Camille Spaccarotella: la primera surfista de Singapur en los Juegos Asiáticos
En un país donde el mar casi nunca rompe, una surfista de 21 años se prepara para subirse a la ola más grande de su vida. Camille Spaccarotella será la primera representante de Singapur en competir en surf en unos Juegos Asiáticos, y no viaja a Japón solo para hacer historia: quiere una medalla.
El surf debutará en el programa de los Juegos Asiáticos en Tahara, Japón, a partir del 25 de septiembre. Allí, frente a las potencias regionales como Japón e Indonesia, aparecerá la figura singular de una singapurense que se formó lejos de casa, persiguiendo marejadas que su país no tiene.
De un viaje familiar a una carrera deportiva
Todo empezó hace una década, en unas vacaciones familiares en Bali. Un pasatiempo de playa, una tabla alquilada, el juego de ponerse de pie sobre la espuma. Nada que hiciera pensar en un futuro olímpico continental. Pero la sensación de deslizarse sobre la pared de agua se quedó con ella.
Lo que era ocio se volvió obsesión. Y después, disciplina.
Su primer contacto con la competición, sin embargo, fue un baño de realidad.
“Mi primera competición fue en 2020, pero no era algo muy serio”, recuerda Spaccarotella. El problema no fue el nivel del torneo, sino los nervios. Entró al agua bloqueada. No logró atrapar ni una sola ola en su manga. Salió pensando que quizá aquello no era para ella.
Pasaron un par de años. Volvió a intentarlo, otra vez en Bali, esta vez en un evento local. El resultado cambió: terminó tercera. Esa pequeña subida al podio local encendió algo distinto. La idea de que sí podía competir. De que el surf no tenía por qué quedarse en un recuerdo de vacaciones.
Bali como casa, el Índico como aula
El siguiente gran paso llegó en junio de 2023. Spaccarotella vistió por primera vez los colores de Singapur en el Asian Surfing Championships en Maldivas. Rozó el podio. Se quedó cerca, lo suficiente para entender que pertenecía a ese nivel.
Para llegar ahí tuvo que aceptar una realidad incómoda: en Singapur casi no hay olas entrenables. No hay playas con rompientes constantes. No hay esa rutina de mareas y swells que moldea a los surfistas desde niños.
La solución estaba donde todo había empezado: Bali. La isla indonesia se convirtió en su base de operaciones. Pasa allí hasta cuatro meses al año, sumando horas en el agua, afinando maniobras, leyendo picos y corrientes, midiéndose a diario con un mar que no perdona distracciones.
Su calendario la ha llevado también a competir en India, Corea del Sur y Filipinas. Cada viaje, una lección. Cada serie, un examen contra rivales con más años de experiencia y más campeonatos a sus espaldas.
“Cambió no solo la forma en que surfeaba y cómo afrontaba el surf, sino que también me permitió descubrir más partes del mundo y conectar con diferentes personas de la comunidad surf”, explica. En esos circuitos regionales ha encontrado algo más que rivales: mentores. “Llevan años compitiendo, han acumulado mucha experiencia y conocimiento, y estaban muy dispuestos a compartir lo que habían aprendido”.
Primera singapurense en los Juegos Asiáticos
En 2024 llegó la confirmación de que su apuesta por vivir entre aeropuertos y marejadas había valido la pena. Spaccarotella se convirtió en la primera surfista de Singapur en clasificarse para unos Juegos Asiáticos.
No viaja a Tahara para hacer turismo competitivo. Tiene claro su objetivo.
“Quiero terminar en el podio. Ese es mi objetivo”, admite sin rodeos. Pero no se queda ahí. Sabe que, pase lo que pase en Japón, esta cita marca un antes y un después en su carrera: “Al mismo tiempo, tengo que reconocer que es un paso enorme en mi trayectoria deportiva y estoy muy agradecida por ello”.
La exigencia será máxima. Japón y Indonesia, con tradición, infraestructura y generaciones enteras formadas en la orilla, parten como favoritas. Spaccarotella llega desde un país donde el surf todavía es una rareza, pero también sin el peso de la historia ni de la obligación. Una outsider con ambición.
Hacer crecer el surf donde casi no hay olas
Su mirada, sin embargo, va más allá de su propia tabla. Lo que haga en Japón puede ser un punto de inflexión para el surf en Singapur.
El gran obstáculo está claro: la falta de olas consistentes, comparables a las del océano abierto. Sin ese laboratorio natural, es difícil formar cantera, crear cultura, enganchar a niños y niñas al deporte.
Spaccarotella ve una salida tecnológica. Cree que un wave pool diseñado para generar olas de calidad oceánica podría cambiar el mapa. Y no es una teoría al aire: señala a Corea del Sur como ejemplo de cómo una infraestructura de este tipo puede impulsar el nivel de un país sin abundantes rompientes naturales.
“Lo siguiente sería traer una piscina de olas adecuada que genere olas como las del océano, y eso es lo que creo que atraerá a una nueva generación de surfistas aquí”, afirma. En su visión, no se trata solo de entrenar a la élite, sino de abrir la puerta a cualquiera que quiera probar. “Podría cambiar el juego por completo… y más gente estaría dispuesta a intentar este deporte”.
Mientras tanto, ella sigue haciendo maletas, persiguiendo marejadas lejos de casa, cargando con la bandera de un país que aún no tiene olas, pero ya tiene a su primera surfista en los Juegos Asiáticos. La próxima gran serie romperá en Tahara. Y ahí, entre banderas de potencias históricas, una tabla llevará el rojo y blanco de Singapur hacia una ola que nadie más ha surfeado antes.




