Jon Jones defiende a Gable Steveson tras nocaut en UFC 331
Jon Jones no se ha escondido. El excampeón de peso semipesado y pesado ha asumido públicamente la responsabilidad por la imagen que dejó Gable Steveson en UFC 331: un prospecto estelar, noqueado de forma devastadora en solo 12 segundos y camino a vestuarios sin esperar el anuncio oficial ni felicitar a Sean Sharaf.
La escena fue tan rápida como cruda. Los abucheos ya acompañaban a Steveson desde días antes en Los Ángeles, pero el ruido se convirtió en estruendo cuando Sharaf conectó un zurdazo demoledor que apagó las luces del campeón olímpico. Primera derrota profesional. Primer golpe serio a una narrativa que, hasta el sábado, solo conocía la palabra “promesa”.
Antes de que Bruce Buffer pudiera pronunciar una sílaba, Steveson ya no estaba. Salida directa del octágono, rumbo a la zona médica. Para muchos, una huida. Para Jones, una decisión calculada.
El propio Jones lo explicó en redes sociales, decidido a cortar cualquier especulación: fue él quien ordenó llevarse a Steveson de inmediato hacia la parte trasera del recinto. Contó que, ante una situación nueva incluso para alguien de su experiencia, su reacción instintiva fue sacar a su amigo de la jaula y asegurarse de que estuviera bien físicamente tras el impacto.
Jones no se quedó ahí. Reafirmó su confianza absoluta en el potencial de Steveson, al que ve con las herramientas y la ética de trabajo necesarias para convertirse en uno de los mejores pesos pesados de UFC. No habló de dudas ni de frenos, habló de futuro. De regreso. De convicción en que este tropiezo será solo un capítulo, no el final del libro.
La caída duele porque el ascenso había sido meteórico. Steveson llegó a UFC envuelto en un aura poco habitual incluso para la élite: oro olímpico en lucha libre en 2020, proyección global y la etiqueta de fichaje más llamativo de los últimos años en la compañía. El salto a las MMA se cocinó durante tiempo, pero terminó de tomar forma cuando se integró en el campamento de Jones de cara a la preparación para Stipe Miocic. Ahí, entre rondas y sudor, decidió que el octágono sería su nuevo escenario.
Hasta UFC 331, el guion era perfecto: 4-0 como profesional, cuatro victorias en el primer asalto, dominio absoluto y la sensación de que el techo aún quedaba muy lejos. Sharaf, con un solo zurdazo, rompió esa burbuja de invencibilidad.
Ahora, entre críticas por la salida apresurada y el ruido habitual que rodea a cualquier prospecto derribado, Jones se planta delante del fuego y asume la responsabilidad. Protege a su pupilo, lo blinda y, al mismo tiempo, lo expone a una verdad que todo peso pesado termina aprendiendo: en esta división, una mano puede cambiar una carrera.
La pregunta ya no es si Gable Steveson tiene talento. Eso no ha cambiado. La verdadera incógnita es cómo responderá cuando vuelva a cruzar esa puerta del octágono después de haber sentido, por primera vez, lo que es caer desde lo más alto.



