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Estados Unidos vence a España y avanza a la final mundial

BERLÍN — Esta vez no hubo paseo. Hubo golpes, tiros libres, nervios y un último cuarto a cara de perro. Al final, como tantas veces, ganó Estados Unidos: 76-66 a una España valiente que la llevó al límite y la obligó a sacar todo su oficio para meterse en la final de la FIBA Women’s World Cup.

Breanna Stewart, siempre presente cuando el partido se encoge, firmó 16 puntos. Kahleah Copper añadió 13. No fue una exhibición brillante, fue una victoria de colmillo. Y vale exactamente lo mismo: billete para la final y cita con Francia, en una reedición de la final olímpica de París 2024 que las estadounidenses se llevaron por un solo punto.

Una racha histórica en el alambre

Con este triunfo, Estados Unidos enlaza 35 victorias consecutivas en la Copa del Mundo, una racha que se remonta a las semifinales de 2006, cuando cayó ante Rusia. Desde entonces, nadie la ha bajado del pedestal. Ahora está a un triunfo de su quinto título seguido, un registro que igualaría a la antigua Unión Soviética como la mayor dinastía de la competición.

Pero España dejó claro que esa racha también se puede sudar. Y mucho.

España golpea primero

El arranque fue un aviso serio: 9-1 para España, el mayor agujero en el que se ha visto Estados Unidos en todo el torneo. Hasta ahora, su mayor desventaja había sido de tres puntos ante Italia en aquel apretado 55-52. Esta vez, el marcador se fue hasta un 16-9 que heló por un momento al banquillo estadounidense.

La respuesta llegó desde el fondo de armario. Con las jugadoras recién incorporadas a la rotación en pista, Estados Unidos aceleró, subió la línea defensiva y cerró el primer cuarto con un parcial de 12-2 que cambió el tono del partido. España ya sabía que podía hacer daño, pero también que cualquier despiste se paga al instante.

Un partido atascado… y un desfile al tiro libre

El segundo cuarto fue una batalla de contactos, quejas y silbatos. España endureció cada bloqueo, cada ayuda, cada penetración. El ataque estadounidense se atascó, sin ritmo, sin fluidez, obligado a vivir en la línea de personal.

Ahí estuvo una de las grandes diferencias del duelo: Estados Unidos lanzó 35 tiros libres y convirtió 27. Solo en la primera parte, 27 intentos desde el 4,60, con 19 aciertos. Tantos tiros libres como casi tiros de campo: 26 lanzamientos en juego en todo el primer tiempo. Un síntoma claro de cómo se estaba jugando.

Aun con ese caudal de puntos “fáciles”, el equipo de las barras y estrellas no logró despegarse. Se marchó al descanso 39-36, con la sensación de que el partido seguía completamente abierto y que España no tenía ninguna intención de rendirse.

España resiste, Estados Unidos aprieta

La segunda parte mantuvo el mismo guion: España competitiva, dura, sin complejos; Estados Unidos incómoda, pero aferrada a su talento y a su superioridad física. Cada intento de escapada encontraba respuesta al otro lado de la pista.

El tercer cuarto fue un pulso en equilibrio, tanto que el marcador llegó empatado a 58 al inicio del último periodo. Ahí, con la presión de una semifinal mundial sobre los hombros, se vio la diferencia entre un equipo acostumbrado a ganar finales y otro que pelea por volver a ese escenario.

La defensa estadounidense dio un paso adelante. Las ayudas llegaron un segundo antes, los rebotes cayeron del lado americano y las pérdidas españolas empezaron a pesar. El ataque, por fin, encontró algo de continuidad.

El golpe definitivo en el último cuarto

Del 58-58 se pasó a un parcial demoledor: 12-2 para Estados Unidos. En un abrir y cerrar de ojos, 70-60 y la máxima ventaja del partido con 5:20 por jugar. La presión, esta vez, cambió de lado.

España intentó reaccionar, buscó tiros rápidos, forzó situaciones cerca del aro, pero ya no pudo bajar de los ocho puntos de desventaja. Cada intento de remontada chocaba contra una defensa más cerrada y un rival que manejó los últimos minutos con la calma de quien se sabe a un paso de la historia.

Estados Unidos no necesitó un vendaval ofensivo. Le bastó con controlar el rebote, asegurar el tiro libre y dejar que el reloj hiciera su trabajo.

Una final con sabor olímpico

El triunfo coloca a las estadounidenses ante una final con aroma conocido: Francia, la misma selección a la que derrotaron por un punto en la final de los Juegos de París. Esta vez no hay oro olímpico en juego, pero sí un lugar en los libros de récords y la posibilidad de igualar la marca de la Unión Soviética.

Para España, la derrota deja un regusto amargo, pero también un mensaje claro: puede mirar de frente a la mayor potencia del baloncesto femenino mundial y obligarla a exprimir cada posesión.

Para Estados Unidos, la pregunta es otra: con la racha en marcha, con la historia a un solo triunfo, ¿alguien será capaz de detenerla cuando hay un título mundial en juego?