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Baloncesto británico: Lions y la ambición de la NBA

Treinta años en los despachos dan perspectiva. Paul Blake, propietario de Newcastle Eagles y director de la Super League Basketball (SLB), lo resume sin rodeos: nunca había visto algo así. “Es definitivamente la liga más competitiva que he vivido en todo este tiempo”, asegura. Y no suena a tópico de pretemporada, sino a aviso.

La máxima categoría masculina del baloncesto británico arranca una campaña que se siente distinta. Más equipos, más talento, más escaparate internacional. Y un gigante que quiere comerse el mundo: London Lions.

Los Lions, de arrasar en casa a desafiar a la NBA

La temporada pasada, London Lions firmó un dominio casi insultante. Cuatro títulos, un pleno histórico: SLB Championship, SLB Playoffs, SLB Cup y SLB Trophy. Cuádruple doméstico. No dejaron nada sobre la mesa.

Ahora, el reto es otro. Mantener el trono en casa… mientras intentan abrir la puerta del escenario global.

El 12 de octubre, los Lions escribirán una línea inédita en la historia del baloncesto británico: serán el primer club del país en enfrentarse a una franquicia NBA, en un amistoso en Estados Unidos ante Portland Trail Blazers. No es solo un partido, es una declaración de intenciones.

“Quiero estar en la NBA desde que tenía seis años. Esto es lo más cerca que he estado nunca”, confiesa el director ejecutivo de los Lions, Lenz Balan. Sus palabras destilan ambición. “Es una señal muy importante en el mundo del baloncesto, en el deporte. Esta es la ambición. Estamos intentando ser uno de los mejores clubes del mundo”.

Antes de volar a Estados Unidos, la realidad es menos glamourosa pero igual de exigente: el viernes, estreno liguero en la pista de Bristol Flyers, en el inicio de la tercera temporada de la SLB masculina, nacida en 2024 tras la desaparición de la antigua British Basketball League.

La liga crece: de nueve a diez equipos con la llegada de Liverpool Basketball. Más plazas, más competencia, más batallas cada fin de semana. “La calidad de jugadores en la liga, de arriba abajo, es prácticamente el nivel más alto que hemos tenido”, insiste Blake. “Es extremadamente competitiva”.

Los Lions, mientras tanto, no solo miran a la NBA. Vuelven a la EuroCup por segundo año consecutivo, el segundo escalón europeo bajo el paraguas de la EuroLeague. Llegan con confianza tras derrotar en pretemporada a Paris Basketball, equipo de la propia EuroLeague, y con el objetivo claro de mejorar su discreto papel del curso pasado, cuando acabaron octavos de diez en la fase de grupos pese a ganar a los que luego serían subcampeones, Besiktas Gain.

Balan se agarra al mercado estival para creer en un salto adelante. Entre las incorporaciones, destaca la cesión de Keenan Evans, ganador de la EuroLeague 2025-26. Un nombre de peso para una plantilla que quiere competir de verdad en Europa. “Tenemos ambiciones de superar claramente lo del año pasado”, admite el ejecutivo. “Va a ser duro, pero estos son algunos de los mejores jugadores del mundo, y creo que la mayoría de la gente en Londres y en el Reino Unido reconoce el nivel de la competición en la que están”.

El mensaje es claro: trabajo, continuidad, visión. “Estamos muy centrados en ejecutar esa visión, en mejorar, y si seguimos haciéndolo, creo que vamos a conseguir buenos resultados”.

Manchester rompe barreras, Bristol se consolida en Europa

No solo los Lions empujan hacia arriba. La sensación de que algo se está moviendo en el baloncesto británico se alimenta de resultados concretos.

Manchester Basketball firmó esta semana un hito histórico: se convirtió en el primer equipo británico en ganar un partido de la ronda de clasificación de la Basketball Champions League de Fiba, al derrotar al conjunto alemán Wurzburg Baskets. No es un título, pero sí una puerta que se abre. Un mensaje a Europa: los clubes británicos ya no viajan solo a aprender.

Bristol Flyers, por su parte, repite presencia en la European North Basketball League (ENBL), torneo en el que el propio Manchester acabó subcampeón la pasada temporada. El mapa continental empieza a tener acentos británicos repartidos por varias competiciones, no solo en una aventura aislada.

