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Cricket pakistaní en crisis: cambios drásticos tras la derrota en Lord's

NEW DELHI — La derrota por 194 carreras en Lord’s no fue solo un resultado más en el marcador. Fue la chispa que encendió un incendio institucional en el cricket de Pakistán. Con el equipo ya 2-0 abajo en la serie de tres Test ante Inglaterra, el Pakistan Cricket Board (PCB) reaccionó con una sacudida brusca, desordenada, que ha dejado más dudas que certezas.

Siete jugadores enviados a casa. El seleccionador Sarfaraz Ahmed y el entrenador de bolos Umar Gul apartados de sus cargos a mitad de serie. Los técnicos de bola blanca Mike Hesson y Ashley Noffke, de repente, al mando del equipo de Test. Misbah-ul-Haq dimitiendo del panel de selección y renunciando también a su rol como consultor de bateo en la National Cricket Academy de Lahore.

Demasiado, demasiado rápido. Y para muchos, totalmente fuera de lugar.

“El cricket pakistaní está en ruinas”

Atiq-uz-Zaman, ex wicketkeeper-bateador de Pakistán, no se mordió la lengua. Desde Inglaterra, donde reside, disparó contra la gestión y el caos que rodea al equipo.

“No entiendo por qué Khurram Shehzad fue descartado o por qué el spinner Ali Usman fue enviado a casa después de ser el que más wickets tomó en el Test de Leeds. De repente, ahora se incorporan bowlers de T20 al equipo de Test. ¿Por qué? Porque Mike Hesson tiene sus favoritos personales y los ha traído al cricket de Test”, criticó en declaraciones a IANS.

La frase que resume su frustración cayó con peso de sentencia: “El cricket de Pakistán está en ruinas en este momento. Me duele mucho porque, aunque vivo en Inglaterra, soy pakistaní de corazón. Jugué para mi país y quiero que mejoren y rindan bien en diferentes condiciones. El cricket pakistaní está actualmente en su punto más bajo”.

No es solo una cuestión de resultados. Es la sensación de improvisación permanente. De falta de proyecto. De decisiones tomadas al calor del último marcador, no de un plan a largo plazo.

Sarfaraz y Gul, del pedestal a la puerta de salida

La destitución de Sarfaraz Ahmed y Umar Gul en plena serie ha encendido aún más los ánimos. Para Atiq-uz-Zaman, la forma es tan grave como el fondo.

“No hay justificación para esto. Las mismas personas que los eligieron son las que ahora los deseleccionan. Eso significa que o te equivocaste al principio, o te estás equivocando ahora”, lanzó.

Recordó, con intención, el peso histórico de ambos: “Sarfaraz Ahmed y Umar Gul son grandes del cricket pakistaní. Han ganado Copas del Mundo para Pakistán. Sarfaraz ganó un Mundial sub-19 y luego la Champions Trophy como capitán de la selección nacional. Merece respeto”.

Atiq admite que nunca estuvo de acuerdo con que Sarfaraz asumiera como seleccionador de Test sin experiencia previa ni las cualificaciones adecuadas. Pero ahí marca una línea clara: una vez nombrado, había que sostenerlo.

“No apoyé ese nombramiento. Pero una vez que lo haces seleccionador, tienes que respaldarlo. Darle una oportunidad justa antes de faltarle el respeto y enviarlo a casa en medio de una serie de Test. Es inaceptable. Siento mucha pena por Sarfaraz y Umar Gul porque no creo que hayan hecho nada malo. Si los jugadores en el campo no pueden rendir, o si no has seleccionado un equipo capaz de rendir, ¿qué se supone que debe hacer un entrenador? Veamos ahora qué hace Mike Hesson”, remató.

El mensaje es directo: el problema, para él, no está en el banquillo, sino en la estructura y en la manera de gestionar el fracaso.

El caso Imam-ul-Haq: lesión, cultura de sacrificio y una imagen dañada

En medio del desorden, una decisión individual también ha quedado bajo el microscopio. El opener Imam-ul-Haq no bateó en el Test de Lord’s tras sufrir un desgarro de grado 1 en la pantorrilla izquierda. Se le vio practicar algo de bateo pese a la lesión, pero no salió en ninguno de los dos innings. La reacción no tardó.

