Jake Lehmann brilla en el County Championship y mantiene vivo a Hampshire
Jake Lehmann firmó una de esas entradas que cambian el tono de un partido largo. Un 115* cargado de personalidad, que mantuvo con vida a Hampshire en el segundo día del duelo de Division One del County Championship ante Nottinghamshire en Trent Bridge.
Notts había puesto 377 en el tablero, apoyado en el 105 de Joe Clarke y el 92 de Liam Patterson-White, mientras Kyle Abbott (4-82) y Scott Currie (4-61) hacían el trabajo pesado con la bola. En respuesta, Hampshire cerró en 267-7, todavía 110 carreras por detrás, pero lejos del escenario de derrumbe que se intuía a media tarde. El responsable principal: Lehmann, el zurdo sudafricano de pasaporte británico que se ha convertido en el metrónomo de una alineación que, en promedio, apenas llega a 24,50 carreras por wicket.
Su temporada lo delata. Solo un equipo, Lancashire, anota menos por wicket que Hampshire, pero Lehmann ya suma 922 carreras en la máxima categoría, la segunda cifra más alta del campeonato. Y en Nottingham ofreció una versión muy reconocible: pies ligeros, ángulos poco ortodoxos, esa manera de bailar en el crease que recuerda inevitablemente a su padre Darren.
Un amanecer falso para Notts
El día arrancó con la sensación de que Nottinghamshire iba a imponer su autoridad desde el primer instante. Olly Stone, con la primera bola de la mañana, encontró el borde defensivo de Felix Organ y lo mandó de regreso, atrapado detrás por seis. Recta, rápida, implacable. Hampshire, de 12-1, parecía a merced del ataque local.
Durante 18 overs, sin embargo, la réplica avanzó sin sobresaltos. Toby Albert (31) y Nick Gubbins (35) estabilizaron el marcador, corrieron bien entre wickets y silenciaron el murmullo inicial en las gradas. Entonces llegó el giro.
En cuatro bolas, todo se vino abajo. Tom Giles, cuarto seamer de Notts y apenas en su segundo partido, encontró la fórmula. Albert y Gubbins jugaron alrededor de bolas plenas y terminaron lbw, víctimas de la misma trampa: la pelota que parece ir recta y al final se clava en la base del pad. De repente, dos wickets, el marcador tambaleándose y dos nuevos bateadores entrando en frío.
Lehmann decidió que no era día para agachar la cabeza. Atacó. Llegó al almuerzo con 33 de 29 bolas, impulsando a Hampshire hasta 114-3 y enviando un mensaje claro: no pensaba dejar que el partido se le escapara sin pelear.
La presión de Notts y el primer colapso
Hampshire alcanzó 141 antes de que la pendiente se empinara de nuevo. Joe Weatherley, que había trabajado para asentarse, cometió un error grave de juicio: dejó pasar una bola de Stone, no ofreció golpe y terminó como el tercer lbw consecutivo del día, esta vez por 25. Un wicket barato que devolvió el impulso a los locales.
Con la entrada de Patterson-White desde el Stuart Broad End, la presión se volvió constante. El zurdo encadenó 21 overs por solo 28 carreras, sin recompensa en forma de wicket pero estrangulando el ritmo. Entre él y el resto del ataque, solo permitieron 50 carreras en las 30 overs previas al té.
Ben Brown, que había resistido con paciencia, se deshizo de todo ese trabajo en un instante. Un corte apresurado, duro, directo a first slip. Otro golpe. Poco después, Fraser Sheat sumó su segundo wicket en diez bolas: el joven de 18 años Ben Mayes cayó por apenas una carrera. De 190-6 al descanso, la perspectiva de un colapso total estaba sobre la mesa.
La resistencia de Lehmann y Currie
El partido cambió de tono con Scott Currie. No fue espectacular, pero sí obstinado. Se plantó junto a Lehmann y, entre ambos, levantaron un muro durante 38 overs. Un séptimo wicket de 97 carreras que alteró por completo el guion del día.
Currie, cuyo único siglo llegó hace dos años cedido a Leicestershire, firmó un 35 de pura resistencia, consumiendo 143 bolas. Bloqueó, dejó pasar, se tragó la presión. Lehmann, al otro extremo, siguió acumulando. Sin precipitarse, sin perder su agresividad selectiva.
Mientras Patterson-White seguía encadenando overs sin éxito, Nottinghamshire perseguía el wicket que les abriera la puerta a los puntos de bonificación máximos. Necesitan dos más, y solo les quedaban diez overs en el tercer día para conseguirlos. Cada dot ball de Currie dolía un poco más.
El segundo nuevo balón llegó con Hampshire en 216. Patterson-White se apartó para dejar paso a la velocidad. Notts esperaba un golpe inmediato. No llegó. Las overs se consumían, Lehmann se acercaba al centenar y la frustración crecía.
El momento del centenar y el último golpe
El centenar de Lehmann llegó con la serenidad de quien ya ha visto mucho cricket. Necesitó 160 bolas para alcanzarlo, una entrada medida, sin alardes innecesarios, pero llena de autoridad. Su mejor marca en Inglaterra, 116 con Yorkshire en 2016, quedó a solo una carrera de ser igualada al final del día.
Cuando por fin cayó Currie, lo hizo con una bola digna de romper una resistencia tan larga. Sheat encontró la línea perfecta, la costura trabajando, la pelota entrando entre bat y pad para derribar los stumps. El séptimo wicket por 35, con 31 bolas restantes en la jornada, dejó a Hampshire en 267-7.
Lehmann se mantuvo firme, invicto, dueño del escenario y de la narrativa del día. Hampshire se marcha a los vestuarios aún 110 carreras por detrás, pero con opciones reales de seguir molestando al campeón.
Para Nottinghamshire, que no gana desde su triunfo ante Surrey hace 18 días, el cierre del segundo día dejó una sensación clara: el control del partido sigue siendo suyo, pero cada over que Lehmann y la cola de Hampshire logren arañar mañana puede convertir una victoria aparentemente rutinaria en una prueba de carácter mucho más incómoda.




