Victoria de Alexander Blessin en Stuttgart: Un paso crucial
Alexander Blessin vivió el viernes una noche que mezcla biografía y necesidad. En su ciudad natal, en el MHPArena de Stuttgart, el técnico de Borussia Mönchengladbach firmó su primera victoria en la Bundesliga al frente del equipo: un 3-2 agónico, remontando, que corta una racha de seis derrotas consecutivas y evita un récord indeseado. No es poco. Pero tampoco es suficiente.
El entrenador de 53 años, nacido en Stuttgart, celebró el triunfo rodeado de los suyos. Al terminar el partido, no se quedó en la zona técnica: subió a la grada para abrazar a los familiares que habían presenciado el giro de guion de su equipo. Una escena íntima en un contexto brutalmente competitivo.
En la sala de prensa, sin embargo, Blessin se encargó de enfriar cualquier intento de relato romántico.
“Estoy simplemente contento por el equipo. Llevábamos seis partidos sin ganar. Es verdad que yo solo he estado en dos, pero se notaba un poco el ambiente sombrío”, explicó ante los periodistas, subrayando la carga que arrastraba el vestuario. El alivio era evidente, pero el mensaje, directo.
Cuando le preguntaron por el significado especial de lograr su primera victoria con Gladbach precisamente en la ciudad donde nació, el técnico fue aún más claro: “Para ser totalmente sincero, me da igual de dónde vengan los puntos. Me puedes creer. Es bonito que la familia esté aquí y que podamos celebrar juntos. Pero lo que importa para nosotros como club es conseguir estos tres puntos”.
El triunfo tuvo un peso inmediato en la historia de la temporada: Mönchengladbach esquivó convertirse en el primer equipo de la Bundesliga en perder sus siete primeros partidos de liga. Una etiqueta que habría perseguido al club durante años. La reacción llegó a tiempo. La tabla, no obstante, sigue siendo un espejo duro: el equipo continúa anclado en el último puesto y el margen de error es mínimo.
Sin respiro para el sentimentalismo
El contexto invitaba a pensar en una pequeña tregua personal para Blessin. Vive cerca de Stuttgart, había ganado por fin, la familia le esperaba. La pregunta llegó rápido: ¿habría un breve descanso en casa tras el partido?
La respuesta fue un recordatorio seco de la realidad competitiva.
“¿Sabes que tenemos otro partido de copa el martes, verdad?”, replicó el entrenador cuando un periodista insinuó la posibilidad de una escapada familiar.
No hay día libre. No hay pausa. No todavía.
Blessin detalló que el equipo pasaría la noche en Stuttgart y volaría de regreso al día siguiente. A partir de ahí, trabajo sin concesiones con la mirada puesta en el próximo reto: la visita a Karlsruher SC en la DFB-Pokal.
“Tenemos tres días para preparar Karlsruhe”, explicó. “Para repetir el mismo rendimiento, necesitamos una buena preparación. Por eso no habrá día libre”.
Aunque Karlsruhe quede a un corto viaje desde Stuttgart, el técnico quiere a sus jugadores de vuelta en su propio campo de entrenamiento en menos de 24 horas. La prioridad es clara: consolidar el primer paso, no recrearse en él.
La primera victoria de Blessin con Gladbach llegó en el escenario más emotivo posible, con su gente en la grada y una remontada que cambia el ánimo del vestuario. Pero el propio entrenador marcó la línea: los sentimientos no mandan el calendario. La temporada no se ha salvado con una noche en Stuttgart; apenas ha empezado a responder a una pregunta incómoda: ¿será este el punto de giro o solo un paréntesis en la lucha por la supervivencia?