Atiq-uz-Zaman fue especialmente duro con el zurdo: “No voy a especular sobre la gravedad exacta de su lesión, pero en nuestra cultura nos crían para ser duros. Si tienes un desgarro muscular de grado 1, 2 o incluso 3, igual sales a batear por tu equipo. Aunque te saquen en la primera bola, no importa: el público ve que mostraste corazón y te respeta por ello”.

El ex internacional fue más allá y apuntó a la imagen que dejó Imam después del Test: “En lugar de eso, se hizo ver mal al no batear en ninguna de las entradas, y luego salir frente a los medios en shorts, con vendas en la pierna y cojeando mucho. Aunque no puedas correr, aún puedes golpear la pelota”.

Para sostener su argumento, tiró de ejemplos recientes y de otra época: Glenn Maxwell firmando un doble siglo con fuertes calambres en los isquiotibiales, Chris Woakes saliendo a batear con la mano fracturada, Saleem Malik enfrentando a los rápidos de West Indies con el brazo roto.

“Imam-ul-Haq debería haber salido a batear. Aunque se hubiera ido de inmediato, nadie habría cuestionado su compromiso porque estaba genuinamente lesionado. Pero cojear delante de los medios después de recibir críticas el día anterior parece una actuación. Deja una mala impresión, y no tengo ninguna simpatía por ese comportamiento. Si no tienes corazón o valentía para el cricket internacional, no deberías estar jugando Test. El Test cricket no solo examina tus habilidades, es una prueba de carácter”, sentenció.

Es un juicio duro, que conecta con una idea de fondo: en Pakistán, el sacrificio y la dureza no son un plus, son un requisito.

Un vestuario bajo amenaza constante

En medio de tanta crítica, Atiq-uz-Zaman también mostró comprensión hacia los jugadores que deberán saltar al campo en Edgbaston el 9 de septiembre para el tercer y último Test. Viven en un ecosistema que, según él, moldea a todos bajo presión extrema desde muy jóvenes.

“En Pakistán, los jugadores están acostumbrados a este entorno desde el cricket doméstico, sub-16 y sub-19. Nos crían en un sistema duro donde rara vez tienes libertad total o respaldo, y siempre sientes que juegas bajo amenaza, solo para sobrevivir”, explicó.

Su mensaje para el grupo que encara un Test con la serie ya perdida, un cuerpo técnico cambiado sobre la marcha y un país indignado, fue sencillo y crudo a la vez: “Mi mensaje para ellos es: disfruten su cricket, crean en su conjunto de habilidades, hagan lo que puedan con bate y bola, y dejen el resto en manos de Dios”.

En otras palabras: bloquear el ruido, algo casi imposible cuando el ruido viene desde la propia sala de juntas.

Talento sin estructura: el otro gran problema

Atiq no se quedó solo en el análisis del vestuario. Apuntó directamente a la cúpula del PCB y al modelo de gestión que, a su juicio, impide que el talento natural del país se convierta en un proyecto sólido.

Actualmente trabaja como ojeador para los equipos femeninos de Inglaterra, Lions y Young Lions, además de entrenar a la selección masculina de Alemania. Desde esa experiencia internacional, su diagnóstico sobre Pakistán es claro: sobra materia prima, falta estructura.

“Con suerte, el presidente del PCB cambia su enfoque y trae a alguien con verdadera experiencia y liderazgo para impulsar un cambio estructural real. Si rodeas al equipo de personas de calidad y profesionales, ellos impondrán estándares altos. El talento en Pakistán es innegable, pero sin los recursos adecuados y una estructura de apoyo, estos jugadores no pueden dar el siguiente paso”, advirtió.

La serie en Inglaterra ya está prácticamente perdida. El tercer Test en Edgbaston no salvará una gira que ha dejado heridas profundas. Pero sí puede dejar una pregunta incómoda flotando en el aire de Lahore y Karachi: ¿seguirá Pakistán confiando su futuro al impulso del momento, o por fin se decidirá a construir algo que dure más que una sola serie de Test?