Estados Unidos avanza a semifinales tras vencer a Hungría
BERLÍN — La maquinaria de Estados Unidos no levantó el pie ni un segundo. Napheesa Collier marcó el ritmo con 19 puntos y la selección estadounidense arrolló a Hungría por 108-56 para sellar su pase a las semifinales de la Copa del Mundo femenina FIBA.
Ahora espera rival: saldrá del duelo entre España y Australia en la ronda de medallas del sábado. En el otro lado del cuadro, Francia se midió con China y Bélgica con la anfitriona Alemania por los otros dos billetes a semifinales.
Una racha que asusta
Lo de Estados Unidos ya es dominio histórico. Son 34 victorias consecutivas en el torneo, una serie que se remonta a la derrota ante Rusia en las semifinales de 2006. Desde que el formato cambió en 1983 para introducir rondas de medallas, las estadounidenses no han faltado nunca a esa fase. Nunca.
En Berlín firmaron, además, una noche de récords. Los 108 puntos son la mayor anotación de cualquier equipo en unos cuartos de final de la competición. Las 31 asistencias también establecen una nueva marca en esta ronda. No fue solo superioridad; fue una exhibición de baloncesto colectivo.
“Cuando el balón se mueve, queremos conseguir el mejor tiro posible”, explicó Kahleah Copper, autora de 10 puntos. “Queremos asegurarnos de que todas se involucren. Todas aquí, en sus equipos de la WNBA, tienen un rol importante. Pero vienes aquí y sacrificas un poco de eso”.
Ese sacrificio se tradujo en un ataque coral, siempre buscando convertir una buena opción en una aún mejor. Y lo consiguieron una y otra vez.
Avalancha desde el salto inicial
El partido prácticamente quedó sentenciado en el primer cuarto. Estados Unidos salió en tromba, corriendo cada rebote, castigando cada pérdida de Hungría y machacando una y otra vez la pintura. El marcador lo decía todo: 36-12 tras los primeros 10 minutos.
Collier empezó desatada, con 10 puntos solo en ese tramo inicial. Caitlin Clark y Angel Reese, cada vez más compenetradas, cerraron el cuarto con una acción que retrató el momento del equipo: un pick and roll preciso, ejecutado con calma y rematado justo sobre la bocina. Detalle pequeño, mensaje enorme.
La ofensiva estadounidense ardía. Encestaron 20 de sus primeros 26 tiros (un 77% demoledor), incluyendo cinco de seis triples, para dispararse hasta el 50-18 con seis minutos por jugarse en la primera mitad. El descanso llegó con un 59-30 que no solo reflejaba el dominio, sino que también supuso otro hito: la mayor anotación de Estados Unidos en una primera parte de un partido de eliminación directa en la historia del torneo, según datos de FIBA.
Clark manda, la defensa responde
Clark rozó el doble-doble: 10 puntos y nueve asistencias, manejando el ritmo, eligiendo siempre la mejor línea de pase, castigando las rotaciones húngaras. No necesitó más para dejar su sello en el choque.
En defensa, el plan funcionó al milímetro. El objetivo principal era frenar a Dorka Juhasz, la referencia ofensiva de Hungría y jugadora de Minnesota Lynx. Llegaba al duelo promediando 15,3 puntos y 11 rebotes en el torneo. Salió completamente desactivada: falló sus siete primeros lanzamientos y no vio su primera canasta hasta que quedaban 2:26 para el descanso. Terminó con solo dos puntos y un 1 de 12 en tiros de campo. Un muro rojo, blanco y azul frente a ella.
La única nota de preocupación para Estados Unidos llegó en el tercer cuarto. Sonia Citron tuvo que abandonar la pista tras recibir un golpe accidental en la nariz con la mano de una jugadora húngara. El susto duró poco: reapareció para iniciar el último periodo, calmando cualquier temor en el banquillo.
Orgullo húngaro en la derrota
El marcador fue duro para Hungría, pero el contexto cuenta otra historia. Alcanzar por primera vez los cuartos de final de una Copa del Mundo supone su mejor actuación en el formato actual. Su quinto puesto en 1957 llegó en un sistema de todos contra todos, sin rondas de medallas. Esta vez, sí estuvieron en el cuadro grande.
Se toparon, eso sí, con una selección que no entiende de concesiones. Estados Unidos no solo juega para ganar; juega para dejar claro que el trono mundial sigue siendo suyo hasta que alguien se lo arrebate.
El sábado llega otra prueba. España o Australia. Otro escenario grande, otra noche para comprobar si alguien es capaz de frenar a un equipo que lleva casi dos décadas convertido en la medida de todo en el baloncesto femenino.




