Jason Gillespie critica a Aaqib Javed y el caos en Pakistán
El terremoto que sacude al cricket pakistaní ya tiene un crítico de peso: Jason Gillespie. El exseleccionador de Pakistán ha apuntado directamente al jefe de selección del PCB, Aaqib Javed, tras la drástica revolución a mitad de serie frente a Inglaterra.
Pakistán cayó con estrépito en los dos primeros Tests, en Headingley por una entrada y 103 carreras y en Lord’s por 194. Con la serie al borde del abismo (2-0 abajo en un duelo al mejor de tres), el tablero saltó por los aires: cambio de seleccionados, de cuerpo técnico y un vestuario aturdido.
Un vestuario gobernado por el miedo
Gillespie, que dirigió a Pakistán durante ocho meses en 2024 y los llevó a un triunfo por 2-1 en Test precisamente ante Inglaterra, no disimuló su frustración. Para él, lo que se ve desde fuera es claro: jugadores paralizados.
“Desde fuera parece que están jugando con miedo”, señaló en declaraciones a un medio australiano. Un ejemplo le duele especialmente: el caso de Salman Ali Agha. De capitanear el equipo en el primer Test ante Inglaterra a quedarse fuera del segundo y subirse a un avión de regreso antes del tercero. De líder a descartado en cuestión de días.
“¿Cómo funciona eso?”, se preguntó Gillespie, retratando una gestión que, a su juicio, roza lo incomprensible.
Dardo directo a Aaqib Javed
El exrápido australiano no se quedó en generalidades. Nombró y señaló. Según él, la incoherencia en las decisiones de selección tiene un responsable claro: Aaqib Javed.
“Está bastante claro que no tienen ninguna estrategia de selección, especialmente bajo Aaqib Javed. Cambian de opinión como cambian de pantalones: a diario”, lanzó, sin matices.
El cruce de acusaciones viene de lejos. Javed había culpado recientemente a Gillespie y al exentrenador de la selección de bola blanca, Gary Kirsten, de los males actuales del equipo. Gillespie respondió con frialdad, pero con munición preparada: recordó que Javed lleva dos años como presidente del comité de selección, mientras que ni él ni Kirsten han estado en ese periodo.
“Aaqib Javed salió hace poco y culpó a Gary Kirsten y a mí de todo lo que está pasando. Aaqib ha sido presidente de selectores los últimos dos años. Nosotros ni siquiera hemos estado allí. De algún modo afirma que es culpa nuestra. Que alguien le encuentre sentido a eso”, criticó. Y remató con una frase que deja claro el nivel de tensión: “Creo que Javed necesita mirarse al espejo”.
Jugadores informados por redes sociales
Si la planificación deportiva ya parecía caótica, el modo en que se comunicaron los cambios terminó de incendiar el debate. Gillespie cuestionó con dureza la forma en que el PCB notificó los descartes.
Según el técnico australiano, no hubo comunicación directa entre el presidente de selectores y los jugadores afectados. Nada de llamadas personales, ni del capitán ni del entrenador. Los implicados se enteraron por terceros.
“Los jugadores que fueron despedidos se enteraron por familiares, amigos y los medios de que habían sido echados. ¿Cuán irrespetuoso es eso?”, lamentó. Informaciones recientes apuntan a que varios internacionales conocieron su salida cuando amigos y familiares les reenviaron el comunicado oficial del PCB publicado en redes sociales.
Para un grupo que ya venía golpeado por dos derrotas abultadas, el golpe anímico fue doble: caída en el campo y sensación de desamparo fuera de él.
Una revolución a mitad de serie
Tras los descalabros en Headingley y Lord’s, el PCB activó la vía más extrema. Siete jugadores fueron enviados a casa y se produjo un relevo en el banquillo técnico.
El organismo decidió recuperar a Mohammad Rizwan, Imam-ul-Haq, Salman Ali Agha, Ali Usman, Khurram Shahzad, Aamir Jamal y Awais Zafar. Un bloque entero reinsertado a contrarreloj para intentar rescatar algo en el tercer Test, en Birmingham, a partir del 9 de septiembre.
En paralelo, Sarfaraz Ahmed dejó de ser el entrenador principal y Umar Gul, el responsable de los lanzadores. En su lugar, el mando recae ahora en Mike Hesson y Ashley Noffke, encargados de recomponer un equipo herido, con la moral por los suelos y una estructura de decisión bajo sospecha.
Un espejo incómodo para el PCB
Detrás de los nombres propios y de los resultados, el mensaje de Gillespie golpea en el corazón del sistema: acusa a la dirección de no tener plan, de improvisar, de tratar a los jugadores como piezas desechables.
“Esto es el sustento de estos chicos”, recordó, subrayando que cada giro brusco afecta a carreras, familias y futuros. En un entorno tan volátil como el cricket pakistaní, las palabras de un exseleccionador que sabe lo que es ganar con este mismo grupo suenan a advertencia severa.
La serie ante Inglaterra está prácticamente perdida. Lo que está en juego ahora va más allá de un marcador: credibilidad, confianza interna y el modelo de selección de un país que siempre promete talento, pero rara vez estabilidad. La próxima bola en Birmingham no solo la lanzarán los bowlers; también la lanzará un sistema obligado, por fin, a responder.




