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Inglaterra se impone en Lord's y deja a Pakistán sin respuestas

En Lord's, el viejo escenario de siempre, Inglaterra volvió a imponer su ley. Y lo hizo con algo que empieza a parecer una marca registrada: un ataque de ritmo que no da respiro y que ha reducido a Pakistán a poco más que resistencia ocasional.

Al cierre del segundo día del segundo Test, el marcador es contundente: Inglaterra 290 y 81-3; Pakistán 110. Una ventaja de 261 carreras que, con el contexto de la serie, pesa mucho más de lo que dice el número.

Un ataque que asfixia

El día giró alrededor de los cuatro nombres que sostienen la nueva ilusión inglesa con la pelota: Ollie Robinson, Jofra Archer, Josh Tongue y Gus Atkinson. Entre los cuatro desmontaron un bateo paquistaní ya tocado por las dudas y por la ausencia del lesionado Imam-ul-Haq.

Pakistán cayó por 110. Solo Azan Awais, con 46, consiguió pasar de 20. El siguiente mejor “bateador” fue el apartado de extras. Eso lo dice casi todo.

Archer encendió Lord's con una de esas ráfagas que justifican cada espera, cada duda sobre su físico. Su velocidad máxima rozó las 95 mph y promedió más de 90 mph en un primer tramo intimidante. Durante varios overs, Awais no dejó de jugar y fallar, una y otra vez, sin que la pelota encontrara el borde. De alguna manera, el único que cayó ante Archer en sus primeros cinco overs fue Shan Masood.

El contraste llegó con Robinson. Menos de 80 mph, el wicketkeeper Jamie Smith pegado a los palos, pero una precisión quirúrgica y un movimiento del balón —en el aire y al botar— que rozó lo cruel. Terminó con 4-11 y elevó una vez más su verano de regreso a un nivel que roza lo descomunal: 19 wickets en tres partidos a una media de 8,84.

Detrás de ellos, Tongue atacó con longitud plena y fue premiado con dos wickets. Su estadística en la serie es llamativa: un wicket cada 13,3 bolas. Atkinson, en cambio, sigue peleado con el marcador: solo un wicket en tres entradas, y aquí le anularon otro a Awais tras revisión cuando los jugadores ya se marchaban por una breve pausa de lluvia.

Al volver, la combinación Robinson-Archer resultó irresistible. Dos decisiones de lbw corregidas con éxito para sacar a Saud Shakeel y Muhammad Rizwan, y luego un bouncer que terminó con Awais. Archer, por su parte, remató la cola, derribando a Ali Usman y Muhammad Abbas. Su promedio de bowling en este campo se mantiene en 17, muy por debajo de lo que registra en cualquier otro lugar.

La consecuencia: un Pakistán sin respuestas, sin volumen de carreras y sin la capacidad de sostener una entrada. En tres intentos en esta gira, su máxima puntuación es 171 y aún no han conseguido completar 50 overs.

El bateo inglés: tropiezo, calma y una oportunidad

Antes de todo eso, Inglaterra había estirado su primera entrada hasta 290. La asociación de último wicket entre Atkinson y Tongue añadió 42 más en la mañana, llevando su stand a 47 y cambiando el tono del partido. De un 248-9 vulnerable a un 290 que, visto lo que vendría después con la pelota, se antoja casi inalcanzable para este Pakistán.

Con una ventaja de 180 al terminar la primera parte, Inglaterra volvió a batear con la posibilidad de sentenciar la serie. Pero el arranque de la segunda entrada recordó que su orden superior no está exento de dudas.

En apenas 19 bolas, 13-2. Ben Duckett regaló su wicket con un drive pésimo, directo a mid-off. Jordan Cox, que venía de un verano sólido, quedó atrapado en el crease y cayó lbw, ambos a manos de Khurram Shahzad. El marcador asustaba poco por la ventaja acumulada, pero el tono exigía contención.

Ahí apareció Emilio Gay. Zurdo, paciente, escogiendo bien sus golpes por el lado off, sostuvo la entrada y el reloj. A su lado, Joe Root pareció asentarse, como tantas veces, hasta que se repitió una imagen que empieza a convertirse en preocupación seria: el capitán, otra vez lbw ante un seamer.

Mohammad Ali le hizo retroceder una pelota que Root revisó casi por desesperación. No hubo rescate: es la novena vez en siete Tests que cae lbw ante un lanzador de ritmo, después de haber sufrido ese modo de despido solo tres veces en sus 39 partidos anteriores. Ocurra con el wicketkeeper arriba o atrás, ya es un patrón.

La siguiente bola, a Harry Brook, fue casi un calco. Esta vez, un ligero inside edge salvó al vicecapitán del mismo destino. Brook sobrevivió, pero el mensaje quedó claro: el margen de error es mínimo.

Mientras la luz se apagaba rápido sobre Lord's, el partido cambió de tono. De dominar a resistir. Gay, en 30* al cierre, esquivó por poco un edge ante Abbas que no llegó a mano alguna. Brook lo acompañó en el cierre, y la entrada se convirtió en una carrera contra el anochecer más que contra el ataque rival.

Inglaterra terminó en 81-3. Ventaja de 261. Y un día menos en el calendario.

Una serie que se inclina… si el clima lo permite

El pronóstico para el sábado es desolador: lluvia casi asegurada, posibilidad real de que se pierda todo el día. Incluso así, Inglaterra parece tener tiempo de sobra para rematar el trabajo durante el fin de semana festivo.

La nueva cara del ataque de ritmo inglés ha surgido por necesidad tras la retirada de Ben Stokes como lanzador. El entusiasmo por su futuro quizá deba matizarse por la fragilidad que ha mostrado Pakistán, pero los números y las sensaciones no engañan: han sido dominantes en esta serie.

La otra cara de la moneda está en el orden superior. Cox suma ya dos medios siglos en la serie. Jacob Bethell regresará pronto de su lesión de rodilla. El embudo se estrecha. Y Emilio Gay, con ese 30* trabajado bajo la luz moribunda de Lord's, tiene ahora una oportunidad que no puede desaprovechar.

Porque en un equipo que empieza a encontrar su ataque ideal, los puestos de bateo se están convirtiendo en un lujo. Y los lujos, en este nivel, no duran mucho si no se justifican con runs.