Hadjar regresa al volante en Bakú: Red Bull recupera a su joven talento
Isack Hadjar está de regreso. El piloto francés de Red Bull, de solo 21 años, volverá a subirse al monoplaza este fin de semana en el Gran Premio de Azerbaiyán, después de perderse las últimas tres carreras por una lesión en la muñeca.
La historia de su ausencia es tan insólita como frustrante para un piloto de élite: se lesionó mientras boxeaba. Ese golpe le abrió la puerta a Liam Lawson, el neozelandés de 24 años que asumió el reto en Zandvoort, Monza y Madrid.
Red Bull confirmó en un comunicado que Hadjar ha logrado una “recuperación completa” y que retomará su asiento en Bakú, del 24 al 26 de septiembre. Su regreso se producirá nada menos que al lado de un cuatro veces campeón del mundo como Max Verstappen, un contexto tan exigente como tentador para medir su techo real.
La escudería no dejó pasar la oportunidad de reconocer públicamente el trabajo de Lawson: agradeció su “profesionalismo, dedicación y duro trabajo” en estas tres carreras, destacando que, pese a las circunstancias, ofreció “actuaciones impresionantes” y una aportación valiosa al equipo.
Los resultados avalan al neozelandés. Firmó un séptimo puesto en Zandvoort y un sexto en Madrid, rozando el protagonismo en la zona media de la parrilla. Monza fue su única mancha: terminó decimocuarto y se quedó sin puntos. Ahora, tras ceder el volante a Hadjar, Lawson regresará al programa de jóvenes pilotos de la marca, en Racing Bulls, donde su nombre seguirá muy presente en el radar de la Fórmula 1.
Para Hadjar, Bakú supone algo más que un simple regreso tras lesión. Vuelve octavo en el campeonato de pilotos, con 71 puntos acumulados esta temporada, y con la responsabilidad de no perder el ritmo competitivo que Lawson mantuvo en su ausencia. El listón no ha bajado; al contrario, se ha endurecido.
La ciudad de las murallas estrechas y las rectas interminables será el escenario de su reaparición. Ahora le toca demostrar si esa muñeca recuperada está lista para soportar no solo las fuerzas G, sino también el peso de la expectativa dentro de un garaje que no espera a nadie.



