Waterford llega a la final con remontada y goleador estrella
Waterford viaja a la final de la Club Orange FAI Cup con algo más que ilusión. Llega con la certeza de pertenecer, de seguir siendo equipo de Premier Division, tras un 3-2 vibrante ante Shelbourne que selló la permanencia y confirmó a Tommy Lonergan como máximo artillero del campeonato con 16 tantos.
La amenaza del descenso era remota, casi matemática: Drogheda United necesitaba un giro de ocho goles para arrastrar a los Blues al play-off. Sobre el césped, sin embargo, Waterford no quiso vivir de cálculos. Goles de Evan McLaughlin, Pádraig Amond y el propio Lonergan disiparon cualquier sombra y convirtieron la tarde en una declaración de intenciones antes de medirse a Derry City el domingo.
Un golazo que enfría la fiesta
El plan de los visitantes se tambaleó muy pronto. A los ocho minutos, el capitán de Shels, Kerr McInroy, encendió Tolka Park con un derechazo de dibujos animados. La jugada nació por la izquierda: John Martin filtró un balón para Daniel Kelly, John Mahon pareció neutralizar el peligro, pero el rechace cayó a los pies de James Norris. El lateral levantó la cabeza, la puso atrás, al borde del área, y McInroy se perfiló con calma de veterano. Un gesto, el cuerpo abierto, y un disparo seco, cruzado, imposible para Stephen McMullan, directo a la red lateral.
Shelbourne olió sangre. Poco después, Martin tuvo el segundo en su cabeza tras un centro de Norris, pero dirigió su remate directamente a las manos del portero. Antes, Lonergan había bajado un balón para Conan Noonan, que conectó una volea tensa y bien dirigida, repelida con reflejos por Eddie Beach. El partido se abría, y la sensación era clara: si alguien mandaba, era el conjunto local.
Seán Moore dispuso de la ocasión más clara para ampliar la ventaja. El centro desde la derecha de Evan Caffrey cruzó toda el área, la zaga de Waterford midió mal, y el atacante se encontró con el arco abierto. Ajustó demasiado el disparo y la pelota se perdió rozando el poste. Un aviso que Shelbourne acabaría lamentando.
Waterford despierta a tiempo
La respuesta de los Blues llegó desde el caos. Un centro de Jorgen Vollas, aparentemente inocente, generó un barullo en el área pequeña. Rebotes, piernas, despejes fallidos. En medio de la melé, McLaughlin fue el más rápido: un toque corto, decidido, a dos metros de la línea. 1-1 y partido nuevo.
El gol cambió el pulso del encuentro. Shels siguió llegando, pero ya sin la misma claridad. Moore, de nuevo, tuvo el 2-1 en sus botas cuando Kelly recortó y puso un balón tenso al segundo palo; con todo a favor, el atacante pareció frenarse en el último instante, dejando escapar otra ocasión clarísima.
Tras el descanso, el castigo llegó con la firma de un especialista del área. Seis minutos después de la reanudación, Waterford dio la vuelta al marcador. Un balón largo de Benny Couto por la banda fue recogido por Lonergan, que giró sobre sí mismo con potencia y calidad. El nueve levantó la cabeza y sirvió un centro medido para su socio. Amond atacó el envío con toda la fe, se elevó y conectó un cabezazo demoledor. Beach tocó, pero no pudo frenar la potencia. 1-2.
El golpe dejó aturdido a Shelbourne. Mahon, central de Waterford, estuvo a punto de ampliar la ventaja con otro cabezazo, esta vez a centro de Vollas. Su remate en plancha obligó a Beach a una estirada espectacular a mano cambiada, una intervención que mantuvo con vida a los locales.
Lunney enciende el tramo final
Con el marcador en contra, John Russell decidió ir a por todas. Doble cambio ofensivo: Mipo Odubeko y Seán Boyd al campo, y un dibujo descarado, con cuatro hombres arriba. La apuesta tuvo efecto.
En el ecuador de la segunda parte, la combinación por la izquierda entre Moore y Jack Henry-Francis abrió una grieta en la defensa visitante. El mediocentro llegó a línea de fondo y puso el pase atrás, medido, para la llegada de JJ Lunney. Control orientado, interior del pie y un disparo suave, colocado, que se coló pegado al palo. Un gol precioso, más de caricia que de potencia, que devolvía el empate y la energía a la grada.
Shelbourne olió el 3-2. Boyd, recién ingresado, se lanzó sobre un centro profundo de Kelly desde la derecha, con McMullan a media salida, pero su remate se marchó desviado. Minutos después, el propio Odubeko probó desde unos 20 metros con un disparo raso y ajustado que obligó al guardameta de Waterford a estirarse abajo para desviarlo.
Los cambios también dieron aire a los visitantes. Luke Heeney y Dean McMenamy aportaron piernas frescas en el centro del campo, y una buena acción combinativa dejó a Noah Mawene con espacio al borde del área. El mediocentro buscó el ángulo con un golpeo curvado que se marchó por poco por encima del larguero.
Lonergan decide… y se corona
Cuando el empate parecía encaminado a cerrar la tarde, apareció el hombre del momento. Minuto 87. Joe Ashton, recién salido desde el banquillo por Vollas, encontró espacio por la derecha y levantó un centro tenso hacia el segundo palo. Lonergan se desmarcó con astucia, se soltó de su marcador y atacó el envío con determinación. Un giro de cuello, un toque sutil, lo justo para dirigir el balón fuera del alcance de Beach.
Gol. 2-3. Partido sentenciado. Y un título individual asegurado: máximo goleador de la Premier Division con 16 dianas.
Shelbourne lo intentó a la desesperada, empujando balones al área, pero Waterford ya no estaba dispuesto a ceder nada. Con la salvación asegurada y la moral disparada, los Blues pudieron por fin pensar en lo que viene: una final de copa ante Derry City y la oportunidad de cerrar la temporada con un trofeo.
Tras una noche así, la pregunta ya no es si Waterford está preparado para la cita. La cuestión es otra: ¿quién se atreve ahora a apostar contra un equipo que llega a la final ganando, remontando y con el máximo goleador del país en plena forma?




