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Caitlin Clark y Angel Reese: Rivalidad y Complicidad en Team USA

Duró apenas unos segundos, pero dijo mucho sobre cómo está mutando la relación entre Caitlin Clark y Angel Reese mientras persiguen juntas el oro con Team USA. Reese hablaba en directo con una periodista cuando Clark, distraída, cruzó por el plano, se metió entre la jugadora y la reportera y tapó la cámara. Clark reaccionó al instante: “sorry”. Nada de gesto torcido por parte de Reese. Al contrario: mano extendida, casi imperceptible, y respuesta inmediata de Clark con un “high five” rápido, cómplice.

Un detalle mínimo. Un mensaje enorme.

De las canchas AAU al escaparate mundial

La historia entre ambas empezó mucho antes de los pabellones llenos de la WNBA y de los debates nacionales. En el circuito AAU ya se cruzaban como dos fuerzas destinadas a chocar una y otra vez. En la final del Nike EYBL de 2019, Reese firmó 18 puntos y 11 rebotes para guiar a Team Takeover ante All Iowa Attack, el equipo de Clark, que se fue hasta los 22 puntos y siete asistencias.

Aquella fue solo la primera página. El siguiente capítulo llegó en la NCAA, con Reese en Maryland y Clark en Iowa. Pero el duelo que convirtió su rivalidad en fenómeno nacional fue el de 2023, en la final del campeonato universitario. LSU derrotó a Iowa por 102-85, y en los segundos finales Reese persiguió a Clark por la pista con el gesto de “you can’t see me” y señalando su dedo anular, como si ya se midiera el anillo.

La imagen dio la vuelta al país. Reese quedó encasillada como la villana. Clark, en la otra esquina del relato, como la estrella a la que se había provocado. Un cruce competitivo entre dos jóvenes acabó convertido en un debate cargado de emociones, con tintes culturales y sociales. Clark, sin embargo, salió en defensa de Reese en cuanto se apagaron los focos del partido.

“No creo que Angel deba ser criticada en absoluto”, dijo tras la final. Recordó que ella misma había usado el mismo gesto durante el torneo y subrayó que el trash talk forma parte de lo que hace entretenido al baloncesto. Un mensaje claro: esto va de competir, no de demonizar.

Un año después, el destino las volvió a poner frente a frente en el Elite Eight de 2024. Esta vez, Clark respondió con una actuación monumental: 41 puntos y 12 asistencias en la victoria de Iowa por 94-87 sobre LSU. Reese contestó con 17 puntos y 20 rebotes. Una exhibición por cabeza, una victoria inolvidable para cada una en el mayor escenario universitario. Tablas en el relato deportivo, combustible para la narrativa.

De rivales de culto a fenómeno WNBA

Su historia no se quedó en la NCAA. Se mudó, ampliada, a la WNBA. Clark fue elegida número uno del draft por Indiana Fever; Reese, número siete en 2024. Cada enfrentamiento entre ambas se convirtió en cita obligada. Cada falta, cada mirada, cada reacción, diseccionadas al milímetro como prueba de una supuesta animadversión personal.

En su segundo duelo profesional, Reese golpeó en la cabeza a Clark intentando taponar un tiro y los árbitros señalaron falta flagrante. La escena voló en redes. Clark se negó a inflar el incidente: lo calificó como “parte del baloncesto”. Reese coincidió, la definió también como una acción puramente deportiva y, con lucidez, anticipó que la repetición se vería una y otra vez.

En medio del ruido, llegó el primer ensayo de lo que podían ser juntas.

En el All-Star Game de 2024, Clark y Reese compartieron vestuario en Team WNBA y firmaron una victoria de impacto ante la selección olímpica de Estados Unidos por 117-109. Clark repartió 10 asistencias; Reese se convirtió en la primera rookie en lograr un doble-doble en un All-Star, con 12 puntos y 11 rebotes. Una de esas asistencias de Clark acabó en bandeja de Reese y, acto seguido, en otro “high five” de celebración.

La tregua, sin embargo, no se trasladó automáticamente a la temporada siguiente. En el partido inaugural de la WNBA 2025, Clark cometió una falta dura sobre Reese que se revisó y se elevó a flagrante 1. Reese la encaró de inmediato, y Aliyah Boston tuvo que interponerse. Las imágenes, de nuevo, incendiaron las redes. Y, otra vez, las protagonistas se esforzaron por apagar el fuego. Clark insistió en que no había mala intención. Reese resumió la jugada en dos palabras: “Basketball play”.

Ahí está la gran contradicción de su relación. Compiten como si no se soportaran, mientras repiten una y otra vez que la rivalidad no es personal. Reese ha llegado a decir que le encanta que puedan “pelear en la pista y seguir estando cool después”. Clark ha admitido que no son mejores amigas, pero ha remarcado siempre el respeto mutuo.

Del choque frontal al engranaje perfecto con Team USA

Su llegada conjunta a la selección absoluta ha permitido que ese respeto se vea, no solo se escuche. En el torneo de clasificación al Mundial en Puerto Rico, Clark encontró a Reese bajo el aro con una asistencia limpia, un destello de cómo pueden encajar dos talentos que parecen opuestos: una base generacional, una interior dominante.

En el Mundial de Berlín, esas fortalezas han sido clave para mantener invicto a Team USA. Clark abrió el torneo con 14 puntos y 11 asistencias ante China, dirigiendo el ataque con la naturalidad de quien lleva años en ese escenario. Reese se fajó contra un juego interior mucho más grande y capturó nueve rebotes, imponiendo físico y carácter.

Frente a Czechia, el guion se repitió con matices. Reese firmó 13 puntos, Clark añadió nueve puntos y siete asistencias en un contundente 105-64. Números que, más allá de las estadísticas, hablan de algo más importante: dos jugadoras que aprendieron a definirse la una contra la otra empiezan ahora a definirse juntas.

La imagen de Berlín ya no es la de un gesto de burla en una final universitaria, ni la de una falta flagrante repetida en bucle. Es la de una mano que se alarga en mitad de una entrevista, un “high five” rápido y natural, y dos rivales que han entendido que, para llegar a lo más alto, a veces hay que compartir el mismo lado del tablero. La pregunta ya no es cuánto se necesitan la una a la otra para ganar. Es cuánto pueden cambiar el juego si siguen empujando en la misma dirección.