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Boris Becker cierra la puerta a Alexander Zverev

Boris Becker cierra la puerta a Alexander Zverev: “Tengo que ser el jefe en el ring”

Alexander Zverev ya habita, por derecho propio, en el panteón del tenis alemán. Su 2026 lo cambia todo: Roland Garros, US Open, número uno del mundo y solo una final perdida en Wimbledon en medio de esa tormenta perfecta de resultados. El año en el que dejó de ser promesa eterna para convertirse en campeón de Grand Slam.

Con ese currículum, en la historia del tenis masculino alemán solo Boris Becker presenta un palmarés más pesado. Y no deja de tener ironía que sea precisamente Becker, figura tutelar y colaborador intermitente del equipo de Zverev, quien marque ahora una línea roja nítida: con Alexander, nunca más.

Becker baja la persiana

En una entrevista con Der Spiegel, al alemán le preguntaron si se plantearía volver a entrenar a Zverev. No titubeó. Su respuesta fue un portazo.

“Yo tengo que ser el jefe en el ring. Si entonces un miembro de la familia tiene una opinión diferente, en un idioma que no entiendo, en este caso ruso, entonces es inaceptable”.

La frase destapa lo que durante años se intuía en los gestos del box de Zverev: tensiones, voces cruzadas, demasiados mandos para una sola nave. Becker lo explica a su manera, con la crudeza del que ya no tiene nada que demostrar.

“Estuve en su box en muchos partidos, estuve en la pista de entrenamiento y le apoyé activamente”, recuerda. No habla de una colaboración simbólica, sino de trabajo diario, de presencia constante.

Generaciones que chocan

Becker no oculta que la relación ha tenido curvas.

“Hemos tenido nuestros altibajos. Soy 30 años mayor que él; tengo hijos de su edad. A estos jóvenes hay que decirles a veces lo que no quieren oír”.

Ahí aparece el viejo campeón, el que sabe lo que pesa ganar un Grand Slam con 17 años y también lo que cuesta sostener una carrera en la élite. No se trata de gustar, se trata de exigir.

“Eso puede motivarles aún más; piensan: ‘¿De qué habla este? Ya le enseñaré yo a ese viejo’. Está bien. Lo principal es que gane. Y este año lo hizo”.

La frase final es un reconocimiento rotundo al salto competitivo de Zverev en 2026. Ganó. Y mucho. Lo suficiente como para que su nombre ya se pronuncie, sin rubor, en la misma frase que el de Becker cuando se habla de grandeza en clave alemana.

Puerta cerrada a Zverev, abierta al circuito

Que Becker descarte volver con Zverev no significa que haya colgado la pizarra. Ni mucho menos.

“Ha habido varias consultas; ¡por supuesto que no mencionaré nombres! Ya veremos qué pasa el año que viene”, desliza sobre un posible regreso a tiempo completo al circuito ATP.

El mensaje es claro: Becker sigue siendo un técnico cotizado y escucha ofertas. Solo que el camino con Zverev, por ahora, se ha agotado.

Paradójicamente, el mismo hombre que lo coloca ya a la altura de los más grandes de su país mantiene con él una relación que no termina de encajar. Zverev ha conquistado por fin los grandes escenarios; Becker, desde la distancia, observa, elogia… y deja claro que, si vuelve al banquillo, será con otra raqueta a su lado.