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Iraola y el desafío de Liverpool: un regreso a Bournemouth

Hace solo 12 meses, Liverpool había ganado sus cinco primeros partidos de Premier League y parecía lanzado a defender el título bajo el mando de Arne Slot. Aquel arranque perfecto comenzó con una victoria ante el Bournemouth de Andoni Iraola, en la noche inaugural de la temporada.

Nadie imaginaba entonces que, al final del curso, el técnico vasco acabaría ocupando el banquillo de Anfield.

De la banda local al vestuario visitante

La vida gira rápido en el fútbol. Tanto, que resulta prematuro dictar sentencia sobre el trabajo de Iraola, aunque su Liverpool ya esté seis puntos por debajo del registro de hace un año a estas alturas. El dato pesa, pero el equipo sigue invicto en liga y el técnico de 44 años regresa ahora a un escenario que fue su casa durante tres temporadas.

El regreso no será normal. Esta vez, Iraola entrará en el vestuario visitante del Vitality Stadium, más pequeño, reformado recientemente para cumplir con la normativa de la Europa League. Un detalle menor, pero que suaviza el contraste emocional: vuelve a Bournemouth como rival, con el escudo de Liverpool en el pecho.

El entrenador ha cambiado el mar del sur de Inglaterra por la playa de Formby, el mismo entorno en el que se instalaron en su día Jürgen Klopp y Brendan Rodgers. Cuentan que se adapta bien: se le ha visto por el centro de la ciudad y, como ciclista entusiasta, aprovecha las rutas costeras. Pero su verdadero hábitat está lejos de los focos.

El lugar donde Iraola se siente realmente en casa es el campo de entrenamiento.

Un técnico de “seis días a la semana”

En Liverpool lo definen como un entrenador de “seis días a la semana”. Vive para el césped. Suele ser el primero en pisar el campo, colocando conos y marcando espacios para las tareas del día. El tono lo resumió el delantero Lewis Koumas: “Es realmente intenso. Hay mucho trabajo duro y no hay días ligeros. Todos damos el 100%”.

En el club comparten la sensación de que todo el entorno necesitaba pasar página respecto a la temporada pasada. Incluso si Slot hubiera seguido, el ambiente habría cambiado. Doce derrotas ligueras dejaron cicatriz. La llegada de Iraola, con su energía y su método, ha servido para reordenar la rutina.

En el AXA Training Centre de Kirkby, el vasco apenas usa su propia oficina. Prefiere la sala de entrenadores, junto a sus asistentes Tommy Elphick, Shaun Cooper y Pablo de la Torre. Su presencia en el edificio es discreta, mucho más baja de perfil que la de algunos de sus predecesores, pero muy pegada al trabajo diario.

De la Torre, que le acompañó de Rayo Vallecano a Bournemouth en 2023, es una pieza clave: se encarga de que la plantilla alcance el nivel físico que exige el estilo del técnico. Y aunque desde fuera se hable de revolución, dentro del club insisten en que los cambios no son tan drásticos como podría parecer, en parte por la estructura tan definida que tiene el rol de entrenador principal en Liverpool.

Aprender a ser Liverpool

El fichaje de Iraola se apoyó en su excelente trabajo en Bournemouth, pero ahora se enfrenta a algo nuevo: gestionar un calendario al límite con un gigante europeo. Está aprendiendo sobre la marcha. Escucha. Habla con los departamentos médico y de preparación física para dosificar a un grupo que disputará, como mínimo, 49 partidos esta temporada. La cifra podría dispararse hasta la sesentena si las copas se alargan.

Su manera de entrenar también se ha adaptado al calendario. Ajusta las sesiones al horario del siguiente partido: cada vez son más habituales los entrenamientos a última hora de la tarde o al anochecer. Con Slot, la rutina era más fija, casi siempre a la misma hora.

Ha tendido puentes con la academia y con Rob Page, técnico del equipo sub-21. El objetivo es claro: que la cantera respire el mismo fútbol. “Tenemos un entendimiento de cómo juega el primer equipo y de los principios clave: cómo presionamos, cómo quiere que presione su número 10, su número 8, sus centrales; lo reflejamos absolutamente”, explicó Page. La idea es que, cuando un joven suba, ya conozca el libreto.

