Jason Gillespie critica a Aaqib Javed tras purga en Pakistán
La tormenta que rodea al Pakistan Cricket Board (PCB) no amaina. Al contrario, arrecia con cada decisión y con cada voz histórica que se suma al coro de críticas. La última en golpear con fuerza ha sido la de Jason Gillespie, exseleccionador de Tests de Pakistán, que ha apuntado directamente al presidente de los selectores, Aaqib Javed, tras la polémica purga en plena serie en Inglaterra.
Después de dos Tests desastrosos ante Inglaterra, el PCB decidió mandar de vuelta a casa a siete jugadores y dos entrenadores desde suelo inglés. Una medida drástica, casi humillante, que ha encendido a exjugadores y analistas. Mohammad Rizwan, Imam-ul-Haq, Salman Ali Agha, Sarfaraz Ahmed y Umar Gul recibieron la orden de regresar. En su lugar, siete nuevos nombres fueron llamados al equipo, mientras el mando del conjunto de Test pasaba a manos del técnico de white-ball, Mike Hesson.
No fue solo un cambio. Fue un terremoto.
“Juegan con miedo”
Gillespie, que conoce desde dentro la estructura paquistaní, no se contuvo. En declaraciones a Code Sports, describió un vestuario atenazado por el temor y una gestión errática desde los despachos.
“Me da pena por los jugadores, de esto depende su sustento. Desde fuera, parece que juegan con miedo”, explicó. Y puso un ejemplo que retrata el caos: Salman Ali Agha.
En el primer Test ante Inglaterra, Salman Ali Agha fue capitán. En el segundo, ya estaba fuera del equipo. Antes del tercero, en un avión de regreso a casa. Sin transición. Sin explicación. “¿Cómo funciona eso?”, lanzó Gillespie, dejando la pregunta flotando como acusación directa.
La sensación de improvisación permanente ha calado. Y el exentrenador no se quedó en generalidades.
“Cambian de opinión como de pantalones”
Para Gillespie, el origen del problema tiene nombre y apellido: Aaqib Javed. No habló de ajustes tácticos ni de procesos a largo plazo. Habló de ausencia total de estrategia.
“Está bastante claro que no tienen ninguna estrategia de selección, especialmente bajo Aaqib Javed. Cambian de opinión como cambian de pantalones: a diario”, disparó.
No es una crítica menor. Viene de alguien que ha trabajado con la estructura y que ahora ve, desde fuera, un equipo sin rumbo y un grupo de jugadores que no sabe a qué atenerse. Hoy eres capitán. Mañana, descartado. Pasado mañana, en casa viendo la serie por televisión.
En un contexto así, el miedo se instala. Y el rendimiento se hunde.
Acusaciones cruzadas y un espejo incómodo
La guerra dialéctica no empezó hoy. Aaqib Javed ya había señalado públicamente a Gillespie y a Gary Kirsten, acusándolos de falta de comunicación y de no escucharle durante sus etapas en el equipo. Según Javed, parte de lo que hoy sufre Pakistán se gestó entonces.
Gillespie ha desmentido esas versiones una y otra vez. Esta vez fue más allá. Recordó que Javed lleva dos años como presidente de los selectores, mientras que él y Kirsten ya no forman parte del proyecto.
“Aaqib Javed salió recientemente y culpó a Gary Kirsten y a mí de todo lo que está pasando. Aaqib ha sido el presidente de selectores durante los últimos dos años. Nosotros ni siquiera hemos estado allí. De alguna manera, dice que es culpa nuestra. Que alguien le encuentre sentido a eso. Creo que Javed necesita mirarse a sí mismo en el espejo”, sentenció.
El dardo no solo cuestiona las decisiones. Cuestiona el liderazgo. Y deja a Javed expuesto en plena crisis.
Jugadores despedidos por WhatsApp… pero sin mensaje
El golpe más duro del relato de Gillespie no tiene que ver con táctica ni con técnica. Tiene que ver con respeto.
Según el exseleccionador, la comunicación entre Javed y los jugadores es prácticamente inexistente. Los afectados por la purga no se enteraron por una llamada oficial ni por una reunión cara a cara.
“No hay definitivamente comunicación entre Aaqib Javed, que se supone que es el presidente de selectores, y los jugadores. Los jugadores que fueron despedidos se enteraron por familiares, amigos y por los medios de comunicación de que habían sido echados”, denunció.
Para un vestuario ya frágil, esa forma de proceder abre heridas profundas. No solo pierdes tu sitio. Pierdes la confianza en el sistema.
Golpeados en el campo y fuera de él
El contexto deportivo solo agrava la sensación de colapso. Pakistán no solo está perdiendo; está siendo arrollado.
En el Test inaugural en Headingley, el equipo cayó por una entrada y 103 carreras. Un resultado que ya encendió las alarmas. En Lord's, el segundo Test fue aún más contundente: derrota por 194 carreras. Dos golpes seguidos en escenarios icónicos, ante una Inglaterra que olió sangre y no perdonó.
Entre un partido y otro, lejos de encontrar calma, el PCB optó por la vía más traumática: recortar, señalar, mandar gente a casa y cambiar el mando técnico. El ruido fuera del campo terminó por competir con el desastre dentro de él.
Edgbaston espera… y también las respuestas
El tercer y último Test de la serie arranca en Edgbaston el 9 de septiembre. Sobre el papel, es solo otro partido. En la realidad, parece mucho más que eso.
Pakistán llega con un vestuario sacudido, una estructura de selección bajo fuego y un presidente de selectores en el ojo del huracán, señalado por voces de peso como Jason Gillespie y criticado también por referentes como Nasser Hussain, que ya calificó las decisiones del PCB de motivo de burla.
El resultado en Birmingham contará, claro. Pero la verdadera cuestión ya no es solo cuántas carreras puede anotar Pakistán o cuántos wickets puede tomar.
La pregunta es otra: ¿puede este equipo reconstruirse mientras quienes deciden desde arriba siguen sin querer mirarse al espejo?




