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Japón–India: El desafío de la retransmisión en el críquet

El duelo único entre Japón e India del 22 de septiembre en el Sano International Stadium, en la prefectura de Tochigi, todavía no tiene casa fija en la televisión, pero el tablero se mueve rápido detrás de bambalinas. La Japan Cricket Association (JCA) negocia a contrarreloj con ITW Universe para cerrar los derechos de retransmisión de un encuentro que, sobre el papel, parece menor, pero que en la práctica se ha convertido en un pequeño rompecabezas mediático.

El problema no es solo deportivo. El calendario manda. El partido se disputará en paralelo a los Asian Games en Aichi-Nagoya, y producir una señal propia mientras el foco continental está puesto a 400 kilómetros de distancia complica la logística y encarece cada decisión. Aun así, la JCA está cerca de firmar un memorando de entendimiento con ITW Universe para asegurar que el choque no quede en la sombra.

De un simple YouTube a la puja de las grandes cadenas

La idea inicial era casi doméstica: una retransmisión básica por YouTube, con producción mínima, para cumplir con los aficionados más fieles y poco más. Un solo partido, dos selecciones con niveles muy distintos y un calendario apretado no invitaban a soñar con grandes acuerdos.

Pero el escenario ha cambiado. La emisión global por YouTube sigue sobre la mesa, aunque ahora surge una segunda capa: para el público de India, el encuentro podría verse en plataformas de televisión tradicionales. ITW Universe ya se ha movido y conversa con grandes actores del mercado: Star, Sony y Zee están en la lista para los derechos lineales, mientras que FanCode, socio habitual de la JCA en torneos de desarrollo, figura entre las plataformas cortejadas para el streaming digital.

El horario también está definido: inicio a las 9.30 de la mañana hora de India (13.00 en Japón). Un arranque temprano que, sin embargo, no evita el choque con otro gran evento.

Un choque con el oro femenino

La parte más delicada del rompecabezas está en Aichi. Una hora después del inicio del Japón–India masculino, está programada la final por la medalla de oro del torneo femenino en el Korogi Athletic Park, en Nisshin City. Con la selección femenina india entre las grandes favoritas para llegar al partido decisivo, la posibilidad de que ambos encuentros coincidan es muy real.

Sony posee los derechos de los Asian Games, lo que abre un escenario complejo: gestionar la atención, las parrillas y los recursos técnicos para dos partidos con fuerte interés indio casi al mismo tiempo, en sedes distintas y con operadores diferentes implicados. No es solo una cuestión de qué se emite, sino de cómo se produce, con qué equipos y para qué audiencias.

Los organizadores llegaron a estudiar un cambio de fecha para el duelo masculino, trasladándolo al 23 de septiembre. Sobre el papel, parecía la salida más lógica para evitar el solapamiento. El calendario de la selección japonesa, sin embargo, lo impidió. El equipo debe viajar a Aichi al día siguiente para debutar en la fase de grupos de los Asian Games ante Afghanistan el 24 de septiembre. Con Sano y Aichi separados por unos 400 kilómetros, mover el partido habría desajustado toda la planificación.

Sano se viste de gran cita

Mientras se cierran los últimos flecos de las retransmisiones, el foco local está en el propio estadio. La JCA ha anunciado que el Sano International Cricket Ground se transformará para recibir a India. El recinto, con una capacidad actual de unas 500 personas, se adaptará para albergar hasta 2.000 aficionados, multiplicando gradas, servicios y zonas auxiliares para una jornada que el propio organismo ya define como histórica.

La selección india llegará a Sano el 20 de septiembre. Tendrá una sesión de entrenamiento el día 21, un último ajuste antes de un partido que, aunque no forma parte directamente del calendario de los Asian Games, se percibe como un puente simbólico hacia el torneo. El plan contempla que el equipo permanezca en Sano algunos días más antes de desplazarse a Aichi, donde su debut en los Juegos será directamente en cuartos de final, el 28 de septiembre.

Entre negociaciones de derechos, solapamientos de horarios y un estadio que se amplía a contrarreloj, el Japón–India de Sano ha dejado de ser un simple amistoso aislado. Es una prueba de fuego para la visibilidad del críquet en Japón y un termómetro del apetito de las grandes plataformas por un deporte que, incluso lejos de sus centros tradicionales, ya no se conforma con jugar en silencio.