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India avanza a la final de la Women’s Asia Cup con victoria sobre Bangladesh

En Dubái, en un torneo que ha sido un homenaje permanente al arte del spin, India volvió a comportarse como dueña del escenario. Un 149/6 trabajado con el bate, una defensa asfixiante con la bola y un marcador final que no deja lugar a debate: victoria por 40 carreras sobre Bangladesh y billete sellado para la sexta final consecutiva de la Women’s Asia Cup.

El último obstáculo será el ganador del duelo entre Pakistan y Sri Lanka. Pero la sensación, después de esta semifinal, es que el equipo de Harmanpreet Kaur ha encontrado exactamente el tipo de partido que quería jugar.

Shafali incendia el PowerPlay, Bangladesh la perdona

Todo comenzó, como tantas veces, con Shafali Verma marcando el tono. Después de que Smriti Mandhana cayera pronto por 2 (5), con un leading edge bien capturado por Shorna Akter, la responsabilidad del arranque recayó en la explosiva opener.

Shafali arrancó con un primer aviso sobre Marufa Akter y luego desató el caos ante Sultana Khatun: dos seis consecutivos, caminando por el pitch y golpeando recto, uno más sobre mid off, y la sensación de que Bangladesh había dejado la puerta abierta a una tormenta.

Lo más grave para las Tigresas no fue lo que Shafali conectó, sino lo que le regalaron. Tres veces la tuvieron en las manos. Tres veces la dejaron vivir: en 6, en 11 y en 56. Cada vida se convirtió en castigo. La derecha castigó por el lado leg, por encima de mid-wicket, con reverses, con golpes a la carrera. Llegó a su medio siglo —el vigésimo en T20I con apenas 22 años— con una mezcla de poder y fortuna que desarmó a una defensa ya nerviosa.

Terminó con 64 de 40 bolas (7 fours, 3 sixes), una entrada tan brillante como caótica, que sostuvo el innings mientras alrededor de ella el resto sufría para encontrar ritmo.

El viejo fantasma del middle-order… y el cierre de Deepti

El contexto era ideal para que el middle-order indio se liberara. No lo hizo. Otra vez.

Pratika Rawal tuvo destellos, con un seis sobre mid-wicket a Rabeya Khan y algún golpe elegante, pero el ritmo colectivo se desplomó tras el PowerPlay. Los spinners de Bangladesh, liderados por Nahida Akter, Rabeya y Fahima Khatun, ajustaron líneas, cambiaron velocidades y secaron los límites durante largos tramos. En los overs 8 y 9, por ejemplo, India no logró un solo boundary.

Harmanpreet Kaur encarnó ese atasco. Tardó seis bolas en sumar su primer run, luego se quedó anclada en 13 de 22, incapaz de encontrar el tiempo contra Fahima y compañía. Algún destello —un seis recto, un full toss castigado al final— maquilló una entrada que, en cualquier otro contexto, habría costado caro.

Richa Ghosh aportó 21 de 16 (dos seis) y ayudó a recomponer algo la marcha en los overs 16 a 18, pero fue Deepti Sharma quien, como tantas veces, entendió mejor que nadie el tempo del cierre. Entró en el 19, leyó de inmediato las intenciones de Marufa y castigó:

  • Un cuatro cortando detrás de square.
  • Un seis sobre long on, leyendo el slower.
  • Otro golpe recto para dos.

Cayó en el intento de seguir acelerando (13 de 6, con un cuatro y un seis), pero ya había hecho el daño. India cerró en 149/6, una cifra que, en esta Dubái dominada por el spin, parecía más que competitiva.

Charani entra en la historia, el spin vuelve a mandar

Con la pelota, India se movió en su zona de confort. El plan era claro: usar el nuevo balón para controlar, y luego soltar a la jauría de spinners.

Kranti Gaud y Nandani Sharma abrieron el camino, pero el momento simbólico llegó cuando entró N. Shree Charani. Llegaba a un solo wicket de las 50 en T20I en el año y de igualar el récord indio de Poonam Yadav (35 en un calendario). No tardó en dejar su huella.

Primero, un over de aviso. Después, la estocada: Juairiya Ferdous, que había arrancado con 14 de 18, top edge y captura cómoda de Richa Ghosh. Wicket maiden. Charani alcanzaba así las 50 en el año y se ponía a la altura de Poonam en la tabla histórica india, con una naturalidad que ya empieza a parecer rutina.

A su alrededor, el resto del spin cartel hizo el resto. Deepti, como siempre, fue la arquitecta silenciosa de la caída de Bangladesh. Retiró a Dilara Akter por 21 (26) con una bola que la obligó a buscar el golpe expansivo hacia Kranti en mid-wicket. Más tarde, desarmó a Sobhana Mostary (18 de 24) con una entrega recta que atravesó el bat y las stumps. Y en el tramo final, volvió a golpear para limpiar a Sharmin Akhter por 1 (2).

Prema Rawat, desde el otro lado, tejió su propia red. Primero controló, luego atacó. En el over 15, cuando Bangladesh necesitaba milagros, indujo el error de la capitana Nigar Sultana (19 de 17, con un cuatro y un seis), que buscó atacar y solo encontró un edge hacia short third, bien tomado por Nandani. El símbolo perfecto de una persecución que nunca encontró pulso real.

Una persecución siempre a contramano

Bangladesh nunca pareció realmente al ritmo del objetivo. Al final del over 10 estaba en 46/2, exactamente a 5 por over, muy lejos de los más de siete y medio que pedía la ecuación. Cada intento de aceleración chocaba contra un muro.

Hubo momentos aislados de resistencia. Nigar conectó un seis enorme jugando a través de la línea. Shorna Akter intentó cambiar la narrativa con dos seis, uno ante Deepti y otro ante Shafali, ambos por el lado largo del campo. Fahima Khatun dejó quizá el golpe más creativo de la noche, un dilscoop perfecto para cuatro en el último over.

Pero siempre llegaba la respuesta india. Cada pequeño amago de rebelión tenía un contraataque inmediato: un wicket de Deepti, un over estrangulador de Charani, una línea pesada de Prema. Y, cuando el partido ya estaba decidido, apareció Nandani Sharma para cerrar el telón con dramatismo: primero la captura de Fahima por 14 (14), luego un hit wicket de Rabeya Khan en la última bola. Bangladesh terminó en 109/8, muy lejos de la meta.

Sexta final seguida… y una pregunta inevitable

India, invicta en el torneo, vuelve a una final de Asia Cup con sus viejas señas de identidad intactas: spinners dominantes, un top-order capaz de arrasar partidos y una cultura de presión que no concede aire en las fases decisivas.

Hay, sin embargo, un matiz que no se puede ignorar: el middle-order sigue sin despegar. En una semifinal, el genio de Shafali y la disciplina del trío Charani–Deepti–Prema bastaron. En una final, ante Pakistan o Sri Lanka, ¿será suficiente si las aperturas no funcionan?

La respuesta llegará en el mismo escenario, con los mismos protagonistas y una historia que India conoce de memoria, pero que el resto del continente sigue intentando reescribir.