Dominik Szoboszlai detalló hace unos días cómo se estructura el centro del campo: un ‘6’, un ‘8’ y un ‘10’. Pese a las peticiones de la grada reclamando un mediocentro defensivo en el mercado, el sistema de Iraola puede funcionar si el colectivo da un paso adelante. La estructura está pensada; falta afinar la ejecución.

El técnico suele dar la alineación el mismo día del partido, por la mañana. La charla de análisis posterior, en cambio, la reserva para el día siguiente. Todo muy pautado, muy de entrenador que quiere tener a la plantilla enchufada sin saturarla.

Cada palabra pesa

También ha tenido que ajustar su relación con los medios. Una entrevista con LFC TV tras un amistoso de pretemporada ante Monaco fue una lección rápida de lo que significa dirigir a Liverpool. Iraola admitió entonces que el equipo se había quedado sin gasolina a los 30 minutos y que todavía no tenía el nivel de energía necesario para jugar con la intensidad que él exige.

No era un reproche a los jugadores, sino una constatación del proceso físico en el que se encontraban. Pero en un club como Liverpool, cada frase se amplifica, se recorta, se saca de contexto y acaba dando vueltas por las redes. El mensaje le sirvió para entender el ecosistema. Desde entonces, se le ve sereno en las ruedas de prensa, dispuesto a explicar, pero consciente de que todo se escucha.

En el fondo, es un proceso de doble vía: Iraola se adapta a Liverpool tanto como Liverpool se adapta a Iraola.

Juventud, piernas y calendario salvaje

Uno de los grandes motivos para apostar por él fue su capacidad para desarrollar talento joven. La media de edad del Liverpool en Premier esta temporada es de 25,3 años; solo cinco equipos presentan una plantilla más joven. No es un dato menor. Encaja con la idea de un equipo agresivo, físico, capaz de sostener un ritmo alto.

Nombres como Rio Ngumoha (18 años), Trey Nyoni (19) y el propio Koumas (20) arrancaron como titulares ante Tottenham en la Carabao Cup. No fue un gesto simbólico. En el club asumen que todos ellos tendrán más protagonismo que la campaña anterior.

La palabra que lo envuelve todo es “intensidad”. Bajo Iraola es innegociable. Pero el técnico ya ha comprobado que, con un calendario tan salvaje, no bastará con correr más que nadie. Hará falta ganar partidos desde una jugada de estrategia, desde un destello individual, desde un partido feo resuelto con un detalle.

Por ahora, los números físicos respaldan el discurso: antes de este fin de semana, Liverpool era el equipo con más sprints en la Premier. Sin embargo, el empate sin goles ante Fulham dejó una imagen distinta: piernas pesadas, poca chispa, apenas 72 horas después de tumbar al Atlético de Madrid en Champions. El cuerpo habla.

El duelo del domingo frente a Bournemouth será el cuarto partido en 12 días. Después del parón de selecciones, les espera una secuencia todavía más dura: cuatro encuentros en 10 días. Entre el 11 de octubre y el 7 de noviembre, jugarán nueve veces. Una maratón a ritmo de sprint.

Regreso al origen

En medio de ese torbellino, Iraola pudo disfrutar a distancia del triunfo de Bournemouth en su estreno en la Europa League ante Real Sociedad, en pleno País Vasco, donde él creció. Un guiño del calendario. Un recordatorio de sus raíces.

Quizá tenga un momento de calma en el vuelo del sábado hacia el sur para repasar el camino recorrido: de Rayo Vallecano a Bournemouth, de Bournemouth a Anfield, y ahora de vuelta a un estadio que conoce cada esquina, pero con otra camiseta, otra exigencia y otro acento en la grada.

El arranque de su etapa en Liverpool no es un sueño perfecto, pero tampoco una pesadilla. El equipo no ha perdido en liga. Se ha vuelto más difícil de batir, un paso imprescindible después de aquellas 12 derrotas del curso pasado. Sin embargo, como recordó el vicecapitán Alisson hace unos días, los empates no alcanzan para un club que se mide por títulos, no por sensaciones.

Iraola, que no conoce la derrota en Premier desde enero sumando sus dos equipos, sabe que un triunfo en territorio familiar sería algo más que tres puntos. Sería una declaración de intenciones antes del parón internacional. Una forma de decir, sin palabras, que su Liverpool ya no solo corre: también empieza a ganar donde más duele.

Iraola y el desafío de Liverpool: un regreso a Bournemouth