Canelo Álvarez regresa y recupera el título mundial en Riad
Riad – Veintiún años de carrera, cientos de millones ganados, un lugar asegurado entre los grandes de todos los tiempos. Nada de eso ha apagado el hambre de Saúl “Canelo” Álvarez.
En la noche del 31 de octubre, en una ciudad en tensión por misiles y drones interceptados en los días previos, el mexicano volvió al lugar donde se siente más vivo: un cuadrilátero de apenas 25 metros cuadrados. Allí recuperó el título mundial con una victoria clara por decisión unánime sobre Christian Mbilli, y recordó al mundo por qué su nombre sigue pesando tanto.
Un campeón que no se cansa
Riad venía de una semana marcada por comunicados militares y cancelaciones. La coalición liderada por Arabia Saudita había anunciado la interceptación de misiles y drones de los hutíes alineados con Irán, y varios eventos se suspendieron o aplazaron, incluido el Six Kings Slam de tenis. La velada de Canelo, no. El boxeo, una vez más, avanzó entre la incertidumbre.
A sus 36 años, y tras más de un año sin pelear, Álvarez regresó con el libreto que lo ha definido: contraataque quirúrgico, golpes al cuerpo que van minando, y una lectura del tiempo y la distancia que pocos en el planeta conservan. Los jueces lo vieron con claridad: 115-112, 116-111 y 117-110.
“Es algo increíble. Se siente como mi primer título. Ahora, después de 21 años como profesional, hace 16 años gané mi primer título. Ahora gané ese título otra vez. Estoy muy orgulloso de mi equipo”, dijo Canelo tras el fallo. No sonaba a frase hecha. Sonaba a desahogo.
Y remató con la declaración que lo explica todo: “Amo el boxeo. Por eso estoy aquí, porque todavía amo el boxeo y lo disfruto mucho”.
La presión de Mbilli, el temple de Canelo
Christian Mbilli llegaba con un récord de 29 victorias y un empate, un campeón francés de alta presión, volumen de golpes y una fe ciega en su ritmo. Salió a morder desde el primer asalto, decidido a incomodar al ídolo mexicano, a empujarlo a un intercambio constante.
La pelea, sin embargo, se inclinó hacia quien golpeó mejor, no hacia quien golpeó más. Canelo eligió sus momentos, castigó abajo, esperó errores. En el séptimo asalto, la noche dejó una de sus postales: un uppercut seco del mexicano que hizo tambalear a Mbilli, prueba de que la puntería sigue intacta aunque el calendario avance.
El francés no dejó de insistir. Su presión fue real, su orgullo también. Pero cada vez que intentó cambiar la historia a base de volumen, Álvarez le respondió con precisión. Y en peleas de este nivel, la precisión manda.
Redención tras Crawford
Esta victoria tiene un peso especial en la trayectoria de Canelo. En septiembre de 2025, el mexicano había sufrido apenas la tercera derrota de su carrera profesional, cuando el estadounidense Terence Crawford lo superó por decisión unánime y le arrebató la corona indiscutida del peso supermediano, los cuatro grandes cinturones de la división.
Aquella noche cerró una era. Esta, en Riad, abrió otra.
Entre ambas fechas, el tablero de la categoría también se movió. Mbilli, de 31 años y nacido en Camerún, había sido elevado a campeón absoluto del WBC tras la salida de Crawford de la división, después de haber ostentado el título interino. En la misma velada del choque Álvarez-Crawford, había empatado en decisión dividida con Lester Martinez, frenando una racha de 29 victorias consecutivas.
Llegaba a Riad con una sola mancha en su hoja de servicio. Salió con la primera derrota de su carrera.
Canelo, en cambio, dejó la capital saudí con un registro de 64 triunfos, tres derrotas y dos empates, un nuevo cinturón en la maleta y la sensación de que, pese a los años, su historia en la élite está lejos de terminar.
El hambre, está claro, no se mide en títulos. Y mientras él siga entrando a un ring con esa mirada, la pregunta no es cuánto le queda, sino quién se atreverá a discutirle el trono.