La sensación general en los clubes de la SLB es de optimismo. No un optimismo ingenuo, sino sustentado en resultados, en mejores plantillas, en calendarios europeos que ya no se ven como un lujo, sino como un paso natural.

El espejo europeo y un ecosistema en ebullición

La SLB masculina no vive en una burbuja. El calendario local se cruza con viajes por el continente, con rivales de ligas asentadas, con pabellones llenos lejos de casa. Y, al mismo tiempo, con un desafío interno cada vez más duro.

El propio Blake lo resume con crudeza: “Sabemos que vamos a tener que pelear otra vez esta temporada”. Nada está garantizado, ni siquiera para unos Lions que vienen de arrasar. El margen de error se reduce, las sorpresas acechan, los proyectos se profesionalizan.

En ese contexto, el amistoso ante Portland Trail Blazers adquiere un simbolismo especial. No se trata de soñar con una victoria imposible, sino de mostrar que el baloncesto británico ya no se conforma con mirar la NBA por televisión. Quiere estar en la conversación.

El turno de ellas: SLBW y una oportunidad histórica

Quince días después del salto inicial de la SLB, llegará el de la SLBW, la competición femenina. El sábado 3 de octubre, Cardiff Met Archers recibirá a B Braun Sheffield Hatters, vigentes campeonas de liga y de playoffs. Un estreno con aroma de examen.

El caso de Cardiff dibuja a la perfección la realidad y el potencial del baloncesto femenino británico. Cuatro jugadoras tienen salario y cursan un máster en la universidad. El resto del vestuario mezcla becadas, estudiantes de posgrado y grado, y jugadoras que compaginan la pista con trabajos a tiempo completo. Un equilibrio precario, pero también una historia poderosa.

“Creo que hay una oportunidad de construir algo que la gente realmente quiera ver y seguir”, explica Stef Collins, entrenadora de Archers y exjugadora olímpica con Gran Bretaña en Londres 2012. Su mirada va mucho más allá del siguiente partido. “El baloncesto femenino ha demostrado lo que es posible a nivel internacional, especialmente con el crecimiento que estamos viendo en ligas como la WNBA y la NCAA College Basketball”.

Collins mira a Berlín como referencia reciente. Allí, Estados Unidos conquistó su quinto título consecutivo en la Copa del Mundo femenina, en un torneo que batió récords: más de 230.000 aficionados en las gradas, la edición más concurrida de la era moderna. No es solo una cifra, es un argumento.

“Para mí, también se trata de contar las historias de las jugadoras”, insiste. “No son solo jugadoras de baloncesto: son estudiantes, profesionales, atletas internacionales, modelos a seguir. Si podemos mostrar eso de la manera adecuada, creo que hay un futuro muy emocionante para la Super League”.

El modelo WNBA como hoja de ruta

El ejemplo está claro. La WNBA, equivalente femenina independiente de la NBA en Norteamérica, se ha convertido en una de las grandes pioneras del deporte femenino a nivel global. Su impacto ya no se mide solo en pabellones, también en pantallas.

En 2025, los clips de la WNBA superaron los mil millones de visualizaciones en Instagram, lo que la convirtió en la liga femenina más seguida del mundo en esa plataforma. Ese dato, que hace unos años habría parecido ciencia ficción, hoy sirve de brújula para ligas emergentes como la SLBW.

“La WNBA es un muy buen ejemplo de lo que pasa cuando le das al baloncesto femenino una plataforma y haces visibles a las jugadoras y sus historias”, reflexiona Collins. Pero su lectura va más allá del juego. “El deporte femenino ha demostrado que los aficionados quieren conectar con las atletas, con sus personalidades y sus historias”.

La entrenadora lanza un reto directo al ecosistema británico: “No deberíamos tener miedo de promocionar el baloncesto femenino de manera diferente y permitir que nuestras jugadoras sean ellas mismas”.

Mientras los Lions afinan el salto a la pista de Portland y los clubes británicos se asientan poco a poco en Europa, la pregunta ya no es si el baloncesto del Reino Unido puede crecer, sino hasta dónde se atreverá a llegar.