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Canelo Álvarez regresa al campeonato en Riad

Saúl Canelo Álvarez volvió a ser campeón del mundo. No con fuegos artificiales ni con un nocaut brutal, sino con algo aún más contundente: una clase magistral de boxeo en Riad para arrebatarle el cinturón supermedio del WBC a Christian Mbilli.

Un año después de perder sus títulos ante Terence Crawford y de escuchar durante meses que su mejor versión ya era pasado, el mexicano respondió donde siempre ha sabido hacerlo: bajo las luces, con guantes puestos y jueces convencidos. Fallo unánime, sin discusión: 115–112, 116–111, 117–110.

El veterano que no se rinde

A sus 36 años y en su pelea profesional número 69, Canelo no salió a demostrar que es el más fuerte. Salió a recordar que sigue siendo el más completo. Defensa fina, cintura suelta, lectura quirúrgica de los tiempos. Cada error de Mbilli tuvo respuesta.

El camerunés, de 31 años, invicto hasta esta noche con 30 victorias, llegó a Arabia Saudí para defender por primera vez el título que el WBC le había otorgado en enero. Se encontró con algo muy distinto a un aspirante hambriento: se topó con un cuatro veces campeón del mundo en diferentes divisiones decidido a recuperar su lugar.

Fue la victoria número 64 de la carrera de Álvarez. Otra muesca en un historial ya legendario. Para Mbilli, la primera mancha en su récord de 31 combates.

Riad, misiles en el cielo y boxeo en el ring

La pelea se celebró en un contexto que habría hecho dudar a cualquier organizador. En los días previos, la tensión en la región creció con fuerza por el conflicto entre Arabia Saudí y el movimiento hutí de Yemen.

Apenas 48 horas antes del combate, la agencia de prensa saudí informó de la interceptación de dos misiles balísticos sobre Riad por parte de la Defensa Civil. A principios de octubre, un ataque con misil en el aeropuerto internacional King Khalid había dejado 13 muertos y más de 300 heridos.

Otros grandes eventos deportivos en el país se cancelaron: el torneo de exhibición de tenis The Six Kings Slam, la última ronda del World Rally Championship 2026, el Mundial de Ciclismo Urbano 2026. El boxeo y los deportes de combate, sin embargo, siguieron adelante. En medio de ese escenario tenso, dos hombres subieron al ring como si nada más existiera.

Mbilli aprieta, Canelo responde

Mbilli arrancó como debía hacerlo un campeón cuestionado: agresivo, lanzando volumen, acorralando a Canelo contra las cuerdas. El retador mexicano, sin título por primera vez desde 2015, lo esperó con paciencia casi desafiante.

Cuando las manos del camerunés se estrellaban en los guantes o en los hombros, Canelo negaba con la cabeza, como si quisiera decirle que aquello no bastaba. Lo invitaba a seguir, a abrirse un poco más.

El patrón quedó claro muy pronto: Mbilli tiraba más golpes, pero los golpes que dolían salían de los puños de Álvarez. En el sexto asalto, un par de uppercuts de derecha limpios sacudieron al campeón y marcaron el tono de la segunda mitad de la pelea.

Castigo, sanción y control

La presión de Mbilli nunca desapareció, pero empezó a volverse predecible. Canelo lo leyó con frialdad, retrocediendo lo justo, girando, contragolpeando con precisión. El camerunés trabajaba, pero su trabajo era, en gran medida, ineficaz.

Para colmo, el árbitro le restó un punto a Mbilli por golpes en la nuca. Un castigo que, ante un rival del nivel y la experiencia de Álvarez, pesa como una losa. A partir de ahí, el mexicano manejó la distancia y el ritmo con una calma casi insultante.

Mbilli siguió avanzando, fiel a su estilo, pero ya sin la misma amenaza. Canelo, con la guardia alta y la mirada fría, lo fue desarmando asalto tras asalto.

Un campeón que aún ve camino por delante

En los últimos compases, Mbilli consiguió conectar un par de derechas duras, más por orgullo que por esperanza real de remontar. Álvarez las encajó, ajustó la guardia y volvió a su plan. Su defensa, su tiempo de reacción y su selección de golpes marcaron la diferencia durante toda la noche.

Al sonar la campana final, no hubo misterio. Los jueces reflejaron en las tarjetas lo que se había visto sobre el ring: un Canelo superior, dueño de la pelea, otra vez campeón del mundo supermedio del WBC.

Emocionado, el mexicano resumió lo que significaba este cinturón para él: como volver al inicio, como regresar al primer título después de más de tres décadas de carrera profesional y 16 años desde aquella primera corona. Orgullo puro, sin necesidad de adornos.

No dio nombres sobre su próximo rival. No lanzó desafíos. Prefirió hablar de trabajo: descansar unas semanas, volver al gimnasio, seguir aprendiendo, seguir entrenando duro.

Recién recuperado el trono, Canelo no promete guerras ni retiros. Promete algo más inquietante para sus futuros rivales: que, a los 36 años, todavía no se ve en la última vuelta del camino.

Canelo Álvarez regresa al campeonato en Riad