Inglaterra en 2026: un equipo distinto y la vuelta de Pietersen
En 2026, Joe Root vuelve a llevar el brazalete de capitán de Inglaterra en Tests y Kevin Pietersen está otra vez dentro del vestuario. Hace solo unos meses habría parecido un experimento imposible; ahora es la nueva normalidad y el símbolo perfecto de uno de los veranos más convulsos que ha vivido el cricket inglés en los últimos tiempos.
La era Bazball ya es pasado. Sin comunicado oficial, sin ruptura dramática, pero enterrada igual. Las discusiones de primavera sobre si había que cambiar el liderazgo tras los Ashes han quedado viejas de golpe. No hubo giro entonces, pero el equipo ha mutado por completo durante el verano.
¿Ha sido un verano desperdiciado? Intente decírselo a Jordan Cox, Emilio Gay o Dan Lawrence, que han aprovechado cada pelota como si fuera la última. O a un Ollie Robinson renacido. O al propio Root, rebuscando en el garaje para rescatar de una percha polvorienta su antigua blazer de capitán.
Un equipo distinto sin Ben Stokes
Responder a la gran pregunta es incómodo: ¿es mejor esta Inglaterra de septiembre que la de junio? Resulta difícil sostener que un equipo que ya no tiene a Ben Stokes haya mejorado. Pero sería injusto usar esa ausencia para empañar lo que sí ha hecho bien Inglaterra en el 3-0 a Pakistán.
No es un ataque a Stokes decir que su personalidad lo abarcaba todo. Bajo su mando, Inglaterra era, ante todo, lo que Stokes decía y lo que Stokes hacía. Su carisma, su agresividad, su instinto: todo giraba en torno a él.
Con Root el tono cambia. Otro carácter, otra forma de mandar. Hasta la tercera tarde del tercer Test en Edgbaston, casi todo en ese cambio parecía positivo. El equipo transmitía calma, una serenidad que quizá también se explicaba porque, hasta entonces, apenas había sido puesto a prueba.
Esa calma se evaporó golpe a golpe con el bate de Razaullah. Dos horas de caos puro. Inglaterra desbordada, los viejos fantasmas del primer mandato de Root reapareciendo sin invitación. El capitán, superado, sintió la necesidad de salir del campo por unos minutos. Stokes, con todos sus excesos, rara vez dejaba que un partido se le escapara de las manos de esa manera.
De aquella sesión tan dolorosa, al menos quedó una señal diferente desde el banquillo. Marcus Trescothick, técnico interino, no se escondió y admitió su decepción. Nada de consignas edulcoradas ni de vender un relato perfecto: un contraste evidente con el discurso inquebrantable que acompañó a la etapa Bazball.
Un verano brillante, una incógnita intacta
La realidad es que el verano se marcha y nadie sabe con certeza cuán buena es esta Inglaterra. Es un patrón que se repite. Los Ashes empatados en 2023. La derrota inesperada ante Sri Lanka en The Oval al cierre de 2024. El golpe de no rematar la última serie frente a India el año pasado.
En los más de cuatro años de Rob Key como director de cricket, la sensación se repite una y otra vez: cuando llega la serie que define una era, Inglaterra no la gana. Entre esos grandes exámenes, más preguntas que respuestas. El equipo parece siempre estirar la mano hacia el anillo dorado… sin llegar nunca a cerrarla. El arcoíris siempre promete un tesoro que se esfuma en el último metro.
Lo que sí ha dejado este verano es un núcleo de velocidad que invita a soñar. Un cuarteto de seamers que ya se compara con los héroes del Ashes 2005. Palabras mayores.
Ollie Robinson ha sido el dueño del verano inglés: 28 wickets a una media de 9,32. Números de otra época, casi de antes de la Primera Guerra Mundial. Detrás de él, la artillería pesada: Jofra Archer, Josh Tongue y Gus Atkinson aportan ritmo, intimidación y variedad. Un auténtico cuchillo suizo de ataque rápido, solo con una carencia evidente: no hay un zurdo.
El problema aparece en cuanto se mira más allá. Una lesión y el fondo de armario se vuelve frágil. Sam Cook, Sonny Baker, Matthew Fisher y Henry Crocombe suman apenas cuatro Tests entre todos. Brydon Carse está disponible, pero su futuro inmediato depende de lo que ocurra con la investigación del incidente de Derby. En algún despacho ya se pronuncia otro nombre con fuerza: Olly Stone, en plena forma, podría estar pidiendo a gritos una nueva oportunidad.
El invierno exige respuestas
El reto inmediato es encontrar la mezcla adecuada para un invierno muy distinto al verano inglés. El cuarteto de seamers puede funcionar en Sudáfrica y en el Test con bola rosa por el 150 aniversario en Melbourne. Condiciones de ritmo, rebote, noches frescas. Terreno conocido para este tipo de ataque.
Bangladés es otra historia. Dos Tests en febrero que exigirán un plan completamente diferente. Allí, la velocidad manda menos y el giro se convierte en ley. Y ahí es donde Inglaterra llega más desnuda.
Pese a un verano abrasador, el spin ha sido casi un lujo prescindible. Una herramienta guardada en el fondo de la caja. El resultado es una lista larguísima de candidatos sin que ninguno se haya consolidado como la opción indiscutible.
- Shoaib Bashir
- Jack Leach
- Dom Bess
- Will Jacks
- James Coles
- Mason Crane
- Liam Patterson-White
- Calvin Harrison
- Jack Carson
Todos pueden pensar, con argumentos, que tienen opciones reales de subirse al avión hacia Dhaka. Ninguno ha dado todavía el golpe definitivo sobre la mesa.
Hoy, el dueño del puesto es Dan Lawrence, aunque apenas ha tenido ocasiones de demostrar cuánto pueden aportar sus off-breaks a tiempo parcial. Ese extra con la bola le da ventaja cuando Jacob Bethell regrese de su lesión de rodilla. Si Bethell está sano, el siguiente dilema apunta a la primera cita del invierno en Sudáfrica: ¿Jordan Cox o Emilio Gay para completar el orden de bateo?
Inglaterra cierra el verano con una barrida 3-0, un capitán reciclado, una leyenda como Pietersen de vuelta en la estructura y un ataque rápido que asusta. Pero la pregunta que lleva años flotando sobre el Test cricket inglés sigue intacta.
¿Será este el grupo que, por fin, deje de rozar las grandes series y empiece a ganarlas cuando de verdad cuentan?




