Crisis en el cricket pakistaní: Gohar Shah critica al PCB
El terremoto en el cricket pakistaní no se detiene. La reciente purga del Pakistan Cricket Board (PCB) en el equipo de Test y en el cuerpo técnico ha desatado una tormenta que ya desborda los límites del vestuario. La última voz en alzarse es la de Gohar Shah, director ejecutivo de Multan Sultans, que ha pasado de aficionado apasionado a crítico implacable del sistema.
Todo estalló después de una serie para el olvido en Inglaterra. Pakistan fue barrido en los dos primeros Tests: una derrota por una entrada y 103 carreras en el primero, seguida por otro golpe duro, 194 carreras abajo en Lord’s. El PCB reaccionó con el hacha.
Siete jugadores fuera antes del tercer Test en Edgbaston, que arranca el 9 de septiembre: Mohammad Rizwan, Imam-ul-Haq, Salman Ali Agha, Ali Usman, Aamer Jamal, Awais Zafar y Khurram Shahzad fueron liberados de la concentración. No fue solo una corrección de rumbo; fue una limpieza a fondo.
En el banquillo, el giro fue igual de brusco. Sarfaraz Ahmed dejó de ser seleccionador principal del equipo de Test y Umar Gul perdió su puesto como entrenador de bolos. En su lugar, el PCB tiró de la estructura de white-ball: Mike Hesson asumió como head coach y Ashley Noffke como entrenador de bolos para el resto de la gira por Inglaterra. Un movimiento de emergencia en plena serie, síntoma de que el nerviosismo ya había llegado a los despachos.
El dardo de Gohar Shah
Con 31 años y apenas dos partidos de primera clase como jugador, Gohar Shah no habló como un ejecutivo corporativo, sino como alguien que se siente en deuda con el juego. Usó X para publicar un extenso análisis de la situación del cricket pakistaní, consciente de que sus palabras podían costarle caro.
“Esto puede meterme en problemas, pero le debo una evaluación honesta al cricket de Pakistan. Fui aficionado antes que parte interesada”, escribió, abriendo la puerta a una crítica sin maquillaje. A partir de ahí, apuntó directamente a la profesionalidad de los jugadores: alimentación, carga de trabajo, hábitos diarios.
Según Shah, “las noches largas y la comida basura son algo común”. Entiende las dificultades de vivir semanas enteras en hoteles, pero para él la palabra “profesional” tiene que tener un peso real. No hablaba de teoría, sino de escenas concretas.
Su ejemplo más contundente llegó al referirse a la intensidad en los Test. Señaló que, en varias ocasiones, tras un largo spell, los lanzadores rápidos ni siquiera corrían detrás de la pelota. El reproche fue frontal: ¿para qué se están guardando las piernas? El Test terminó en dos días y medio. No hubo ni desgaste ni resistencia, solo rendición prematura.
Para Shah, el problema no es únicamente técnico. Es de mentalidad. “Nadie quiere hacer el trabajo duro”, resumió. Un diagnóstico incómodo para un equipo que históricamente ha presumido de carácter y orgullo en el formato más exigente.
“Primero el trabajo, luego Pakistan”
El directivo no se quedó en el vestuario. Abrió el foco y disparó hacia todo el ecosistema del cricket pakistaní: medios, exjugadores y el propio PCB.
Sobre los periodistas, fue igual de directo. Los acusó de empujar sus propias agendas y de construir narrativas en función de a quién aprecian más o quién les facilita más acceso, ya sea con filtraciones, favores o regalos. El debate público, según él, se contamina desde el origen.
El siguiente blanco fueron muchos exjugadores, ahora comentaristas habituales. Shah diferenció entre quienes se han formado, han obtenido títulos de entrenador y han trabajado en el campo, y el resto, que prefiere la comodidad del plató de televisión. Denunció que la mayoría se limita a repetir problemas, sin ofrecer soluciones reales ni buscar la capacitación necesaria para aportar dentro del sistema.
El golpe más duro, sin embargo, fue para la propia estructura del PCB. La definió como excesivamente burocrática, un entorno en el que casi nadie se atreve a decir lo que piensa por miedo a las represalias y a perder su empleo. El mensaje es claro: el miedo manda más que la meritocracia.
Shah añadió otro matiz revelador: hay gente que de verdad quiere ayudar, pero cuando ve que su esfuerzo no lleva a ninguna parte, se rinde y se limita a cobrar su cheque a final de mes. Una frase que retrata una cultura de resignación enquistada en los pasillos del poder.
El laberinto del PSL y el futuro
El directivo también cuestionó el modelo que rodea a las franquicias del Pakistan Super League. Según él, la estructura actual desincentiva la inversión a largo plazo. El ejemplo que expuso fue contundente: concesiones de 10 años para las franquicias, que construyen marca, identidad y valor… para luego devolverlo todo al PCB.
La pregunta que deja en el aire es incómoda: si el propietario sabe que al final del ciclo no verá el retorno real de lo que ha construido, ¿por qué habría de invertir agresivamente en desarrollo, infraestructura o proyectos a largo plazo? Para Shah, hoy solo ve con claridad una cosa: las facturas.
También criticó las normas de retención y los cambios de categoría de los jugadores, procesos que, a su juicio, se ven influidos por agendas y no por una lógica deportiva transparente. Los dueños invierten en talento, en búsquedas de jugadores, en formación… para luego perderlos por reglas que sienten arbitrarias.
En medio de tanta crítica, Shah no cerró su mensaje con cinismo, sino con un deseo. Afirmó que el cricket de Pakistan siempre estará en su corazón y pidió rezar para que el país vuelva a ser el mejor. No solo “bueno” o “competitivo”. El mejor.
La pregunta es si ese anhelo encontrará eco en un sistema que hoy parece más ocupado en sobrevivir a la próxima crisis que en construir el próximo gran equipo de Test.




