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James Anderson y Naavya Sharma brillan en Northwood

Un viejo maestro, un nuevo aspirante y un día de bates temblando en Northwood

En Merchant Taylors' School, en un campo con aroma a cricket de antaño, el segundo día entre Middlesex y Lancashire en la Division Two del County Championship dejó una imagen nítida: el presente aún se llama James Anderson, pero el futuro podría responder al nombre de Naavya Sharma.

Middlesex cerró la jornada con el partido en la mano. Sus 247 del primer innings, seguidos por los 151 de Lancashire, y un segundo turno que ya va por 116-2, le dan una ventaja de 212 carreras. No es solo colchón. Es dominio.

Anderson, el reloj que se niega a pararse

James Anderson, con problemas en la pantorrilla y casi sin saltar al campo, terminó ofreciendo una clase magistral de seam bowling. Desde el Benham End, cuesta abajo, se pasó más de una hora con la bola atada a un hilo imaginario, obligando a los bateadores de Middlesex a perseguir sombras.

Sus cifras, 3-40, cuentan parte de la historia. La otra parte está en la sensación de inevitabilidad cada vez que cargaba. Curiosamente, su recompensa más llamativa llegó con una pelota que rompió el guion: se arrastró baja, se coló por debajo del bate de Luke Hollman y lo dejó clavado en 54*, sin sumar a su total nocturno.

La presión de Anderson abrió la puerta para el resto. George Balderson atrapó lbw a Ben Geddes con la primera bola de su spell, justo cuando el bateador parecía asentado. Ben Walkden se encargó del resto de la zona media con dos golpes quirúrgicos: arrancó los palos centrales de Harry Duke y Zafar Gohar en el espacio de tres entregas. Middlesex, que había arrancado con cierto control, se vio de repente desmoronándose justo antes del almuerzo.

Ryan Higgins, con 44, fue el que más resistió. Sobrevivió a una vida temprana tras un fallo en slip con solo seis en el marcador y respondió con carácter: drives firmes y hasta un ramp sobre Walkden por encima de la cabeza del guardameta Matty Hurst. Toby Roland-Jones aportó tres fours por encima del lanzador y Tom Helm conectó el único seis de la entrada, un golpe desafiante que dio algo de brillo al cierre. Aun así, Middlesex volvió a quedarse corto de un punto de bateo. En un día normal, eso pesaría. Este no fue un día normal.

Helm golpea, Sharma se presenta

Si Anderson había marcado el tono de la mañana, Tom Helm lo hizo en la tarde. Con la nueva bola en la mano, destrozó el inicio de Lancashire. Keaton Jennings cayó lbw por solo una carrera. Harry Singh, incapaz de lidiar con un envío que levantó desde una longitud aparentemente inofensiva, solo pudo desviar hacia atrás.

Marcus Harris se convirtió en el quinto lbw del encuentro, reflejo de un día en el que los lanzadores se adueñaron de la zona de impacto. Cuando Naavya Sharma encontró el off-stump de Rocky Flintoff, Lancashire se hundía en 35-4. El famoso Red Rose estaba marchito.

En medio del caos, Matty Hurst, un hombre que no figura como abridor natural, decidió plantar bandera. Aguantó un grito temprano por una posible captura detrás y encajó un golpe en la rejilla del casco tras un bouncer de Helm. No se movió. No se rindió. Sus 46 fueron más resistencia que contraataque, pero dieron al menos un esqueleto de reconstrucción.

Arav Shetty le dio algo de soporte. Incluso se permitió el lujo de mandar a Helm por encima de long leg hasta la carpa de la cerveza. Un golpe de festival. Duró lo que tardó Helm en ajustar y forzar la captura detrás del wicket. Walkden, después de sus tres wickets, añadió un 28 con límites repartidos, demostrando que su día iba más allá de la bola. Pero cuando Sharma empezó a mover la pelota lateralmente, el guion cambió de nuevo. Primero descolocó a Walkden. Después, derribó a Hurst con otra joya que le sacó el off-stump.

Entre Helm (4-40) y Higgins (3-39), Middlesex limpió la cola y dejó un margen de 96 carreras tras el primer intercambio de entradas. En el centro de todo, Sharma, ya England Lion, dejó la sensación de que no solo comparte campo con Anderson. Podría, algún día, heredar su papel.

Holden enciende la tarde

Con el partido ya inclinado, quedaba por ver si Middlesex sabría rematar el control. La respuesta llegó con un arranque turbulento y un cierre explosivo.

Sam Robson prolongó su mala racha. Tom Bailey le arrancó el off-stump con una pelota que no admitía discusión. Poco después, Balderson devolvió el favor de la primera entrada y dejó los palos de Hollman desparramados. Dos aperturas fuera, dudas en la grada. ¿Se abría una puerta para Lancashire?

Max Holden la cerró de un portazo. Había comenzado su turno con la presión de un par colgando sobre su cabeza. Terminó el día con un 50 vibrante, anotado a más de una carrera por bola, alcanzado en la última over de la jornada. Atacó, tomó riesgos, cambió el tono del encuentro. No fue una entrada de supervivencia; fue una declaración.

Cuando cayó la luz, Middlesex se marchó con 116-2 y una ventaja total de 212. Una cifra que obliga a Lancashire a soñar con un milagro o a resignarse a una larga jornada de resistencia.

En un solo día, en un colegio de Northwood, el cricket inglés vio a su lanzador más grande seguir dictando lecciones y a un joven Lion como Sharma insinuar que está listo para escucharlas… y, algún día, tomarse su relevo.