Caos y cambio en el cricket pakistaní: Hesson asume el reto en Birmingham
BIRMINGHAM — En medio del ruido, de las maletas que entran y salen del hotel y de una serie ya perdida, Mike Hesson aterrizó en el corazón del caos más familiar del cricket pakistaní. Y lo reconoció sin rodeos: sus jugadores están más acostumbrados que él.
“Los chicos probablemente están más acostumbrados a un poco de caos que yo”, admitió el técnico interino de red-ball, recién instalado al mando para el tercer test ante Inglaterra en Birmingham, un partido sin impacto en el marcador global, pero cargado de consecuencias internas.
Una sacudida a mitad de serie
La Pakistan Cricket Board reaccionó con dureza a las dos derrotas contundentes en Lord’s y Headingley. Siete jugadores fuera para el tercer test. Cambio de seleccionados. Cambio de cuerpo técnico. Cambio de rumbo… o al menos, esa es la intención.
Sarfaraz Ahmed dejó de ser el entrenador de test y el testigo pasó a Hesson, que ya dirigía al equipo de white-ball. Ashley Nofke reemplazó a Umar Gul como entrenador de lanzadores. Un giro brusco, a mitad de camino, que desató críticas de exjugadores como Shahid Afridi y Shoaib Malik, mientras Aaqib Javed —uno de los cuatro seleccionadores— y el presidente del PCB, Mohsin Naqvi, defendían la revolución.
Hesson ni siquiera estaba en Europa. Preparaba los Asian Games en Japón y solo tenía previsto viajar al Reino Unido para la audiencia del equipo con King Charles. El plan cambió de golpe: aviso, billete y responsabilidad total para el tercer test en Birmingham.
Un vestuario en movimiento
Cuando Hesson cruzó la puerta del hotel, el equipo ya no era el mismo. Tres nombres importantes se habían marchado: Mohammad Rizwan, Imam-ul-Haq y Salman Ali Agha, capitán en el primer test. Después se sumaron más salidas: el rápido Khurram Shahzad, el zurdo Ali Usman, el all-rounder Aamir Jamal y Mohammad Awais, estos dos últimos sin haber jugado un solo over en Lord’s ni en Headingley.
“Cuando tomé el mando, tres jugadores ya habían dejado la concentración: Rizwan, Imam y Salman Ali Agha”, explicó Hesson. “Nadie quiere que estas cosas pasen en medio de una serie, claramente no. No hay duda de que han estado decepcionados, increíblemente decepcionados. Hemos tenido que aparcar eso y decir: ‘bien, ¿y ahora qué?’. Han estado realmente bien en los últimos días”.
Las caras largas tras las derrotas dieron paso a una especie de pretemporada exprés dentro de una serie en marcha. Entradas y salidas. Reuniones. Charlas privadas. Y una idea fija del nuevo técnico: reconstruir el equilibrio del equipo y recuperar la identidad perdida.
Recuperar el ADN pakistaní
Pakistan siempre se ha definido por algo reconocible a simple vista: velocidad, acciones poco ortodoxas, spin misterioso. Esa mezcla incómoda para cualquier rival. Eso, precisamente, es lo que Hesson considera que no se ha visto en los dos primeros test.
“Desde mi perspectiva se trata de armar un equipo equilibrado, no solo para este test, para que tengamos variedad en el ataque”, explicó. “Pakistan es conocido por el ritmo, las acciones inusuales, el spin de misterio; realmente no hemos podido mostrar nada de eso”.
La respuesta de los seleccionadores ha sido radical. Cinco debutantes en la lista: el all-rounder de spin Arafat Minhas, el rápido zurdo Mohammad Imran Jr., el wicketkeeper Saad Baig, el all-rounder Mohammad Imran y el lanzador rápido Razaullah. Juventud, incógnitas y, sobre todo, la promesa de algo distinto.
Junto a ellos, dos nombres más se suman al viaje a Reino Unido: Saim Ayub y Abdullah Fazal. Entre ambos apenas acumulan 10 test. Una apuesta fuerte por el futuro en un partido que, en teoría, no decide nada… salvo el tono del próximo ciclo.
Buscando el factor diferencial
El mensaje de Hesson es claro: el ataque necesita otra cara, otro ritmo, otro filo.
“Desde el punto de vista del bowling, tenemos que encontrar variedad”, insistió. “Necesitamos un poco de X-Factor para crear oportunidades… para apoyar a Mohammed Abbas, que lo ha hecho increíblemente bien”.
Abbas, fiable y constante, se convierte en el ancla de un ataque rediseñado sobre la marcha. A su alrededor, un grupo de lanzadores que el técnico conoce en distintos grados: “Conozco a todos los jugadores que están aquí ahora. A algunos los he dirigido un poco, a otros les he dicho hola un puñado de veces y los he visto jugar”.
No hay tiempo para grandes planes a largo plazo. Solo unas cuantas sesiones de entrenamiento, un vestuario que aún asimila las decisiones del PCB y un test en Birmingham que, pese a ser un “dead rubber” en la serie, se ha transformado en un examen vivo para todos: jugadores, entrenadores y dirigentes.
Pakistan llega herido, revuelto y lleno de caras nuevas. Caos, sí. Pero para muchos de estos jugadores, es el hábitat natural. La cuestión es si, esta vez, ese caos puede convertirse en algo reconocible: una versión competitiva, agresiva y auténtica del cricket pakistaní.




