Brendan Taylor rompe récord de longevidad en ODI superando a Tendulkar
En Harare, en un martes cualquiera que ya es historia para el cricket, Brendan Taylor cruzó una frontera reservada a los gigantes. El veterano de Zimbabue se convirtió en el jugador con la carrera más larga en la historia de los ODI masculinos al salir al campo en el primer duelo de la serie contra Australia, superando nada menos que a Sachin Tendulkar.
No hizo falta un gran discurso ni un acto ceremonial. Bastó con que Taylor, a sus 40 años, volviera a ajustarse los guantes, cruzara la línea y se colocara en posición. Con ese simple gesto, su carrera en ODI pasó a abarcar 22 años y cuatro meses, un mes más que los 22 años y tres meses que duró la de Tendulkar, quien se retiró del formato en 2012.
El récord de longevidad cambia de manos. El trono estadístico, no tanto. Tendulkar sigue siendo el dueño de las cifras más descomunales del formato: 18.426 carreras y 463 partidos, marcas que todavía se sienten casi inalcanzables. Pero en la dimensión del tiempo, del aguante, de la capacidad de volver una y otra vez, ahora manda Taylor.
Una carrera marcada por golpes, caídas y regreso
Taylor debutó en ODI en 2004. Desde entonces se ha convertido en uno de los grandes bateadores de la historia de Zimbabue. Antes del partido de este martes, acumulaba 11 siglos en ODI, un récord nacional, en 207 encuentros. No es solo un símbolo; ha sido producción pura en una selección acostumbrada a vivir en el alambre competitivo.
Su historia, sin embargo, no es lineal ni limpia. En 2021 anunció su retirada del cricket internacional. Parecía el cierre lógico de una trayectoria extensa, castigada por el desgaste y por los vaivenes de un equipo que rara vez ha tenido estabilidad.
Un año después, la caída: una sanción de tres años y medio por violar los códigos Anticorrupción y Antidopaje del ICC. Fuera de los focos, apartado del juego, Taylor quedó congelado en un paréntesis incómodo, con más sombras que respuestas públicas.
Cumplida la suspensión, el guion dio un giro que pocos se atreven a intentar. En 2025, decidió volver. Zimbabue empezaba a trazar el camino hacia el Mundial de ODI de 2027, que coorganizará con Sudáfrica y Namibia, y el regreso de uno de sus referentes históricos encajaba tanto en lo emocional como en lo deportivo. Taylor, otra vez en el once, con el mismo apellido en la camiseta, pero con una historia mucho más pesada a la espalda.
Harare, 12 años después: Australia vuelve y el tiempo se dobla
Mientras Taylor hacía historia con su mera presencia, el partido también traía su propia carga simbólica. Australia regresaba a disputar un ODI en Zimbabue por primera vez en 12 años. El capitán Mitchell Marsh ganó el sorteo y eligió batear, decisión clásica de un equipo que quiere marcar territorio desde el inicio.
La alineación australiana mezclaba experiencia y renovación: Mitchell Marsh al mando, acompañado por Travis Head, Cooper Connolly, Josh Inglis, Alex Carey, Matt Renshaw, Ollie Peake, Xavier Bartlett, Nathan Ellis, Adam Zampa y Spencer Johnson. Un bloque que refleja el relevo generacional, pero con un hilo que conecta pasado y presente.
Marsh es uno de los tres supervivientes de aquel último ODI en suelo zimbabuense, disputado en 2014 y ganado por el equipo local. Los otros dos estaban enfrente: Sikandar Raza y Brendan Taylor. Tres nombres, dos camisetas, un mismo recuerdo. En Harare, el tiempo parecía plegarse: el estadio veía a los mismos protagonistas, pero en contextos radicalmente distintos.
Zimbabue, por su parte, apostó por Brian Bennett, Ben Curran, Innocent Kaia, Brendan Taylor, Craig Ervine, Sikandar Raza como capitán, Wessly Madhevere, Brad Evans, Newman Nyamhuri, Wellington Masakadza y Blessing Muzarabani. Una mezcla de juventud, oficio y un par de veteranos que conocen bien lo que significa tumbar a una potencia como Australia.
Un récord que mira hacia 2027
La marca que hoy firma Taylor no se mide solo en años. Se mide en resistencia, en la capacidad de regresar tras una sanción devastadora, en asumir el peso de un pasado polémico y aun así ponerse otra vez al servicio de una selección que sueña con ser algo más que un invitado incómodo en las grandes citas.
Con el Mundial de 2027 en el horizonte y Zimbabue en rol de coanfitrión, la figura de Taylor adquiere un matiz distinto. Ya no es únicamente el gran bateador de una generación. Es también el puente entre la era de supervivencia y la posibilidad de un futuro más estable.
El récord de Tendulkar ha caído en el terreno de la longevidad. La pregunta ahora es otra: ¿hasta dónde puede estirar Brendan Taylor esta segunda vida en el cricket y qué huella dejará Zimbabue cuando llegue ese Mundial en casa?




