Elena Rybakina: Campeona del US Open 2026 con Cicatrices
Elena Rybakina terminó la temporada de Grand Slam 2026 como una campeona con cicatrices, no como una jugadora intocable. Y precisamente ahí está la dimensión de su año: tres grandes títulos, solo dos derrotas… y cada tropiezo con nombre y contexto muy claros.
La kazaja levantó el título del US Open tras imponerse a Aryna Sabalenka, el tercer grande de su carrera y el segundo de este curso, después del Australian Open. A ese palmarés hay que añadir Wimbledon 2022, que abrió un camino que ahora ya parece una ruta establecida hacia la élite histórica.
Pero incluso en un año así, hubo grietas.
El golpe en París
La primera llegó en Roland Garros, el torneo que siempre la mira con cierta desconfianza y que ella todavía no ha logrado domesticar del todo. La tierra batida es la superficie donde más se le puede hacer daño, aunque había señales de que llegaba preparada: título en Stuttgart, su quinto trofeo sobre arcilla, y cuartos de final en el Italian Open.
En París, el arranque fue el previsto para una candidata seria. 6-2, 6-2 a Veronika Erjavec en primera ronda, autoridad, ritmo, cero dudas. Parecía la puesta en escena de una campaña larga.
El freno llegó de forma abrupta.
En segunda ronda, Yuliia Starodubtseva, entonces número 55 del mundo y sin experiencias más allá de esa instancia en un grande, firmó una de las sorpresas del torneo. Remontó para ganar 3-6, 6-1, 7-6(4) y dejó a Rybakina fuera antes de tiempo. Fue la derrota más temprana de la kazaja en un major desde el US Open 2024, cuando se retiró por una lesión de espalda.
Starodubtseva no llegaba como una jugadora en racha inquebrantable. De hecho, venía de encadenar seis derrotas consecutivas y había caído fuera del top 70. Pero encontró su tenis en el escenario grande, y esa victoria sobre Rybakina se convirtió en el punto de giro de su temporada.
De verduga a víctima en Nueva York
La ucraniana confirmó ese repunte meses después. En el US Open alcanzó por segunda vez en su carrera la tercera ronda de un Grand Slam. Allí, el cuadro le devolvió a Rybakina. Esta vez, el guion cambió.
La campeona ajustó cuentas en Nueva York. Se impuso 7-6(6), 6-3 en un partido tenso, cerrado en el primer set y más controlado en el segundo, camino de un título que terminaría de blindar su año en los grandes. La derrota de París quedaba vengada, pero no borrada: explicaba, en parte, la dureza con la que Rybakina compitió el resto del curso.
Starodubtseva, pese a la caída en Nueva York, salió reforzada. Su mejor actuación conjunta en un major le permitirá irrumpir por primera vez en el top 50, con un nuevo mejor ranking en el número 43 del mundo. Para una jugadora que hace poco estaba atrapada en una racha negativa, el salto es enorme.
El otro tropiezo: Wimbledon y el día de Elise Mertens
La segunda y única derrota de Rybakina en un Grand Slam en 2026 llegó donde, en teoría, se siente más cómoda: la hierba de Wimbledon.
Campeona allí en 2022, su nombre aparece automáticamente entre las favoritas cada vez que se abre el cuadro en el All England Club. Sin embargo, este año no pasó de la tercera ronda. Al otro lado de la red, una rival conocida: Elise Mertens, cabeza de serie número 25, a la que Rybakina había derrotado en siete de sus ocho enfrentamientos anteriores.
El historial sugería un partido controlable. La realidad fue muy distinta.
Mertens jugó suelto, valiente, y se llevó un primer set ajustado en el desempate, 7-6(4). A partir de ahí, el encuentro se inclinó de forma sorprendente. La belga aceleró, encontró líneas, y cerró con un contundente 6-1 que dejó a Rybakina fuera en una de las grandes sorpresas del torneo.
Ese fue el segundo borrón en un año casi perfecto en los majors.
Un 17-2 que pesa como una declaración
Con el título del US Open, Rybakina cerró la temporada de Grand Slam con un balance de 17 victorias y solo 2 derrotas, el mejor registro de su carrera en los cuatro grandes. Tres títulos en los últimos cinco grandes disputados, un dominio creciente en pista dura y una amenaza constante en cualquier cuadro.
Starodubtseva en París y Mertens en Londres pueden presumir de algo que muy pocas han logrado en 2026: tumbar a una jugadora que, a este ritmo, empieza a discutirle espacio a las grandes referencias de la era reciente.
La pregunta ya no es si Rybakina puede seguir ganando Grand Slams. La cuestión es quién se atreverá a frenarla en 2027.




