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El escándalo de Kawhi Leonard y Uncle Dennis en la NBA

En la NBA moderna, demasiados deportistas tienen un “tío Dennis” en su entorno. Un familiar, un amigo de la infancia, alguien de máxima confianza que, cuando le toca manejar el negocio, termina cruzando líneas que el jugador no debería ni rozar.

En el caso de Kawhi Leonard, ese personaje tiene nombre y apellido: Dennis Robertson. Tío, mentor, antiguo representante de negocios y, desde este miércoles, hombre vetado por la liga durante cinco años por su papel en el escándalo que ha sacudido a Los Angeles Clippers.

El precio de decir “sí” a Uncle Dennis

La investigación, dirigida durante un año por el despacho Wachtell, Lipton, Rosen & Katz, destapó lo que en los pasillos de la NBA se venía susurrando desde 2019, cuando Leonard salió a la agencia libre tras ganar el MVP de las Finales con Toronto Raptors.

Robertson, con fama de buscavidas en los círculos de la liga, se presentó ante Raptors, L.A. Lakers y Clippers con una lista de exigencias que chocaba frontalmente con el convenio colectivo: participación accionarial en las franquicias, vivienda, acceso a transporte privado, ingresos fuera de la pista a través de patrocinios y acuerdos comerciales. Todo, empaquetado como condición para fichar a una de las grandes superestrellas de su generación.

En Toronto, la respuesta fue tajante. La propiedad, en una decisión de “cúpula” que alcanzó a Larry Tanenbaum, presidente emérito de Maple Leaf Sports & Entertainment (MLSE), y a Edward Rogers, presidente ejecutivo de Rogers Communications Inc., se negó a jugar ese juego. Estaban dispuestos a hacer a Leonard fabulosamente rico dentro de las reglas. No a romperlas.

En el otro extremo del continente, Steve Ballmer sí cruzó esa línea. El dueño de los Clippers, el propietario más rico de la NBA gracias a su etapa al frente de Microsoft Corp., accedió, según la liga, a buena parte de lo que pedía Uncle Dennis. El resultado: un golpe demoledor a la organización angelina.

La NBA sancionó a los Clippers con la pérdida de cinco elecciones de primera ronda del draft, la savia que alimenta cualquier proyecto en la liga, y una multa de 30 millones de dólares. Ballmer, habitual en primera fila y miembro de la junta de gobernadores de la NBA, queda suspendido de toda actividad ligada a la liga durante un año por “buscar conscientemente ayudar al Sr. Leonard a obtener oportunidades de ingresos fuera de la pista”.

Millones sin sudar… ni aparecer

El informe detalla cómo Robertson apuntó a 10 millones de dólares en ingresos por patrocinios para Leonard, además del contrato deportivo que le reportará 50,3 millones de dólares la próxima temporada. Los Clippers lo hicieron posible.

Leonard firmó acuerdos con cuatro compañías vinculadas de una u otra forma a la franquicia. El impacto económico fue brutal: decenas de millones para el jugador. Tres de esas empresas desembolsaron 18 millones de dólares sin que la estrella apenas moviera un dedo.

La propia investigación lo resume con frialdad: la única actividad confirmada de Leonard bajo esos contratos fue una visita a una base militar en una ocasión y la firma de algo de memorabilia en otro acuerdo. Nada más.

Mientras tanto, los beneficios ocultos se acumulaban: viajes, entradas, regalos. Todo fuera de la hoja oficial de pagos. Todo, ahora, bajo la lupa de una NBA que ha querido mandar un mensaje de contundencia.

Kawhi paga poco, pero asume la culpa

La historia entre Leonard y Robertson es profunda. El tío se convirtió en figura paterna cuando el padre del entonces adolescente de 16 años fue asesinado en el autolavado que regentaba. Desde entonces, su influencia en la vida del jugador ha sido enorme.

Por eso, el castigo no se limita al entorno. Leonard también tendrá que pasar por caja. Como parte de las sanciones, abonará 700.000 dólares a la NBA por viajes, entradas y obsequios que recibió y nunca pagó.

El miércoles, a través de un comunicado emitido por su nuevo agente, Leonard aceptó “plena responsabilidad por los errores de juicio de personas dentro de mi círculo íntimo y lamento la distracción que esta situación ha causado a los aficionados y a mi familia”. Palabras medidas, pero contundentes viniendo de un jugador que rara vez se abre en público.

Su mensaje miró hacia adelante: “Mientras regreso a Toronto, estoy concentrado en lo que puedo controlar, en cerrar este capítulo y seguir adelante con la hoja en blanco”. Una frase que encaja con el perfil de un hombre que siempre ha preferido hablar en la pista.

Toronto, reivindicación moral y oportunidad de negocio

El regreso de Leonard a Raptors, en el último año de un contrato de tres temporadas y 149,5 millones de dólares, tiene una carga simbólica enorme para la franquicia canadiense. Es una validación de su cultura y de su apuesta por “ganar de la forma correcta”.

En un mercado históricamente complicado para atraer grandes agentes libres, recuperar a un MVP de las Finales envía un mensaje potente al resto de la liga. Toronto no solo ofrece un proyecto competitivo. También ofrece estabilidad, estructura y límites claros, incluso cuando se trata de gestionar a una superestrella y a su entorno.

Para Tanenbaum, que se espera venda su participación en MLSE a Rogers por 4.350 millones de dólares este otoño, la vuelta de Leonard es un regalo de despedida con sabor agridulce. Un último gran golpe deportivo antes de cerrar una etapa de décadas intentando que la ciudad compita al máximo nivel sin perder el rumbo ético.

Para Edward Rogers, en cambio, el momento no puede ser más oportuno. Con la compañía buscando captar capital y reducir deuda mediante la venta de una participación minoritaria en sus activos deportivos, valorados en 25.000 millones de dólares, tener de nuevo a Leonard vestido de Raptor es oro puro para el relato ante los grandes fondos internacionales.

La imagen del alero, congelada en el tiempo en aquel tiro ganador ante Philadelphia 76ers que rebotó cuatro veces en el aro antes de entrar, volverá a ocupar portadas, vallas y presentaciones a inversores. La narrativa es irresistible: la estrella que vuelve a la ciudad donde se consagró, justo cuando la franquicia quiere dar otro salto.

Este verano, Leonard ya ha dejado pistas de una implicación distinta a la de su primera etapa en Toronto. Se le ha visto más cerca del equipo, más presente. Estuvo junto a Tanenbaum, ambos sonrientes, en la rueda de prensa en la que Kyle Lowry regresó simbólicamente por un día para retirarse como Raptor. Una escena cargada de historia reciente y de proyección de futuro.

La línea que Toronto no quiso cruzar

Hay un contraste que la investigación de la NBA ha dejado en primer plano. Mientras unos franquiciados aceptaban demandas ilegales para asegurarse a la estrella, Raptors optó por perder en el corto plazo antes que manchar su modelo.

La liga ha confirmado que Raptors, Lakers y Clippers recibieron las mismas peticiones de Uncle Dennis: participaciones en las franquicias, vivienda, transporte privado, ingresos externos garantizados. Toronto, con Tanenbaum y Rogers al mando, dijo no. Los Clippers dijeron sí. La diferencia hoy se mide en sanciones, reputación y narrativa.

El caso deja una pregunta flotando sobre el futuro inmediato: en una NBA donde el talento manda y las estrellas condicionan proyectos enteros, ¿cuántas franquicias estarán dispuestas a trazar una línea tan clara como la que dibujó Toronto cuando el próximo “tío Dennis” llame a su puerta?