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Cook critica el caos en Inglaterra tras el ataque de Pakistán

En Edgbaston, en el mejor terreno de bateo de toda la serie, Inglaterra perdió la cabeza. Y Alastair Cook perdió la paciencia.

El tercer día del último Test ante Pakistán dejó una imagen que escuece a cualquier purista del cricket: un debutante en el número 9, Razaullah, desatado a base de seisazos, y un ataque inglés sin plan, sin control y, según varias de sus propias leyendas, sin liderazgo.

Razaullah, 21 años, 63 bolas, nueve seis. Una entrada salvaje, sí, pero también un retrato demoledor de cómo no rematar a la cola rival. Con Mohammad Abbas aportando un sólido 42, la pareja por el noveno wicket sumó 121 carreras y llevó el total de Pakistán hasta 449. Dejó a Inglaterra un objetivo de 130. Dejó, sobre todo, un reguero de críticas.

“Sin plan; se les fue de las manos”

Cook, ex capitán y referencia moral del cricket inglés reciente, no se mordió la lengua en la BBC Test Match Special. Lo que vio desde la cabina le indignó.

“Te puede hacer daño la cola; es muy difícil cuando tienen licencia y capacidad para pegar seisazos”, admitió. Hasta ahí, normal. Lo que vino después fue un dardo directo al corazón del vestuario y del cuerpo técnico: “Lo que vi fue que no había plan; se les fue de las manos. Ahí es cuando el staff y los entrenadores tienen que dar un paso al frente. Me habría encantado ver un mensaje y un liderazgo real desde los entrenadores”.

La crítica no iba solo a los ejecutores en el césped. Iba a la estructura. A la ausencia de reacción mientras Razaullah “seguía tirando la bat” y los lanzadores ingleses respondían con una colección de bolas cortas, anchas, fuera de línea. De las 63 que enfrentó el debutante, apenas seis habrían golpeado los palos. Un dato que lo explica todo.

Joe Root, en el campo, parecía sin respuestas. El ataque, normalmente disciplinado, se obsesionó con el corto-picado. Y Pakistán lo agradeció.

Agnew: “No se puede lanzar así a los tailenders”

Jonathan Agnew, ex pacer inglés y voz autorizada en los micrófonos, coincidió con Cook. Y fue igual de contundente.

“No puedes ni debes lanzar así a los tailenders en cuanto entran”, sentenció. “Tienes que marcar el tono cuando lanzas contra la cola. Sí, lanzas agresivo, pero de forma controlada. Son números 9 y 10 por una razón. Fue amargamente decepcionante”.

Agnew apuntó además a una decisión que simbolizó el desorden del día: Dan Lawrence, un off-spinner ocasional, tomando la segunda nueva bola.

“Si buscas cualquier aspecto del día que sea absolutamente disparatado, es ese”, remató. Una frase que retrata el desconcierto: en un momento en el que el nuevo balón pide precisión, disciplina y plan claro, Inglaterra recurrió a un lanzador a tiempo parcial.

Vaughan señala el patrón: “No es una sorpresa”

Michael Vaughan, otro ex capitán que no acostumbra a endulzar sus análisis, fue un paso más allá. Para él, lo de Edgbaston no es un accidente aislado, sino un patrón preocupante.

“No deberíamos sorprendernos con Inglaterra; han ofrecido este tipo de actuaciones tácticas con regularidad”, afirmó. Cree que aun así ganarán este Test, pero el aviso es claro: “No pueden seguir cometiendo errores así. Los fundamentos del Test cricket suelen funcionar, y eso es golpear la parte alta de los palos”.

Vaughan ve un ataque “muy bueno”, pero aún lejos de ser “producto terminado”. Y lanza una pregunta incómoda, casi existencial para este grupo: “¿Quiénes son los personajes en el equipo que van a agarrar a todos y decir: ‘Bien, voy a crear un momento’?”. Su veredicto sobre el tercer día fue demoledor: “No lo vi en nadie hoy”.

Una cola desatada, un espejo incómodo

La entrada de Razaullah no fue solo un festival de seisazos que igualó un récord de 18 años. Fue un espejo. Mostró a una Inglaterra incapaz de aplicar lo básico cuando el partido pedía calma y método: atacar los palos, ceñir la línea, forzar el error de un bateador de la cola en lugar de regalarle la iniciativa.

Pakistán, que había reanudado en 117/2, se encontró con un día en el que casi todo lo que Inglaterra podía hacer mal, lo hizo. La cola, con licencia para pegar y sin un plan claro en contra, destrozó la moral de los locales durante horas. El público vio cómo el objetivo se inflaba, cómo la frustración crecía y cómo el liderazgo se difuminaba.

El marcador final, 449, deja el partido vivo y el objetivo de 130 parece razonable. Pero las palabras de Cook, Agnew y Vaughan dejan algo más profundo: una duda sobre la madurez táctica y el temple de un ataque que aspira a dominar el mundo del Test cricket.

La victoria, si llega, tapará el susto en el resultado. Lo que no está tan claro es si bastará para tapar las grietas que este tercer día ha dejado al descubierto.