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Hürzeler transforma la rabia en éxito táctico con Brighton

A principios de marzo, Fabian Hürzeler salió de la sala de prensa con más preguntas que respuestas. Acababa de perder 1-0 contra Arsenal y soltó una frase que quedó flotando en el aire: “Hoy solo hubo un equipo que intentó jugar al fútbol”. Su Brighton había dominado casi todo, pero un destello de Bukayo Saka y un error de Bart Verbruggen dictaron sentencia.

Meses después, en el Falmer Stadium, el guion se invirtió por completo. Esta vez no hubo lamento. Hubo exhibición. Y hubo ajuste de cuentas futbolístico.

De la frustración al control absoluto

La idea de Hürzeler ya estaba ahí en aquella primera derrota: un Brighton valiente, protagonista con y sin balón, dispuesto a arriesgar. El club le había entregado un contrato de cinco años en el verano de 2024 precisamente por eso, sabiendo que su modelo necesitaba tiempo, correcciones y, sobre todo, convicción.

Al principio, la defensa era una herida abierta. Los rivales técnicamente superiores castigaban cada pérdida y cada desajuste. Brighton atacaba con descaro, pero pagaba un peaje altísimo atrás. Con los meses, el técnico alemán fue limando aristas, ajustando alturas, corrigiendo distancias. No renunció a su esencia; la hizo más sólida.

El resultado explotó el pasado fin de semana: 3-0 a un Arsenal invicto y líder, desbordado desde el primer minuto. No fue solo un baño de fútbol. Fue una lección táctica.

Un pressing que asfixia

Desde el saque inicial, Brighton saltó a la yugular. La primera línea de presión se instaló prácticamente dentro del área de David Raya. Cada intento de salida limpia de Arsenal chocaba con un bloque que se movía al unísono: tapón a las líneas sencillas, superioridad numérica sobre el poseedor y, cuando no quedaba otra, forzar el balón largo.

El plan era claro: empujar a Arsenal hacia donde menos le gusta vivir. Raya falló tres de sus siete pases en los primeros 15 minutos, forzado por la presión y por un centro del campo sobrecargado de camisetas de Brighton. O jugaba en corto hacia Jurrien Timber y Riccardo Calafiori, ambos perseguidos de cerca, o se veía obligado a lanzar sin control hacia una zona central que ya era territorio enemigo.

Las cifras lo retratan: nueve recuperaciones en el último tercio, el registro más alto que ha sufrido Arsenal desde diciembre de 2023, cuando Liverpool alcanzó la misma marca. En el global del campeonato, Brighton ya suma 35 recuperaciones en campo rival, ocho más que Everton, segundo en esa estadística. No es casualidad. Es un sello.

Hürzeler lo explicó con sencillez, casi con orgullo contenido: la clave, dijo, fue que cada jugador sentía que tenía a un compañero detrás. Si uno era superado, el siguiente aparecía. La confianza, la claridad de roles en cada balón parado, la atención en cada instante. Nada de improvisación. Todo medido.

El mejor ataque… y una defensa que ya no tiembla

El premio a tanta agresividad organizada se ve en el marcador y en la clasificación. Tras cinco jornadas, Brighton presume del mejor ataque de la liga: 16 goles. En toda la historia de la Premier League, solo el Manchester City de la temporada 2022/23 había firmado más en ese tramo inicial, con 19.

La evolución no se queda en la fase ofensiva. En ocho partidos oficiales, el equipo ya ha dejado su portería a cero en cinco ocasiones. El curso pasado necesitó el doble de encuentros para alcanzar esa cifra. “Lo más importante es no encajar goles atrás”, repite Hürzeler. No es una frase vacía: su Brighton ahora muerde arriba y se blinda atrás.

Mikel Arteta lo reconoció sin rodeos. Desde “el primer saque de banda”, dijo, percibió la presión extrema. Arsenal acumuló errores técnicos en su propio campo, se saltó sus propios principios de juego para salir de situaciones de hombre a hombre y terminó encerrado en un papel que no domina: el de equipo que solo resiste.

