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Jai Opetaia reta a David Benavidez para el Cinco de Mayo en Las Vegas

En una ciudad acostumbrada a los grandes anuncios, Jai Opetaia se aseguró de que el suyo no pasara desapercibido. El australiano no solo detuvo a Noel Mikaelian por primera vez en la carrera del germano-armenio; usó esa victoria como trampolín para desafiar, cara a cara, a David Benavidez en pleno T-Mobile Arena.

La noche tenía cinturones, política y mucho ruido alrededor. Pero al final todo se redujo a algo muy simple: dos hombres dispuestos a pelear el 5 de mayo en Las Vegas.

Opetaia destrona a un campeón que nunca había sido parado

Opetaia, que ahora luce un impecable 31-0, fue desarmando a Mikaelian asalto tras asalto. Sin prisas, sin estridencias, pero con una claridad que dejó al campeón del WBC sin respuestas reales.

El desenlace llegó en el noveno asalto. Un gancho de derecha, corto, seco, al mentón, dejó a Mikaelian aturdido. Opetaia olió la sangre. Tres golpes más, el rival tambaleando hacia las cuerdas, y el árbitro intervino con una cuenta de pie que el campeón no estaba en condiciones de superar. Era la primera vez que Mikaelian era detenido en 32 peleas, tras tres derrotas ajustadas y 28 victorias. Esta vez no hubo margen para la duda.

El australiano terminó con el ojo izquierdo inflamado por un choque de cabezas en el primer asalto, pero con algo mucho más valioso: una actuación dominante en su debut grande con Zuffa Boxing, y un mensaje claro a toda la división crucero.

Del nocaut al desafío público

Con Mikaelian aún asimilando la derrota, la atención se desplazó hacia un hombre que ni siquiera se había vendado las manos esa noche. David Benavidez, estrella estadounidense y campeón de dos divisiones, observaba desde la primera fila. Opetaia no esperó a los despachos ni a los comunicados oficiales. Lo llamó directamente al ring.

“Estoy todavía aquí, sigo invicto y, como dije, ¿quién sigue?”, lanzó el australiano, recordando de paso que el IBF le había despojado del título cuando se estrenó con su nuevo promotor. Acto seguido, invitó al campeón del WBA y WBO a subir a la lona. No había teatro vacío: había intención.

Benavidez aceptó el gesto y la escena cambió de combate a negociación en cuestión de segundos. Dos campeones, dos cinturones en juego, un escenario ya elegido.

“Vamos a hacerlo aquí mismo, el Cinco de Mayo del año que viene”, respondió Benavidez. Un apretón de manos selló el compromiso informal. Nada de firmas, nada de ruedas de prensa. Solo dos boxeadores mirándose a los ojos y prometiendo guerra. “Me gusta este hombre. Parece que le gusta la guerra. Yo soy igual, así que vamos a dar a los aficionados una pelea del demonio”, remató el estadounidense.

Desde el hospital, adonde fue enviado de inmediato para pruebas de precaución tras el combate, Opetaia tenía motivos de sobra para sonreír. “Ya lo ha dicho, no se echa atrás”, había soltado antes, con la confianza de quien sabe que acaba de forzar la mano del rival delante de todo el mundo.

Cinturones, política y la sombra de Zuffa

El trasfondo, sin embargo, está lejos de ser sencillo. Mikaelian entró al ring como campeón del WBC, pero todo indica que ese cinturón no irá a parar a la cintura de Opetaia. El organismo se ha mostrado reacio a sancionar veladas de Zuffa Boxing, y el australiano se mueve en un terreno donde los títulos se disputan casi tanto en los tribunales como en el ring.

Opetaia sigue en una batalla legal con el IBF, que intenta recuperar el cinturón que le fue retirado. De los cuatro grandes organismos, solo el WBA trabaja actualmente con Zuffa. El WBC, en cambio, podría terminar colocando su fajín en la cintura de Benavidez antes de ese hipotético choque de mayo, si en diciembre se concreta que su pelea ante Michal Cieslak, número uno del ranking, incluye el título completo en juego.

En medio de ese laberinto aparece Dana White. El jefe de Zuffa y hombre fuerte de UFC nunca ha sido partidario del matchmaking improvisado tras los combates, ni en boxeo ni en artes marciales mixtas. Sin embargo, lo que vio en el T-Mobile Arena le obligó a matizar su postura.

“Ha habido mucho tira y afloja en esta arena esta noche”, admitió. Lo dijo con una mezcla de resignación y entusiasmo. Porque, al margen de los comunicados de los organismos, la pelea que todos quieren ya tiene fecha oficiosa y protagonistas comprometidos.

White lo resumió con crudeza: “Hemos llegado a un mejor lugar con las organizaciones de sanción, así que veremos cómo se desarrolla. Pero todos sabemos que estos son los dos tipos más duros del mundo en ese peso. Con cinturones, sin cinturones, lo que sea”.

Un choque que ya supera los títulos

Y ahí está el punto clave. Cinturones o no, Opetaia contra Benavidez ya se siente como algo más grande que la suma de los organismos. Un invicto australiano que acaba de detener a un campeón nunca antes parado, contra un estadounidense que colecciona títulos y nocauts y que disfruta del intercambio tanto como su futuro rival.

La política del boxeo intentará decir la última palabra. Los despachos se moverán, los organismos negociarán, los abogados seguirán peleando por el IBF. Pero en Las Vegas ya hay una fecha marcada en rojo y dos nombres que han empeñado su palabra delante de todo el mundo.

La pregunta ya no es si la pelea debe hacerse. Es si alguien se atreverá a frenarla.