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Anthony Davis: Un nuevo capítulo en Boston Celtics

Hace siete años, el relato estaba escrito casi de antemano. Anthony Davis era “el siguiente”. El heredero natural de LeBron James, el interior llamado a sostener la tradición dorada y púrpura de Los Angeles Lakers durante una década, a instalarse en el top 10 histórico de puntos y rebotes de la franquicia. Tenía 26 años, margen de crecimiento y un futuro que parecía trazado a rotulador grueso.

Unos 2600 días después, aquella narrativa ya es historia vieja. Hace casi 19 meses que Davis dejó de ocupar el centro de la conversación en el universo Laker. Aún más tiempo desde que el aficionado de los Lakers soltó, resignado, la idea de que el número 1 del Draft 2012 acabaría entre los cinco mejores jugadores que hayan vestido jamás el uniforme púrpura y oro.

Hoy, la realidad es muy distinta. Davis pertenece a Washington Wizards, después de aquel traspaso que sacudió la liga en febrero de 2025: Davis a Dallas Mavericks, Luka Doncic a Los Angeles. Un giro que rompió el mapa emocional de la NBA y que, visto con perspectiva, abrió una etapa nueva y mucho más incierta para el interior.

Y puede que su viaje todavía no haya terminado.

Un escenario de impacto: Davis vestido de verde

Washington está en reconstrucción. El proyecto mira al futuro, no a un contrato de casi 300 millones para un jugador de 33 años con un historial médico cargado. Davis, 10 veces All-Star, sigue siendo una superestrella cuando pisa la pista… pero también un riesgo enorme a largo plazo.

En paralelo, Boston Celtics ha perdido a Jaylen Brown en un traspaso difícil de digerir rumbo a Philadelphia 76ers y se ha quedado corto de centímetros y talento diferencial en la pintura. El perímetro sigue siendo de élite con Jayson Tatum al mando, pero el frontcourt pide ayuda a gritos.

Ahí entra la hipótesis que agita la imaginación de media liga: Anthony Davis como nuevo socio de Tatum en el TD Garden.

La operación teórica se dibuja así:

  • Wizards reciben: Paul George, Jordan Walsh, Baylor Scheierman y una segunda ronda de 2030 (vía Charlotte Hornets).
  • Celtics reciben: Anthony Davis.

Para Washington, el movimiento tiene lógica fría. Se libra del compromiso potencial de años y cientos de millones con un interior de 33 años propenso a las lesiones, y a cambio incorpora dos jóvenes en crecimiento como Scheierman y Walsh. Con el contrato de Paul George expirando en dos años, los Wizards podrían liberar más de 100 millones de su masa salarial y, al mismo tiempo, probar si alguno de esos jóvenes puede formar parte del núcleo ganador del futuro.

Boston, en cambio, apuesta por el presente inmediato. Davis es un talento de franquicia, un jugador que cambia el ecosistema de un equipo… siempre que esté sano. Ese es el gran “pero”, el que condiciona cualquier conversación sobre él. Aun así, la tentación es enorme: un cinco veces miembro de los equipos All-NBA, tres veces líder de la liga en tapones en temporada regular, capaz de dominar en ambos lados de la pista.

Para Tatum, significaría tener al fin un socio interior de calibre superestrella, algo que nunca ha disfrutado en su etapa en Boston. Si el físico de Davis aguanta un par de temporadas sin sobresaltos, los Celtics podrían sumar a uno de los mejores jugadores de la liga a un precio relativamente asumible en términos de activos, sobre todo tras la salida de Brown.

La apuesta es clara: arriesgar salud por techo competitivo. Y el techo, con un Davis sano, es de anillo.

El legado Laker: un pico altísimo, un final abrupto

El nombre de Davis todavía provoca emociones encontradas en Los Angeles. Muchos aficionados fruncieron el ceño cuando se anunció su salida… hasta que vieron quién llegaba a cambio. Eso no borra lo que significó su etapa angelina.

En 5 años y medio junto a LeBron James, Davis fue mucho más que un escudero. Sus números con los Lakers hablan solos: 24,8 puntos, 11 rebotes, 3,2 asistencias y 2,2 tapones por partido. Cuatro apariciones en el All-Star Game, dos inclusiones en los equipos All-NBA, dos presencias en el Mejor Quinteto Defensivo de la liga.

Y, sobre todo, un título.

El anillo de 2020 lleva su firma en letras grandes. En aquella burbuja, Davis fue un terror para los rivales en las dos mitades de la cancha, una combinación de tamaño, movilidad y toque que muy pocos podían igualar. En defensa, intimidación pura; en ataque, un repertorio que iba del poste bajo al triple decisivo. Ese fue su punto más alto, el momento en el que sí pareció, por un tiempo, el futuro indiscutible de la franquicia.

Con el paso de los años, las lesiones y la irregularidad fueron erosionando esa imagen. Pero si se mira solo el tramo Laker, sin el ruido posterior, la conclusión es nítida: Los Angeles exprimió a Davis en su apogeo. Le sacó su mejor baloncesto, el más dominante, el que justificaba todas las expectativas.

Ahora, mientras Washington calcula riesgos y Boston mide ambiciones, la pregunta vuelve a ponerse sobre la mesa: ¿queda todavía otra versión élite de Anthony Davis por aparecer, esta vez envuelta en verde y blanco?