Un equipo hecho a medida de su entrenador

Nada de esto ocurre por accidente. Mercado a mercado, Hürzeler ha ido construyendo un grupo a su imagen. Cada pieza tiene un porqué. Chema Andres, fichado desde el VfB Stuttgart justo antes del cierre de la ventana, es un ejemplo perfecto: casi dos metros de altura, contundente en el choque, veloz a campo abierto. Ideal para ganar esos balones largos que provoca el pressing y para corregir a la carrera si la trampa no se cierra a tiempo.

Luka Vuskovic, llegado en verano desde Tottenham Hotspur por 55 millones de euros, ha tardado poco en convertirse en titular indiscutible. Físico, salida limpia, carácter. Un central para sostener una idea que exige valentía permanente.

Y en medio de todo, un veterano que se ha reinventado: Pascal Groß.

Pascal Groß, el vino que mejora con los años

El exinternacional alemán, que había perdido peso en el Borussia Dortmund, aterrizó en la costa sur el pasado invierno. A los 35 años, muchos lo veían en la recta final. Hürzeler, en cambio, le abrió un nuevo horizonte. Le dio libertad en el último tercio, le empujó hacia zonas más ofensivas y le pidió que interpretara el juego con la experiencia acumulada de toda una carrera.

La respuesta ha sido fulminante. Groß lidera la tabla de goleadores de la Premier League tras cinco jornadas, con tres tantos y cuatro asistencias, por delante de estrellas como Erling Haaland o Florian Wirtz. Ante Arsenal volvió a aparecer en el momento clave: abrió el marcador en el 3-0 (minuto 31) y sirvió el centro para el gol de Chema que cerró la goleada (57).

Él mismo lo resumió hace poco en una entrevista con la revista alemana kicker: se siente en plena forma, cómodo, en un punto perfecto entre físico, experiencia y el trabajo con un entrenador que potencia sus virtudes. El propio Groß subrayó que varios de los goles del equipo nacen precisamente de ese pressing alto y de las recuperaciones inmediatas. Brighton genera ocasiones en cascada. Y él se mueve como pez en el agua en ese entorno.

Para Hürzeler, Groß es “como un buen vino”: cuanto más envejece, mejor se vuelve. No solo por lo que hace con el balón, también por lo invisible. El técnico destaca su capacidad para unir a un vestuario lleno de nacionalidades distintas, para leer las dinámicas internas y para tejer cohesión social en el día a día. Un líder silencioso en un equipo que grita intensidad.

Reconciliación en la banda y respeto ganado

La escena tras el último pitido final frente a Arsenal contrastó con la de marzo. Esta vez, Hürzeler no necesitó discursos incendiarios. El marcador hablaba por él. Arsenal había caído de lleno en la red de su plan de partido y nunca encontró una salida real al acoso constante.

El que tomó la palabra fue Arteta. El técnico español, que meses antes había respondido con ironía y cierto desdén a las críticas de su colega, cambió por completo el tono. Admitió el mérito del rival, asumió la superioridad táctica de Brighton y dio por zanjada la polémica entre ambos.

“Lo que pasó ya es pasado”, vino a decir, antes de elogiar con énfasis a Hürzeler y al club por lo que están construyendo. “Lo que Brighton está haciendo bajo su mando es simplemente notable”, reconoció. No era una cortesía vacía. Era la constatación pública de que el joven entrenador alemán ha dejado de ser una curiosidad de laboratorio para convertirse en una amenaza muy real en la élite.

Brighton, mientras tanto, ya se ha instalado en la tercera plaza tras su tercera victoria. Juega con una identidad marcada, somete a los grandes y exhibe una convicción poco habitual en un proyecto tan reciente. Hürzeler pidió tiempo. El club se lo dio. Ahora la pregunta es otra: ¿hasta dónde puede llegar este equipo que, por fin, ha aprendido a convertir su fútbol en resultados?

Hürzeler transforma la rabia en éxito táctico con Brighton