logo

Inglaterra redefine su apertura en Tests: ¿necesita un opener puro?

Marcus Trescothick abre la puerta: Inglaterra no necesita ya un opener “puro” en Tests. El cargo, históricamente reservado a especialistas curtidos bajo la nueva bola, podría recaer en un bateador más versátil. Y detrás de esa reflexión late un problema muy concreto: cómo encajar a Jacob Bethell cuando vuelva de su lesión de rodilla para la gira de diciembre en Sudáfrica.

Un orden superior en revisión

El verano de Tests ha dejado más preguntas que certezas en la parte alta del orden inglés. Emilio Gay, en su primera temporada como jugador de Test, ha compartido apertura con Ben Duckett. Tres medias centurias para Gay, sí, pero una media final por debajo de 25 que no despeja dudas.

Duckett, uno de los hombres fuertes del vestuario, firmó el único siglo del verano, frente a New Zealand en Trent Bridge en junio. Pero el contraste es duro: no pasó de 20 en ninguno de los tres Tests contra Pakistan y promedia menos de 24 desde el inicio de los Ashes. Un opener senior bajo presión, justo cuando se avecina una gira exigente.

Mientras tanto, Jordan Cox ha aprovechado el hueco que dejó Bethell en el número tres. Tras debutar por fin este verano, Cox ha respondido con una media superior a 42. Conoce también el papel de opener en cricket de primera clase, un matiz que le añade peso en cualquier discusión sobre el tope del orden.

Bethell, por su parte, lleva tiempo señalado como posible abridor. Ya ha subido a abrir en el equipo de un día de Inglaterra y su regreso añade otra capa de complejidad. No solo por su bateo: también por lo que ofrece con la bola.

Spin, equilibrio y piezas que no encajan fácil

Dan Lawrence, otro de los nuevos en el top seis durante la serie ante Pakistan, podría quedar al margen de la quiniela de sacrificados. Su off-spin le da un valor añadido en una alineación que busca equilibrio, aunque el regreso de Bethell también aportaría spin, esta vez de brazo izquierdo.

Ahí entra la mirada de Trescothick, uno de los openers más exitosos en la historia de Inglaterra, hombre clave en los míticos Ashes de 2005 y conocedor como pocos de los rigores de la nueva bola. A sus 50 años, ve un juego distinto al que dejó en 2006, tras 76 Tests.

“Creo que los tiempos han cambiado un poco”, admite. Su tesis es simple y contundente: se trata de alinear a los siete mejores bateadores, como encajen. Si eso incluye un especialista en la apertura, perfecto. Si no, se construye alrededor. En una era de formatos múltiples, los jugadores se adaptan, saltan de un rol a otro, cambian de posición. Y lo hacen rápido.

La presión, por tanto, no recae solo en un nombre. Recae en una idea: ¿vale más la pureza del rol o la suma total del talento?

Fleming toma el mando, el futuro se decide ahora

Trescothick ha ejercido como seleccionador interino durante el 3-0 a Pakistan. Ahora entregará las riendas a Stephen Fleming, nombrado nuevo seleccionador de Test en julio pero ausente en esa barrida de serie.

El excapitán de New Zealand aterrizará en los próximos días para reunirse con la cúpula inglesa y empezar a trazar la gira de Sudáfrica. Se espera que vea parte de la serie de white-ball ante Sri Lanka, con los equipos de ODI y T20 todavía dirigidos por su compatriota y amigo Brendon McCullum. No se descarta que se deje ver también por algunos condados, observando de cerca a los candidatos a ese top siete tan discutido.

Cuando McCullum mandaba tanto en el equipo de Test como en el de white-ball, el cuerpo técnico era uno solo, con Trescothick como asistente fijo. Ese modelo parece tocar a su fin. Todo apunta a una reorganización del staff.

El australiano Mike Hussey ha reconocido que Fleming se puso en contacto con él, aunque desde su país se informa de que ha rechazado el ofrecimiento. Las sillas se mueven, pero el puzzle aún no está resuelto.

Trescothick, pieza central en ese engranaje, admite que todavía no sabe con precisión cuál será su rol. Tiene una preferencia, pero se la guarda. “Mejor no decirlo ahora, porque puede que no sea lo que pase”, señala. Disfruta de los dos formatos, se siente privilegiado como asistente, pero sabe que el tablero está cambiando.

El regreso de Pietersen, una presencia que no pasa desapercibida

En medio de este rediseño, otro nombre irrumpe con fuerza: Kevin Pietersen. El exbateador, uno de los más llamativos e innovadores que ha vestido la camiseta de Inglaterra, vuelve al entorno de la selección 12 años después de su abrupta salida tras el 5-0 en los Ashes 2013-14.

Pietersen se incorpora como consultor del equipo de white-ball. Su primer día de vuelta es este domingo, en plena preparación para el primer T20 ante Sri Lanka en Southampton el martes. Un regreso cargado de simbolismo, pero también de expectativas muy concretas.

Trescothick ya ha empezado a trabajar con él. Han hablado, han trazado líneas. Le ha pedido que observe aspectos específicos, que aporte su lectura. Y la respuesta del exbateador ha sido inmediata: está “encantado”, con ganas de volver a ponerse la camiseta o el chándal de Inglaterra.

Su valor no se mide solo en nostalgia. “Tiene una presencia enorme y un conocimiento del bateo distinto al de mucha gente”, apunta Trescothick. Si el grupo consigue aprovechar esa mirada diferente, el beneficio puede ser notable.

Mientras Fleming prepara su desembarco, mientras se decide qué hacer con Duckett, cómo encajar a Bethell, qué rol dar a Cox y cómo equilibrar spin y bateo, Inglaterra se asoma a una nueva etapa. Menos rígida en los roles, más obsesionada con exprimir al máximo el talento disponible.

La pregunta es clara y no admite rodeos: ¿quién se atreverá a dejar su sitio cuando llegue el momento de elegir a esos “mejores siete” para abrir una nueva era en Sudáfrica?