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Inglaterra barre a Irlanda en ODI con Dunkley sobresaliente

Inglaterra cerró en Worcester una serie perfecta ante Irlanda con un 3-0 rotundo, rematado por una victoria de 114 carreras en el tercer y último ODI. El marcador final, 291 all out contra 177 all out, cuenta parte de la historia. El resto lo escribió Sophia Dunkley con el bate y un trío de lanzadoras que no tuvo piedad.

Dunkley marca el tono

Insertadas por Irlanda, las locales respondieron con autoridad. Sophia Dunkley firmó una entrada de manual: 119 carreras de 119 bolas, su segundo siglo en ODI, construido a base de 15 límites y un control absoluto del ritmo del partido. No fue un alarde fugaz, fue una declaración de intenciones.

Junto a Maia Bouchier, Dunkley abrió con una asociación de 73 carreras que apagó pronto cualquier esperanza irlandesa de un golpe temprano. Después, con Jodi Grewcock (35), dominó un sólido stand de segunda puerta que superó las 100 carreras y empujó la proyección inglesa hacia una cifra cercana, por momentos, a las 350.

El plan parecía claro: desgastar, acelerar, rematar. Y durante 30 overs, Inglaterra ejecutó el guion casi a la perfección. En el 31, el marcador mostraba 183-1. El dominio era total, el ataque irlandés, bajo presión constante.

Un colapso inesperado

Justo cuando el castillo de carreras parecía elevarse sin techo, el final de la entrada inglesa se torció. De 260-4 en el over 43 a 291 all out en el 48.5. Seis wickets por 31 carreras en poco más de seis overs. Un desplome.

Alice Capsey (10) cayó run out, Dunkley terminó atrapada en el profundo cuando buscaba estirar aún más su obra, y pese a los golpes contundentes de Dani Gibson (41 de 37 bolas) y Freya Kemp (23 de 21) en una valiosa asociación de 46 carreras por la quinta puerta, la cola no resistió.

La capitana irlandesa Gaby Lewis protagonizó uno de los momentos del día con una magnífica captura en la frontera de long-off para deshacerse de Kemp. Esa acción abrió la compuerta. La leg-spinner Cara Murray aprovechó el caos para firmar cifras de 4-56, su primer “four-for” en ODI, y poner un punto de orgullo en una tarde complicada para las visitantes.

Inglaterra se quedó a 7.1 overs de completar su cupo. En otras circunstancias, esa fragilidad final podría haber costado caro. En Worcester, no.

Filer, Villiers y Corteen-Coleman apagan cualquier duda

Con 292 como objetivo, Irlanda necesitaba una salida agresiva y sin fisuras. No la tuvo. Lauren Filer (3-27) golpeó pronto, deshaciéndose de Gaby Lewis y marcando el tono de la réplica irlandesa: incómoda, siempre a remolque.

Alice Tector (29) y Amy Hunter (39) intentaron reconstruir con una asociación de 56 carreras por la segunda puerta. Resistieron, pero no aceleraron. El marcador avanzaba, el tiempo también, la tasa requerida subía. Irlanda sobrevivía, pero no competía de verdad.

Cuando Inglaterra olió la oportunidad, no la soltó. Tilly Corteen-Coleman (2-34) abrió la brecha al derribar a Tector. Capsey, esta vez con los guantes, se encargó de convertir la presión en daños reales con dos stumpings clave: primero Hunter, después Rebecca Stokell (14). Cada wicket alejaba más a Irlanda del objetivo y consolidaba el dominio inglés.

Orla Prendergast (24) fue atrapada en el deep midwicket, y la resistencia irlandesa empezó a resquebrajarse del todo. Corteen-Coleman volvió a aparecer para limpiar a Louise Little (14), y a partir de ahí el final fue abrupto: las visitantes perdieron sus últimos cinco wickets por solo 10 carreras en menos de cuatro overs.

Filer, que había abierto la herida, la cerró de forma contundente, destrozando los stumps de Kia McCartney para sellar el 3-0 y el triunfo por 114 carreras.

Una serie con sello Dunkley

El premio a mejor jugadora del partido y de la serie cayó, inevitablemente, en manos de Sophia Dunkley. No solo por el siglo en Worcester, sino por la sensación de control y peso específico que ha mostrado en la parte alta del orden.

Ella misma dejó claro su objetivo: abrir en todos los formatos. En esta serie, respaldó esa ambición con runs, presencia y, sobre todo, actuaciones que cambian partidos. Lo que buscaba, lo ha conseguido: contribuciones ganadoras, no solo buenos inicios.

Tash Farrant lo resumió desde la cabina: Dunkley quería “big runs”. En Worcester, los consiguió. Y con ellos, Inglaterra no solo cerró un blanqueo en la serie, sino que reforzó una idea peligrosa para sus rivales: cuando su top order se enciende y su ataque encuentra ritmo, hay muy pocos equipos capaces de seguirles el paso.