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Cricket NSW advierte sobre la privatización de la Big Bash

El pulso por el futuro del cricket australiano ya no se juega solo en el césped. También se libra en los despachos. La decisión de Cricket Australia de abrir la puerta a inversión privada en las ligas Big Bash ha encendido las alarmas en Cricket NSW, que avisa: el movimiento puede dejar al deporte “estratégica y financieramente en peor situación” en Australia.

El anuncio llegó el martes. Cricket Australia confirmó que buscará capital privado para sus ligas T20 franquiciadas, empezando por la venta de Melbourne Renegades. No fue una sorpresa total: durante meses se venía especulando con esta posibilidad y con la opción de vender hasta el 49% de las franquicias de la BBL. Pero la forma y el fondo del paso dado han dejado heridas abiertas.

Choque frontal con Cricket Australia

Cricket NSW no tardó en responder. El miércoles, a través de un comunicado, expresó su decepción porque Cricket Australia haya avanzado con el plan sin conseguir un consenso real entre todos los actores del juego.

“Cricket NSW está decepcionado por la decisión de Cricket Australia de seguir adelante con la introducción de inversión privada en las ligas Big Bash sin alineación en todo el cricket australiano”, señaló el organismo estatal.

Detrás de la frase hay algo más que un desacuerdo administrativo. NSW teme por el modelo que ha sostenido su estructura durante años: las ganancias de sus franquicias de Big Bash, Sydney Sixers y Sydney Thunder, se reinvierten directamente en el crecimiento del deporte, desde la base hasta la élite.

“Esta decisión corre el riesgo de dejar el cricket en NSW y en Australia en peor situación estratégica y financiera, con consecuencias directas para nuestra capacidad de invertir en el cricket de base”, advirtió el comunicado. No es un matiz. Es un aviso de impacto estructural.

Cricket NSW se define a sí mismo, junto a Cricket Australia y el resto de estados, como “custodio” del juego. Su misión, recuerda, es “inspirar a todos a jugar y amar el cricket”. Y esa misión, insiste, empieza en la participación masiva, la que acaba alimentando a los clubes de WBBL y BBL, al equipo de NSW y, finalmente, a la selección australiana.

El dinero de la Big Bash, en el centro del debate

El corazón del conflicto está en el flujo del dinero. Hoy, según remarca Cricket NSW, los beneficios generados por Sydney Sixers y Sydney Thunder se vuelcan de nuevo en programas de participación y desarrollo. Es el círculo virtuoso que el organismo teme ver roto.

“Los beneficios de nuestros exitosos y saludables clubes de Big Bash –Sydney Sixers y Sydney Thunder– se reinvierten en el crecimiento de la participación en el cricket”, recuerda el comunicado. Esa frase explica buena parte de la resistencia: cada dólar que salga hacia un inversor externo es, a ojos de NSW, un dólar menos para escuelas, clubes comunitarios y estructuras formativas.

“El anuncio de ayer amenaza este sistema. La redistribución de beneficios a inversores externos reduce nuestra capacidad de invertir en el cricket comunitario, creando impactos a largo plazo en todos los niveles”, alerta Cricket NSW.

No se trata solo de dinero. También de método. La junta de Cricket NSW se declara “decepcionada por el proceso” que ha desembocado en esta decisión. Asegura que elevó sus preocupaciones directamente a Cricket Australia, que presentó una vía alternativa para fortalecer la Big Bash y que señaló riesgos “significativos” del modelo de inversión privada, apoyándose en asesoría externa de alto nivel.

El mensaje es claro: NSW siente que no se le ha escuchado lo suficiente antes de cambiar el rumbo del producto estrella del verano australiano.

Cricket Australia defiende su apuesta

En el otro lado del tablero, Cricket Australia sostiene que este giro es imprescindible para competir en el mercado global del T20 y blindar el futuro del juego. El martes, su presidente, Mike Baird, defendió la apertura a capital privado como una apuesta calculada.

Al “abrir la puerta a la inversión privada en las ligas Big Bash”, explicó, Cricket Australia da “un paso deliberado para fortalecer y asegurar el futuro a largo plazo del juego, acelerar el crecimiento y garantizar que podamos seguir invirtiendo en el cricket comunitario y en la participación de base, en las rutas domésticas e internacionales y en el nivel de élite”.

Baird subrayó que se trata de una decisión “significativa”, fruto de “un enorme trabajo de análisis, debate y colaboración durante muchos meses”. Desde su perspectiva, el nuevo modelo es “la mejor manera de asegurar el futuro del cricket en este país, fortalecer la Big Bash y proteger nuestra posición en el escenario global”.

Ahí se abre la gran brecha: lo que para Cricket Australia es una vía para atraer más recursos y potenciar todas las capas del sistema, para Cricket NSW es un riesgo de fuga de valor que puede erosionar la base sobre la que se sostiene el juego.

Melbourne Renegades, primer banco de pruebas

El plan ya tiene un primer hito marcado. Cricket Australia confía en que Melbourne Renegades dispute la temporada 2027/28 bajo nueva propiedad. Esa fecha actúa como reloj en marcha para un proceso que, por ahora, divide al país.

NSW y Queensland ya habían sido señalados como estados contrarios al esquema de venta de hasta el 49% de las franquicias BBL. El comunicado de Cricket NSW no solo confirma la oposición, la eleva a una advertencia pública sobre las consecuencias deportivas y sociales del cambio.

La batalla, en realidad, va más allá de una franquicia o de un porcentaje de acciones. Lo que está en juego es quién controla el rumbo del cricket australiano y qué lugar ocupa el beneficio privado en un deporte que, hasta ahora, se ha entendido como patrimonio compartido entre estados, clubes y comunidades.

La próxima vez que un niño en Sydney coja un bate en un club de barrio, puede que lo haga gracias a un sistema financiado por las ganancias de la Big Bash. O por un modelo en el que parte de ese dinero viaja a un fondo de inversión. La pregunta es sencilla, la respuesta no tanto: ¿quién debe ganar este partido, el inversor o el juego?