fermanagh. Como amateur, fue un destacado peso superwélter internacional irlandés: 15 victorias y solo una derrota.

En 1971 dio el salto al profesionalismo y se mudó a Londres. Allí apareció por primera vez en un cartel encabezado por Ali, en octubre de ese mismo año, cuando el estadounidense se midió a Johnny “Gypsy” Frankham en una exhibición en el Royal Albert Hall.

Cuando se confirmó que Ali pelearía en Croke Park en julio de 1972, el nombre de Doherty volvió a aparecer en la lista del programa. Otra vez a su sombra. Otra vez en la historia.

Recuerdos de un gigante

El propio Doherty rememora el pesaje en el Gresham Hotel y la atmósfera en Croke Park como si hubiera sido ayer.

“Me dio un golpecito en la cabeza cuando iba hacia el ring (en Croke Park)”, recordó sobre Ali. Un gesto mínimo que para un púgil joven significaba tocar el cielo.

Después vino el caos. “La mayoría del público saltó la valla y entró al ring. Ni la seguridad ni los guardias podían contenerlos, solo querían llegar hasta Ali”.

Ese desborde resume lo que significaba el estadounidense en aquellos años. Y subraya, por contraste, lo que significa que el boxeo vuelva a ese mismo escenario con el nombre de Katie Taylor en lo más alto del cartel.

Doherty dejó el boxeo en la veintena tras una lesión. Su carrera se detuvo pronto. Su memoria, no. Sabe que lo que está a punto de presenciar no es una noche cualquiera.

Mañana, volverá a sentarse en Croke Park. Esta vez no para preparar un combate, sino para despedir a la mujer que, a su juicio, ha dejado una huella irrepetible.

“Estaré allí (mañana por la noche) por Katie Taylor; es tan tranquila y agradable… una chica sencilla. Lo que ha hecho por el boxeo no se volverá a hacer jamás”, sentenció.

La última vez que el boxeo profesional encendió las luces de Croke Park, el mundo se agolpó para ver a Ali. Ahora, Irlanda entera se detiene para ver cómo se despide Katie Taylor. Y en una butaca, Paddy Doherty cerrará el círculo que empezó hace 54 años.