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Sophie Cunningham y el anuncio de Sydney Sweeney

Sophie Cunningham baja el ruido en la polémica por el anuncio de Sydney Sweeney

Durante una semana, buena parte del debate en torno al deporte femenino no giró sobre una jugada, un título o una hazaña, sino sobre un anuncio de apuestas. Concretamente, sobre Sydney Sweeney y una campaña en la que la actriz aparece desnuda promocionando una casa de apuestas, lo que desató críticas de muchas deportistas que consideran que ese tipo de imágenes “retroceden décadas” en la lucha por el respeto hacia las mujeres en el deporte.

En medio del incendio, apareció una voz distinta: Sophie Cunningham.

La escolta de la WNBA, que se ha ganado fama de hablar sin rodeos, utilizó su renovado pódcast, “No Hesitation”, para poner el contexto en su sitio y rebajar el tono del drama.

“¿Por qué están enojadas las chicas?”, lanzó Cunningham, sin anestesia. “Eso es literalmente lo que ella hace. ¿Por qué alguien está enojado? Es un anuncio de apuestas: hombres, deporte, mujeres desnudas. Por supuesto que eso va a llamar la atención”.

La jugadora no se detuvo ahí. “¿Estoy de acuerdo con eso? Moralmente, me parece un poco raro, pero cada una con lo suyo. Ve y haz lo tuyo, sis”.

Un anuncio de apuestas, no un manifiesto sobre deporte femenino

El punto de Cunningham es sencillo: el anuncio no pretende hablar de deporte femenino ni representarlo. Es marketing puro y duro, dirigido a un público muy concreto.

El propio CEO de Novig, Jacob Fortinsky, explicó que la campaña nació directamente de la mente de Sydney Sweeney. Fue ella quien propuso el enfoque, las imágenes y el tono. “Realmente fue Sydney quien impulsó gran parte de lo visual y el mensaje”, señaló en un panel reciente, subrayando que la empresa se declara “enormemente partidaria del deporte femenino” y que nunca quiso “retratarlos” con ese anuncio.

Para Cunningham, ahí está la clave. No es un anuncio sobre baloncesto femenino. Es un anuncio sobre apuestas. Como casi todos los que inundan hoy el ecosistema deportivo.

Sweeney y su socio de pódcast, Drew Hanlen, también apuntaron al mismo objetivo: el apostador medio. Hanlen estimó que en torno al 75% de quienes apuestan en deporte son hombres. El articulista que recoge las palabras de Cunningham incluso eleva ese porcentaje mentalmente al 90 o 95%. El dato exacto puede discutirse, pero el destinatario del mensaje publicitario está claro.

Y, desde el punto de vista del impacto, funcionó.

“Screw it, que esa chica haga lo suyo”

Cunningham no ignora la sensibilidad de muchas compañeras. De hecho, reconoce que la primera impresión del anuncio puede ser incómoda para quienes llevan años peleando por visibilidad y respeto en canchas y pistas.

“Puedo entender que cuando ves ese anuncio por primera vez pueda como desinflar a las mujeres, porque es como: hemos trabajado tan duro para conseguir un poco de respeto aquí”, admitió. La frase resume el choque: la imagen hipersexualizada frente al esfuerzo por construir una identidad deportiva sólida y autónoma.

Pero ahí Cunningham cambia el paso. “Cuando realmente lo piensas, es como: al diablo, que esa chica haga lo suyo. Esto no tiene nada que ver con nosotras”.

Para la jugadora, el foco del deporte femenino está en otro sitio. “Al final del día, realmente me encanta ver a todas estas chicas que son poderosas, fuertes, mostrando a las niñas pequeñas cómo es ser una atleta”, explicó. Esa es la imagen que le importa proteger y amplificar.

Por eso, no ve el anuncio como un ataque frontal a las deportistas: “No creo que el anuncio fuera contra las mujeres en el deporte”.

Una voz distinta en medio del ruido

En un entorno en el que cada gesto de una figura pública se analiza como si fuera un manifiesto político, la postura de Cunningham destaca por su sencillez: separar el negocio de las apuestas, el estilo personal de una actriz y la batalla diaria de las atletas por ganar espacio y respeto.

No defiende el anuncio. Tampoco lo convierte en una cruzada. Marca distancia moral, pero no pretende dictar normas de conducta a Sweeney. Y, sobre todo, se niega a que una campaña publicitaria defina el relato del deporte femenino.

Mientras el debate en redes se enreda entre acusaciones de “retroceso” y defensas a ultranza de la libertad individual, Cunningham se coloca en un punto intermedio poco habitual: crítica, pero pragmática; incómoda, pero no alarmista.

Otra vez, la escolta de la WNBA vuelve a ser la voz que desactiva el drama. Y lo hace recordando algo básico: la imagen de las mujeres en el deporte no se juega en un solo anuncio, sino cada día, en cada pista, con cada niña que ve en una atleta un modelo de fuerza y ambición.