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Paes: el guardián que prioriza al equipo

La carrera de Paes ha pasado por dos mundos muy distintos: la Eredivisie y la MLS. Dos ligas, dos ritmos, dos culturas futbolísticas. De ese contraste ha salido un portero con algo más que reflejos bajo palos: un jugador con una mentalidad curtida, que hoy se define por una idea sencilla y contundente. Primero el equipo. Luego todo lo demás.

En una conversación con FIFA, el guardameta resumió su propio viaje con una frase que suena a balance y a convicción: «Todo lo que ha pasado en mi carrera ha pasado por una razón. He crecido y madurado mucho por ello». No habla de paradas ni de estadísticas. Habla de proceso, de golpes y aprendizajes.

Ese cambio interior se nota en cómo ordena ahora sus prioridades. Paes lo deja claro: el yo ya no manda. «Mi ego ya no es tan importante. Solo quiero contribuir lo máximo posible al equipo. Mi principal objetivo es ganar, tanto con la selección como a nivel de club». No hay matices ni medias tintas. Ganar, pero ganar juntos.

Una plataforma para todo el sudeste asiático

La mirada de Paes va más allá del vestuario. El torneo respaldado por FIFA en el que participa su selección no es, para él, un simple trofeo en juego, sino una palanca para toda una región. «Es un desarrollo positivo, no solo para Indonesia sino para todos los países participantes. Va a elevar el nivel del fútbol del sudeste asiático», subraya.

No se trata solo de visibilidad. Se trata de competir cada vez contra mejores equipos, de elevar el listón día a día. De acostumbrarse a un estándar más alto y no querer volver atrás.

El molde de la élite

El carácter competitivo de Paes no se ha formado en el vacío. El entorno del Johan Cruyff Arena le ha dado un contexto de máxima exigencia. Allí, el día a día se mide en detalles, en entrenamientos donde cada acción cuenta, en sesiones compartidas con un referente mundial como Marc-André ter Stegen, que ha terminado de afilar su mentalidad ganadora.

En la selección, la película es parecida. El puesto no está regalado. Se disputa mano a mano con Emil Audero bajo la mirada del seleccionador John Herdman. Es una pugna intensa, pero sin veneno. «Cuanto mejor es la competencia a la que te enfrentas, más te empuja a convertirte en la mejor versión de ti mismo», afirma el portero.

La frase retrata a un futbolista que no teme la presión interna, sino que la reclama. Quiere un entorno que le exija. Que no le deje relajarse ni un día.

Garuda por encima de los nombres

En ese contexto, el debate clásico sobre quién debe ser titular pierde peso para Paes. Él mismo rebaja cualquier lectura personalista. «Cuanto más mayor me hago, más importante es para mí que Garuda gane, no yo o Emil», sentencia.

No es un recurso de diplomacia. Es una declaración de principios. La selección, el escudo, el país, por encima de la batalla de egos bajo los tres palos. Si el equipo levanta el título, el nombre en la alineación pasa a un segundo plano.

El sueño: un título en casa

El portero no se esconde cuando habla de objetivos. Nada de tópicos sobre “competir partido a partido” y ver qué pasa. Él apunta alto y lo verbaliza sin rodeos: «Para mí, el objetivo es ganar el trofeo. Me encantaría levantar el título delante de nuestros propios aficionados y devolverles todo el apoyo que nos han dado en los últimos años».

La imagen es potente: un estadio lleno, una afición volcada, un capitán levantando el trofeo. Paes se ve en esa escena, pero no como protagonista único, sino como parte de un bloque que quiere saldar una deuda emocional con su gente.

El siguiente escalón: Asia

El torneo regional no es un fin en sí mismo. Es el trampolín. La plataforma desde la que saltar hacia retos mayores. Paes lo explica con la misma claridad con la que habla de su propia evolución: «El primer objetivo es ganar el trofeo aquí y construir una sensación realmente positiva de cara a la Asian Cup».

El mensaje es directo: primero dominar en casa, en la región, y después trasladar esa confianza al gran escenario continental. Sin atajos, sin promesas vacías. Un paso detrás de otro, pero siempre con la vista fija en el mismo horizonte: un Indonesia competitivo, reconocible y ambicioso en Asia.

Para Paes, el camino está trazado. Ya no se trata de quién ocupa la portería, sino de hasta dónde puede llegar Garuda si todos empujan en la misma dirección.